Gritos y susurros/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
28/09/2022

 

Francisco Javier Chávez Santillán

 

Así como la conversación pública está calentando el ambiente pre-electoral de Junio 6-2021, mediante la presentación de nombres alternativos que fungirán como candidatos partidistas a las distintas posiciones sujetas a elección; también surgen o debieran surgir como asunto de interés vital las propuestas de políticas públicas a ser proyectadas como deseables y/o necesarias al próximo ejercicio de gobierno. Aquel primer elemento atiende a la forma que habrán de configurar las políticas públicas; en tanto que el segundo constituye el contenido o la materia misma de dichas políticas. 

El mundillo de los rumores sobre tal o cual personaje que, hoy por hoy, se incrementan notablemente en las multisobadas redes sociales (digitales o cibernéticas), pareciera centrar las emociones y pasiones de la víscera electorera, por encima de los contenidos concretos y específicos de las plataformas, ya deje usted ideológicas, que por cierto quedan bien emborronadas bajo el velo de las alianzas partidistas; sino simplemente que sean enunciativas de los planes y programas que habrán de inducir un desarrollo equitativo y justo para todos… como debiera ser el ideal de un sistema democrático, que dé prueba efectiva de garantizarlo así, para todos. 

No hace falta armar un circo de tres pistas, para atraer la atención de los próximos futuros votantes, como tampoco es central revestir de cualidades y virtudes inéditas, casi heroicas, a los candidatos a contender (al estilo más “fashion” y de “socialité” imaginable de la propaganda digital); es imperativo e ineludible, en cambio, definir cuáles son las alternativas de desarrollo practicables, viables y sustentables acerca de las cuales habrán de articularse los futuros trabajos efectivos que nos pongan a todos en la vía de un desarrollo social integral.

Para encontrar esos puntos o vías de acceso al crecimiento físico-económico, sí, por ser el paso indispensable para elevar tanto la calidad de vida como el bienestar de la población vista como un todo; hace falta definir de qué constan, qué son, cómo se llaman las cosas, bienes, valores, fines y metas a perseguir en un plan integral de gobierno. Estos que habremos de reconocer como “contenidos” del desarrollo querido y esperado, no flotan en el cielo azul, ni habrán de caernos como pan del cielo; surgen de las condiciones reales en que se encuentra tanto la estructura como la dinámica de la población que conformamos; simple y sencillamente dicho en tanto que ciudadanos, en tanto que electores.

Y esa estructura es el suelo, el piso sobre el cual podemos construir nuestro futuro. ¡Héla aquí! No tenemos qué inventarla, ni imaginarla, es la misma manera de lo que somos y de cómo vivimos. Ese piso es el objeto de trabajo y de estudio de órganos públicos –así sea– autónomos, que miden ya sea el normal funcionamiento o la disfuncionalidad de nuestra organización social. Al parecer, la letra maldita, que somos incapaces de ocultar hoy comienza con “p” y se escribe: pobreza. Ahora, en este contexto pre-electoral, nuestro punto de partida es inequívocamente la forma, el modo, la cantidad y la calidad con que se configura la Pobreza en nuestra sociedad. Y, por ello, importan y de qué manera sus causas, efectos y modalidades capaces de articular o descoyuntar cualquier plan pretendido de gobierno. Valga, pues, este preámbulo, para fincar el deber ser de las ya inminentes campañas electorales. Si queremos persignarnos, la primera + en la frente es: Pobreza.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en cumplimiento de la Ley General de Desarrollo Social (LGDS), genera información objetiva y útil sobre el estado del desarrollo social, no sólo a nivel nacional, sino también para las entidades federativas. La presente versión comprende información de 2008 a 2018. Representa la tercera edición de informes como una mirada del panorama general de la situación de pobreza multidimensional, (tema que ya hemos desarrollado en otras entregas) que involucra aquellos elementos y factores que intervienen de manera crítica en la producción de resultados, ya sea que agraven o alivien en alguna medida los cambios operados, tanto en la estructura como la dinámica de la población, y con ello evidencian el asunto crucial del aumento o disminución de la pobreza.


El contexto socioeconómico y político en que estamos situados –definido por la incidencia de la Pandemia SARS-CoV2 y su concomitante crisis económica generalizada a nivel global–, se explica mejor bajo la óptica de este ejercicio de análisis socio-demográfico, que ilustra mediante su evaluación tecnocientífica, la composición actual real de la población mexicana. Esta exploración en realidad continúa la conversación que propuse en la entrega anterior sobre la desigualdad social que es medida por el Coeficiente Gini. Situación, por cierto, nada plausible para un desarrollo equitativo, de iguales.

