Ensayo sobre la Navidad/ La columna J - LJA Aguascalientes
29/05/2024

“Mirad cuan bueno y cuan delicioso es, los hermanos juntos en armonía, es como el buen óleo, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras como el rocío de Hermón que desciende sobre los montes de Sion, porque ahí envía Jehová, bendición y vida eterna”. Salmo 133. 

Mucho se puede decir sobre los momentos que componen a la Navidad, los astros se alinean y hacen vislumbrar una estrella que refiere esperanza y vida eterna. Los planetas se sumergen en una armonía que al humano le fascina contemplar, pues es necesario voltear a ver las estrellas, ahí se encuentran más preguntas que respuestas, pero ahí también está escrito el destino que no está redactado en circunloquios.

La sensación de fraternidad permea en la mayoría de las personas, el ánimo es distinto, pues el mismo frío nos lleva a juntarnos y recordar lo importante que es la familia, es saber lo significativo que es estar presente y no ser ausente de lo único que no volveremos a ver, el tiempo. Es necesario que exista la tradición y el ritual, pues ellos manifiestan las alegorías que van más allá del lenguaje, porque efectivamente una estrella en la parte más alta de un pesebre, enarbola más que mil palabras. Los niños tienen el candor puesto en la ilusión y la disposición de los humanos concede la posibilidad de que las ideas y los anhelos se traduzcan en materia, finalmente es parte de la tradición.

Los buenos deseos no culminan en actos pletóricos de bondad, las manos y los abrazos se estrechan como si fuese el último momento, pero la Navidad es más que una cena, es más que un nacimiento, es mucho más que regalos y cosas. El momento describe a nuestra existencia, puesto que ese día pocos somos extranjeros, y casi todos somos justos. Solo ese día. 

Las realidades se componen y se construyen en gran medida del ánimo social, ante una pandemia como la suscitada, la Navidad representa aún más, nos detiene a recordar a los que ya no están, a los que se adelantaron en este año tan complejo, nos hace voltear a ver las junglas de concreto en las que vivimos como los verdaderos hogares que se construyen únicamente con amor y con fraternidad, el muro es el mismo, lo que cambia es lo que está adentro, por eso la Navidad es tan importante, es la teúrgia, es la magia, es la conquista de la esperanza ante la desolación, también es detener el tiempo y volver a estar en el aquí y en el ahora. Es un momento tan especial porque, aunque solo le otorgamos un solo día, dura todo el año, para que, con el devenir del tiempo, pensemos en las palabras en espiral y digamos “recuerdas esa Navidad”. Las cosas que verdaderamente le dan sentido a todo, son mínimas, son extraordinarias, son esenciales para nuestra conciencia, en ese día nos permitimos descansar, nos permitimos sentir, y tener un pensamiento loable, pero también un sentimiento de grandeza, pues simple y sencillamente estamos agradecidos con lo que el Gran Arquitecto de Universo nos ha dado.

Ese día no prevalece la religión, ese día prevalece la espiritualidad, ese día las ideologías no condenan, ni la oposición es hartazgo, ese día, lo más importante es la familia, es la hermandad, es la fraternidad, es la alegoría de una cena, en donde damos gracias. La historia ha visto nacer a distintas divinidades, en la retórica del eterno retorno y en la conquista de alguien que llega al mundo a dar todo sin recibir nada a cambio, porque solo aquel cuyo espíritu tiene verdadera grandeza puede hacer algo así. Soñamos libertad, soñamos alegría, soñamos igualdad, y también permeamos la paz. La paz que se encuentra de manera individual, aquella que hace milagros.

La Navidad es comenzar de nuevo, es retomar los cielos, es elevar un canto que refiera que “Dios está contigo”, el Dios en el que cada quien crea, no importa el nombre o la figura que lo represente, sino sentir desde lo más profundo de nuestro corazón que la divinidad vive en nosotros y que esa fuerza suprema que nos habita, está en el prójimo. 

Escribo sobre la Navidad porque cada letra, cada palabra, cada idea, debe de tener la perseverancia en el bien, ese día todos volvemos a ser niños, porque entendemos perfectamente bien que esa sonrisa que tuvimos a los cincos años, fue un milagro y fue noble y sincera. La Navidad es ese sentimiento.

In silentio mei verba. La palabra es poder.



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