El ataque contra la razón/ Sobre hombros de gigantes  - LJA Aguascalientes
01/12/2021

En la película Agente Internacional (The International), hay un diálogo que dice más o menos así: “primero está todo lo que la gente quiere oír, luego lo que la gente quiere creer, después todo lo demás, y finalmente está la verdad.”. En otras ocasiones ya he mencionado cómo el ser humano siempre le teme a lo que no conoce, y ante el discurso de la existencia de un peligro, mejor resulta mantenerse encerrado para evitar alguna afectación. 

Influenciar es ejercer poder; ejercer poder es determinar conductas a ciertos fines. Quien logra influenciar mantiene el poder, y mientras persistan esas conductas, su poder es eficaz. Una forma efectiva para influenciar es el miedo: si provocas miedo, lograrás que disminuyan los procesos de racionalización y responderán sensorialmente, sin pensar, sin reflexionar, pues lo único que buscarán es protegerse del miedo, y que ese estado desaparezca; lo único que importa es la tranquilidad. Por eso no importa que el miedo sea real o ficticio, lo importante es que se perciba como real, que la persona construya en su mente un estado en el que requiera paz, sin pensar siquiera si en verdad hay motivo para la ansiedad.

En el libro El ataque contra la razón de Al Gore, se habla de una estrategia gubernamental llamada “política del miedo”, que consiste en la creación de escenarios que provoquen miedo con fines e intereses propios de las autoridades. Al Gore afirma que el miedo es el enemigo más poderoso de la razón, y que tanto el miedo como la razón son esenciales para la supervivencia humana, pero la relación entre ambos no está equilibrada. Puede que a veces la razón disipe el miedo, pero el miedo anula con más frecuencia la razón. 

Continúa explicando que las naciones triunfan o fracasan, y definen su carácter esencial según el método que utilicen para desafiar lo desconocido y afrontar el miedo. Depende en gran parte de la calidad de su liderazgo. Si el líder explota los temores del pueblo para encaminarlos en direcciones insensatas, el propio miedo puede convertirse en una fuerza desencadenada que se autoperpetúa, que consume la voluntad de la nación y debilita el carácter nacional, además de desviar la atención de las auténticas amenazas y sembrar la confusión acerca de las verdaderas decisiones que toda nación ha de tomar de manera constante sobre su futuro. Entonces el liderazgo significa inspirarnos para superar nuestros temores. La demagogia significa explotar nuestros miedos con fines políticos. Al Gore nos dice que el miedo y la angustia siempre han estado presentes en la vida, y siempre lo estarán. El miedo es ubicuo y universal en todas las sociedades humanas. Es un rasgo de la condición humana, siempre ha sido enemigo de la razón, y donde el miedo está presente, la sabiduría no puede existir (Lactancio).

Comentan [email protected] psicó[email protected], que saben más que yo de programación neurolingüística, que desde la infancia programamos nuestras formas de pensar, de sentir y comportarnos; para ello nos basamos en la información que nos llega a través del proceso de comunicación, pues es así como nuestra realidad se va construyendo. Nuestra visión del mundo de la vida es subjetiva gracias a nuestra cultura, experiencia, sentimientos, prejuicios, y todo lo que forma parte de nosotros que se transforma en un filtro de la observación. A final de cuentas lo objetivo no es lo que vemos, sino lo que percibimos de acuerdo a nuestro filtro de observación. Así, los canales de comunicación para crear nuestra realidad dependen de cada persona.

Por ejemplo, después del 11 de septiembre de 2001, el jueves 13, aún con el estado de shock provocado por los ataques a las torres gemelas en Nueva York, una cadena televisiva estadounidense transmitió la película Contra el Enemigo (The Siege, 1998), cuya historia es la de un ataque a nueva York por terroristas islámicos, y se declara ley marcial con tal de defenderse de ese mal. También, poco después de la declaración de influenza porcina en marzo-abril, el viernes 1º de mayo de 2009, como a las 22 horas, el canal NatGeo en español, transmite un programa sobre el Virus Nipah, surgido en Malasia (1996) por medio de murciélagos frugívoros (se alimentan de frutos); lo interesante es que este documental no aparecía en la programación normal del canal (en la búsqueda de Internet aparecían los programas de Megaestructuras y No lo sabía).

Hoy, entre poca información, pero ante el bombardeo de datos innecesarios que hacen creer que hay demasiada comunicación, se dice que comenzaremos con la vacunación para solucionar el problema de la pandemia, pero justo en parte el problema de la pandemia fue dejar la solución a la existencia de una vacuna, y no atender preventivamente la situación. Comenzamos a recibir información que desprestigia otras formas de atender y debilitar la enfermedad, y se anuncia un programa de vacunación, estatal o gubernamental, que culminará hasta el año 2022. ¿Es esperanzador para las personas que estemos año y medio más en una situación de incertidumbre? O ¿es esperanzador para las empresas farmacéuticas que vayan vender la vacuna en el sector privado, y muchas personas prefieran gastar a sobreprecios para obtenerla, y no esperar a que el gobierno se las aplique? Y con eso de que vienen elecciones, los temas de las inyecciones de agua salada a enfermos de cáncer que se dio en “regímenes del pasado” seguro volverá a salir en el proselitismo con tal de confundir, no sabremos hacia donde seguirá el bombardeo de la desinformación y la forma en que el miedo controlará a la sociedad.  

Alguna vez leí que los mejores negocios para los poderosos, son las guerras y las enfermedades; y no por querer financiarlas, sino por controlar la deuda que deja una guerra y una enfermedad: quien controla la deuda controla todo.


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