Ambos temas analíticos importan para tomar el pulso a nuestro país, en cuanto a su salud relativa o gravedad orgánica según califiquen en aquellos parámetros que miden sensiblemente su evolución orgánica, es decir, el comportamiento real de cómo estructura su acceso efectivo, tanto a los factores económicos, como a los correspondientes que ponen en evidencia su grado de acceso efectivo a los satisfactores del bienestar, que inspira al final el imaginario colectivo. Que dicho sea de paso, desde las edades agrarias, consiste en el autoabasto (toda la familia come, todos comen). Hoy le llamamos eufemísticamente: “pobreza alimentaria”, o NP –nivel de pobreza–, o LB –línea de bienestar. 

Sea, Informe de pobreza y evaluación 2020 para Aguascalientes (Ciudad de México: Coneval, 2020). Se considera en pobreza a la población con al menos una carencia social e ingreso inferior al valor de la línea de pobreza por ingresos (al parecer esta definición ya incluye lo que llamamos anteriormente “corrección-Bolvitnik”), antes línea de bienestar y que se refiere al valor total de la canasta alimentaria y de la canasta no alimentaria por persona al mes.

Aguascalientes. 1. Un cuarto de la población estatal. La medición de la pobreza 2018, el 26.2% de la población de la entidad vivía en situación de pobreza, es decir, 351,500 personas, aproximadamente. De este universo, el 25.0% (cerca de 335,900 personas) estaba en situación de pobreza moderada, mientras que el 1.2% de la población se encontraba en situación de pobreza extrema (alrededor de 15,600 personas). El porcentaje de pobreza en Aguascalientes es 15.7 puntos porcentuales menor que el porcentaje nacional (41.9%). 

  1. En 2018, el 66.1% de la población en #Aguascalientes estaba en situación de #pobreza o de #vulnerabilidad por carencias o ingresos. En tanto que, la población no pobre y no vulnerable de la entidad federativa representó el 33.9%, aproximadamente 455,300 personas.
  2. De 2008 al 2018, la pobreza en Aguascalientes disminuyó 11.5 puntos porcentuales al pasar de 37.6% a 26.2%. Esto se traduce en cerca de 83,800 personas menos en esta situación en un plazo de diez años. En contraste, la pobreza a nivel nacional se redujo 2.4 puntos porcentuales en este periodo, al pasar de 44.4% a 41.9%. Lo que implica que: – la situación de #pobreza o de #vulnerabilidad se redujo en 10.0 puntos porcentuales al pasar de 76.1% a 66.1%. Y, respecto de la brecha social más importante: – De 2008 a 2018, la pobreza extrema en el estado se redujo en 3.0 puntos porcentuales al pasar de 4.2% a 1.2%. En términos absolutos, esto significa que hubo alrededor de 32,700 personas menos en pobreza extrema. 
  3. En cuanto al porcentaje de personas vulnerables por carencias sociales (las personas con un ingreso superior a la línea de pobreza por ingresos, pero con una o más carencias) se redujo 1.1 puntos porcentuales, al pasar de 30.8% en 2008 a 29.6% en 2018. En términos absolutos, hubo aproximadamente 42,100 personas más en esta situación. En contraparte. Tenemos que: 

*La población vulnerable por ingresos (personas que no tienen ninguna carencia, pero cuyo ingreso es igual o inferior a la línea de pobreza por ingresos) creció 2.6 puntos porcentuales, al situarse en 10.3% en 2018, después de que en 2008 el porcentaje era de 7.7%. Desde 2008 hasta 2018, cerca de 49,000 personas más se encuentran en esta situación.

*Y, digamos coloquialmente que en nuestra nave estatal, los viajeros de primera clase son: la población no pobre y no vulnerable se incrementó 10.0 puntos porcentuales al pasar de 23.9% en 2008 a 33.9% en 2018. En términos absolutos, hubo un aumento de alrededor de 178,600 personas.

  1. Conclusiones del Coneval. 1) La importancia de emplear estrategias coordinadas entre dependencias y órdenes de gobierno para reducir la pobreza en el corto plazo. 2) Que la política de desarrollo social tenga como hilo conductor el acceso efectivo a los derechos sociales y la igualdad de oportunidades entre los diferentes grupos poblacionales.

Es de señalarse que un reto importante para la entidad de Aguascalientes, reside en su población de adultos mayores. Sea, en 2018, el 41.1% de los adultos mayores estaba en condición de pobreza a nivel nacional. En Aguascalientes, el porcentaje de adultos mayores en pobreza se situó 16.1 puntos por debajo del porcentaje nacional en el mismo año. En 2018, Aguascalientes ocupó el lugar 27 respecto a las demás entidades federativas por su porcentaje de adultos mayores en situación de pobreza, con aproximadamente 25,100 adultos mayores. De lo que podemos inferir que el peso relativo de su carga para el desarrollo, importa hacia dentro de la entidad, aunque a nivel nacional, parezca menos oneroso. 

Mediante un ejercicio del tipo es posible trazar el piso del que partimos, para acometer un desarrollo viable, pandemias y crisis incluidas, sin caer en los juegos de las y los “socialités”.

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