El león y la espina/ Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
30/09/2022

La saturación de la atmósfera política actual está cargada de partículas pesadas antagónicas, por un lado con macro-componentes de verdad, por otro de micro-componentes de mentira, o viceversa; de lo cual da fe pública el discurso de asunción al poder presidencial por Joe Biden. Lo cual es índice inequívoco de que, o la política es una gran y potente fragmentadora, o la formación social de la que depende es una muy sensible masa separable. Me explico, al día de hoy encontramos en nuestro propio continente Americano, dos fenómenos sociopolíticos ampliamente emparentados: el primero, en los Estados Unidos de Norteamérica, cuyos actores políticos de peso son los militantes de los partidos políticos nacionales, el Republicano y el Demócrata. El segundo, en los Estados Unidos Mexicanos –zona meridional de América del Norte–, los interlocutores emergentes el bloque Morenista en el poder y el resto de la sociedad política-civil de México. Ambos sistemas políticos en plena fragmentación.

Puesto lo cual, la siguiente conversación dará cuenta de sus respectivos haberes y que’veres con la verdad y la mentira; oposición dialéctica que da perfecta cuenta de los respectivos compromisos reales e históricos de sus militancias antagónicas que abanderan o bien la verdad, como valor intrínseco trascendental, o bien la mentira como anti-valor fragmentador efectivo. Sin pretender, entiéndase como precaución metodológica, imponer una especie de “sanctimonious”/mojigata posición moralina, de la peor ralea; sino, una auténtica elucidación ética de las opciones políticas, sin escamoteos. Misión en la que por cierto podemos salir raspados, yo incluido.

El primer caso, estatus del sistema político estadounidense. Muy pronto, intempestivamente, la posición del líder del partido Republicano en el Senado, Mitch McConell, mutó su disposición inicial de someter al, ahora expresidente Donald Trump, a un segundo juicio de Impeachment, por otra de no proceder a enjuiciarlo. ¿La razón? – La encontramos en la siguiente respuesta:

– “The Republican Establishment has suppressed its initial feelings of revulsión toward Trump’s mob and calculated that trying to make a clean break with the aspiring authritarian president would alienate conservative voters. And even many of the conservative intellectuals who initially declared Trump’s crimes to be impeachable have decided the timing is wrong” (Fuente: Intelligencer. New York. Jan, 26, 2021. The National Interest. McConnell: It was too soon to Impeach Trump, Now It’s too late, by Jonathan Chait. https://nym.ag/3ckKCuV). / El aparato republicano ha suprimido sus sentimientos iniciales de revulsión (asqueo) hacia la turba de Trump y calculó que tratar de llevar a cabo un corte limpio con el autoritario aspirante a la presidencia pudiera enajenar a los votantes conservadores. E incluso muchos de los intelectuales conservadores que, inicialmente, declararon que los crímenes de Trump eran imputables de juicio político, han decidido que su temporalidad ha quedado fuera oportunidad.

Este asunto de fondo lo zanjó, en su discurso de asunción, el Presidente Biden: –Hace una semana aprendimos una lección importante hay verdad en nuestra vidas, pero también hay mentiras que se dicen por la utilidad y el poder. Análisis que describí en mi anterior entrega 22/01/2021. De manera que la bancada republicana en el Senado, al dar un paso de costado para descartar así su anuencia –incluido M. McConnell– al enjuiciamiento al ahora private/simple ciudadano Trump, se desmarca del compromiso con lo que pudiéramos considerar verdad política, del clara y perfectamente coreografiado agravio por abuso del poder, a manos del que fuera Presidente en funciones y, por cierto, contra un poder autónomo de su hegemonía presidencial, el recinto del Capitolio sede del Congreso de los Estados Unidos. 

Si es correcto afirmar que, hablando de lógica Retórica, existen dos tipos de argumentos inválidos: (a) las “falacias”, como juicios argumentales viciados por ignorancia o mero error; y (b) “sofismas” juicios viciados con plena intencionalidad, y por tanto con conocimiento de causa, pero que comportan utilidad o beneficio para el argumentador. Podemos inferir que: la posición de la bancada Republicana en el Senado está optando por rehuir enjuiciar a Donald Trump, arguyendo la extemporaneidad e imposibilidad de enjuiciar –por las razones esgrimidas– a su persona. 

Todo ello a pesar de las evidencias que ciertamente revulsionaron a la sociedad norteamericana por el intento frustrado de toma del Capitolio por la “turba furiosa fustigada por el propio Trump” –y el impedimento de la comisión de ciertos crímenes inconfesables como el asesinato de personajes señalados–, ahora resulta que en la argumentación republica existe un desfase temporal irreparable y, por ende, la inviable opción constitucional de llevar a juicio a un –ahora– expresidente. 

Ergo, la argumentación sofística del campo republicano constituye una opción política claramente cínica, porque está siendo construida con pleno conocimiento de causa bajo un sofisma, por un lado; por otro lado, su defensa y actitud cínica conlleva un premio o beneficio inocultable que, desde mi punto de vista, consiste en la defensa de la “marca” que abanderan, es decir del Partido Republicano, que ahora pretende lavarse la cara de una mancha que fue ostensible para el todo de la sociedad; pero que, éste es el cálculo partidista, quedará borrada con la exculpación llana y simple de quien transgredió no sólo las normas de civilidad política, sino las sagradas y solemnes facultades y obligaciones de su encargo presidencial; amén de la injerencia indebida en un poder constitucional alterno, como es el Legislativo de los Estados Unidos de Norteamérica.

