Güera Trini: feminismo en un Calvillo misógino/ Origami  - LJA Aguascalientes
18/10/2021

Arrastraba los pies al caminar, sus ojos eran de un color celeste en que se desdibujaban las penas, las propias y las ajenas; su aspecto era, pese a rebasar apenas los sesenta, el de una anciana. Dicen que cuando cayó enferma y no pudo volver a hablar o valerse por sí misma, bastaba con mover el rabillo del ojo señalando lo que quería, para que su férreo carácter de siempre se dejara sentir en toda la habitación y se le obedeciera. Su leyenda también incluye su gusto por la gente blanca, güera, como ella y la diferencia que hacía, incluso entre sus descendientes cuya piel no cumplía con esos estándares, aunque en realidad esas diferencias no eran en el cariño, en eso ella no discriminaba; no se lo daba a nadie. 

La güera no era mala, aun en medio de su indiferencia, fue quien se encargó hasta su muerte del resguardo de su hermana ciega; la güera era humana y al final, sólo ella sabía lo que había vivido y sobrevivido para configurarse en ese personaje. Esta dualidad se reflejaba en uno de sus productos estrella, los limones en almíbar, amargos con una ligera capa de dulzor.

Pero su leyenda no termina ahí; mucho antes de que se hablara de Calvillo por cuestiones turísticas, muchas personas ya viajaban esos kilómetros de camino sinuoso que mediaban entre el Valle del Huejúcar (como antes se conocía a Calvillo) y demás ciudades, solo para comer los cueritos de la güera Trini. Su biografía incluye que hasta Jacobo Zabludovsky estuvo ahí y que en su noticiero nacional mencionó la delicia de “encuerarse con la Güera Trini”. Es seguramente esa la razón por la que hoy en día, entre los murales del edificio del Ayuntamiento, se encuentra retratada la güera, abrazando sus cantaritos de cueritos. 

Trinidad Soto López Velarde, hija de Marcela López Velarde y prima hermana de Ramón, el de La suave Patria, no tuvo una vida sencilla, pese a la época en que vivió, necesitó trabajar fuera de su casa, pues enviudó de manera temprana, quedándose a cargo de sus tres hijas, aun así hizo historia por cuenta propia: la tradición de los encurtidos murió con ella.

La educación que la güera dio a sus hijas fue rígida, en el tradicionalismo, enseñando lo que la sociedad esperaba de ellas, de acuerdo al discurso que se ha creado en torno a la feminidad, pero también les enseñó con el ejemplo, el empoderamiento y la autotutela.

Trinidad vendía sus cueritos y demás encurtidos, en una cantina, ¡solo hay que imaginarse a una mujer como ella, detrás de la barra de un bar! atendiendo, además de a los parroquianos que eran asiduos, también la infinidad de habladurías y prejuicios que a mediados del siglo pasado había en un pueblo tan pequeño. Sin duda, era disruptiva, retadora de aquello que se esperaba de ella, como mujer, como madre y abuela.

Dice Benedetti que no se deben hacer juicios sin tiempo, descontextualizando los hechos, pero, cuando se trata de feminismo, por supuesto que es importante descontextualizar, descontextualizarse, la narrativa histórica es también parte de este problema generador de estereotipos y roles de género que tanto nos dañan socialmente, por eso es importante señalar aún de manera retroactiva aquello que vulneraba la dignidad y la vida de las mujeres, pero también mencionar a aquellas que se atrevieron a no cumplir con esos cánones y fueron piezas del rompecabezas de la lucha por los derechos de las mujeres, por eso, me enorgullece la güera Trini.

De hecho, para hablar de feminismo, darle la cara de plano y asumirlo, es indispensable un ejercicio sesudo de deconstrucción, eliminar la parte subjetiva en la asignación de papeles que se suponen del hombre y de la mujer, pero también descreer esos relatos hegemónicos en que se ha dispuesto a la mujer siempre en el papel secundario, dependiente del hombre

Sobre el contexto de la güera, baste decirse que Calvillo, además de ser un paraíso de placeres visuales y sabores mágicos, es también, de esos reductos provincianos en los que se tiene por deporte oriundo, la misoginia, decir que en pleno 2021, no se cuenta con una sola mujer en la lista de presidentes municipales es sólo una muestra.

Y es que sin duda, no se trata de falta de talento o deseos de las mujeres por incursionar en el ámbito público, es indispensable abatir las barreras que impiden que la desigualdad sea del pasado, hacen falta más historias como la de la güera Trini, ¡mi bisabuela!. 

 

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