Por culpa de Lennon / El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
04/12/2022

En 1980 yo tenía 17 años, todavía no alcanzaba la mayoría de edad, y a la par de la música clásica que escuchaba en mi casa, el rock se había metido en mis entrañas hasta lo más profundo de mí, lo llevaba tatuado en el corazón. Fue esa etapa de búsqueda, de crecimiento, de descubrir nuevos discos, nuevas agrupaciones.

En fin, me pasaba las tardes después de las clases de mi último semestre de prepa leyendo libros de José Agustín, recuerdo, por ejemplo, Final en laguna, se está haciendo tarde, La tumba, El rock de la cárcel y por supuesto, La nueva música clásica. O bien, a Parménides García Saldaña, ya sabes, lectura obligada: El rey criollo o Pasto verde, entre muchas lecturas relacionadas con el rock, entre esas lecturas evidentemente estaba la revista Conecte, máxima expresión del periodismo roquero de los años 80 o la revista Sonido, ¿las recuerdas? Pero sobre todo escuchaba música, mucha música, toda la que me era posible. Cada disco nuevo que caía en mis manos era como tener la oportunidad de entrar a un mundo de fantasía, inhóspita todavía, delirante e igualmente fascinante.

Dentro de mi insípido conocimiento musical, era ya un comprometido fan de The Beatles, era evidente que había contraído una incurable, progresiva y regenerativa beatlemanía, y esto, sin duda, sucedió desde la infancia.



 

Pues, yo estaba aquel lunes 8 de diciembre en mi casa viendo una de mis series de televisión favoritas, Starsky & Hutch, ¿te acuerdas de ella?, yo nunca me la perdía. De repente interrumpieron la transmisión para dar la noticia: John Lennon acababa de ser asesinado en el acceso al edificio Dakota en la ciudad de Nueva York. El asesino, decía la noticia, era un hawaiano admirador de Lennon llamado Mark David Chapman. Yo, con el ligero peso de mis 17 años no lo podía creer. John Lennon con cuya música crecí, que había sido parte de la banda sonora de mi vida (Así, aunque suene a lugar común) estaba tirado en alguna calle de Manhattan en el frío diciembre neoyorkino. Fue entonces que el peso de su ideología, no sólo de su música ya de por sí consolidada, ganó terreno y en instantes, incluso sin la inmediatez de las redes sociales que hoy nos acompaña, su voz recorrió todo el mundo, su canto era reiterativo y su petición casi una exigencia, pedía incansablemente una oportunidad a la paz.

Lo recuerdo muy bien, todos esos días posteriores al 8 de diciembre de aquel ya lejano 1980 en todas las ciudades del mundo, Aguascalientes no era la excepción, la voz de Lennon se escuchaba por todos lados, en las casas particulares, en los negocios, en las escuelas, en la radio, en fin, en cualquier parte la voz de Lennon inundaba las calles, inundaba la vida.

Recuerdo aquella casa en la esquina de Madero e Hidalgo, hoy es ahí una notaría, con la ventana abierta día y noche, con una bandera del Reino Unido colgando y una bocina amplificando aquellas canciones de The Beatles y de Lennon como solista.

Definitivamente muy pocas personas tienen la capacidad de moldear el mundo como si de una bola de plastilina se tratara, menos aún cuando es un artista, y Lennon moldeó el mundo, lo hizo en vida, lo sigue haciendo muerto. Las nuevas generaciones lo siguen escuchando, conocen sus canciones y las cantan como si él fuera su contemporáneo, esto es de llamar la atención porque los jóvenes actualmente son reacios a aceptar el pasado, de hecho difícilmente aceptan que el pasado existe. Definitivamente la beatlemanía y Lennon como su natural extensión, son un fenómeno social sin antecedentes históricos. 

Sí, fue por culpa de Lennon la razón por la que inicié mi carrera en los medios de comunicación. Fue el 8 de diciembre de 1983 que el máster David García (q.e.p.d.) tuvo la amabilidad de invitarnos a mi amigo José Luis Jiménez Castro, Güicho para los cuates, y a mí a un programa de radio. Güicho trabajaba en un periódico local e hizo las gestiones para asistir a ese programa de radio dedicado a Lennon. Fue entonces que estuve por vez primera en una cabina de radio en lo que era todavía XENM Radio Casa de la Cultura, hoy Alternativa 98.1 fm.

Terminó aquel programa especial y me fui a mi casa. Yo tenía 20 años y nunca me imaginé que a consecuencia de aquella breve, modesta e insípida participación en un programa de radio la vida me llevaría por este maravilloso medio y en un año y medio después tendría mi propio programa de radio en esa misma frecuencia, y menos aun me imaginé que ese sería mi proyecto de vida laboral.


Probablemente, o dicho mejor, seguramente no tiene la menor importancia, pero he querido darme el lujo de compartir contigo, amigo lector a quien presumo melómano, estas líneas y recordar contigo el 40 aniversario luctuoso de John Lennon y relacionarlo con mis inicios en la radio, finalmente esto está íntimamente relacionado porque en efecto, si inicié en la radio, de alguna manera, es por culpa de Lennon.

Y ya ves, los Beatles siempre vigentes, en estos tiempos de violencia extrema, de pérdida de valores, o mejor, de una inversión de los valores –lo que era bueno ahora lo proponen como malo y lo que era malo ahora nos lo quieren imponer como bueno– la voz de Lennon sigue siendo contundente y repite como un mantra: “todo lo que pedimos es una oportunidad a la paz”.


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