A este respecto, el campo Demócrata está decidido a llevar dicho juicio hasta sus últimas consecuencias, a sabiendas y a contra-corriente de que requerirá de una votación con mayoría calificada –dos tercios de la cámara senatorial-; situación que estando cerrada al casi estricto 50%, sin el relativo concurso de la parte republicana en votación del pleno, será inviable que prosperen los Yea (Sí) sobre los Nay (No). De manera que, la salida nada graciosa de la parte republicana para no enjuiciar conductas criminales imputables a un Presidente en funciones, de alineación partidista propia, se funda sobre la apropiación de un beneficio político patente: no perder vigencia de su “marca”, so pena de debilitar gravemente y al mismo tiempo la propia carrera parlamentaria de la bancada involucrada; lo que afronta en una alternativa de sobrevivencia orgánica, pese lo que pese y tope donde tope. Efecto paradójico final que, obviamente, está lejos de la defensa de la verdad y sí muy cerca de la mentira.


Corolario. La disputa congresista por la pureza y pertinencia política hace colisionar los ideales éticos exigibles de la posición y función Legislativa contra, por un lado, la obstinación mostrenca de un exfuncionario de la Presidencia que esgrime la mentira empírica y pragmática de su interés personal, que falsea de fondo y forma su argumentación como victimización de un “fraude” electoral o una “rigged election”/elección fraudulenta, amañada, por su contraparte Demócrata y, por tanto, dando como resultante un falso presidente electo. Y todo ello sin haber logrado exhibir ningún elemento probatorio, ante las autoridades constituidas. 

Por el lado del ya Presidente Biden vemos una actitud firme, a plomo, serena, convencido de la licitud y validez de su elección, quien a sabiendas del enorme escollo que encontrará en el Senado, no le queda sino dejar que el procedimiento judicial siga su curso, sea cual sea el resultado; pero, dejando muy en claro que la Historia le ha dado su mejor veredicto, ganó en limpia lid su arribo a la presidencia, ya asumió sus funciones, y cuenta con todo el poder moral de desenmascarar la mentira que hoy por hoy pretende erigirse como verdad. Y por tanto, actúa en consecuencia. 

El segundo caso, México confronta sistemáticamente la mentira. El bloque Morenista en el poder y buena parte de la sociedad civil mexicana están confrontadas, también, en materia de verdad y mentira. De inicio, ha sido la implacable rutina y ducha matinal de “la mañanera”, comparecencia mediante la cual el presidente Andrés Manuel López Obrador exhibe sus dotes de vendedor de proyectos, ojalá viables y benéficos para el todo social mexicano, cargados de imprecisiones, medias verdades, mediciones cuando más a dedo alzado, un ‘melate’ fortuito a ver dónde cae, si cae; que posiblemente inauguró con buena y noble voluntad, pero que a la incipiente pero desnuda ineptitud de su cuadros de trabajo, se fueron sumando factores sumamente pesados y álgidos para manejar. 

Dígase el temprano desfonde de la economía nacional –ya sea por decisiones administrativas y financieras erróneamente tomadas, desde dentro-, o bien por factores exógenos como la inoportuna aparición de la Pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 y la concurrencia de una crisis económica globalizada. En este apartado, las decisiones iniciales de no implantar una medición certera y precisa de los nocivos efectos de los contagios, aunados a la no acción imperativa de realizar pruebas efectivas de contagio y su indispensable monitoreo de dispersión y difusión en el territorio regional y nacional, además de la tibia reacción de defensa mediante la reclusión voluntaria en el hogar, y tomar distancia social suficiente, más el uso individual de protección mediante las mascarillas o cubre-bocas, y el obligado cierre de actividades que conllevan concentraciones masivas de la población, dejó a la población inerme frente a la virulencia de un virus probadamente activo, expansivo y letal por su ubicua movilidad y rápida causa de disfuncionalidad orgánica de los infectados.

Elementos todos que sumados han creado un enemigo formidable, éste sí duro de matar, tanto en lo comunicativo, financiero, gerencial y de control fáctico. La emisión de medidas, declaraciones, intervenciones, reacciones a-científicas fueron sumando las medias verdades a plenas mentiras, falseando así no sólo el posible diagnóstico certero, sino la posibilidad de acometer acciones efectivas, con calidad de disecciones a bisturí, y por tanto mayor confiabilidad de venturoso pronóstico.

La infección reciente del titular del Ejecutivo es elocuente verdad de lo dicho. El otro aspecto confrontativo es el electoral, en el que estamos inmersos, y cabe el cual ya el bloque regente ha tergiversado la necesaria y masiva vacunación de la población a una estrategia más de intervención política. Ámbitos de la dialéctica entre verdad y mentira que, más temprano que tarde, ellos habrán de elicitar la autenticidad de su real naturaleza y, por ende, ataque a la fragilidad de la praxis democrática nacional. En donde populismo no mata ni anhelo ni conciencia genuinamente ciudadana, de esa otra parte: la sociedad civil.

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