Claves para apreciar de la mejor manera la propia poesía - LJA Aguascalientes
28/11/2021

Entrevista a David Huerta sobre Las hojas

El poeta y ensayista mexicano David Huerta mantuvo durante doce años una columna mensual de temas poéticos en la Revista de la Universidad y a lo largo de todos esos años, como bien nos dicen en la contraportada de su más reciente libro Las hojas: “Fue tejiendo una delicada y ambiciosa red destinada a atrapar al vuelo esa cosa liviana, alada y sagrada llamada poesía”.

El libro de ensayos Las hojas, sobre poesía, es entonces el resultado de estos doce años de trabajo y ahora es publicado por la editorial Cataria. Las hojas es un libro que navega, que ahonda, que profundiza en distintos temas y distintas latitudes, para abordar con inteligencia la materia prima de la poesía. Temas como las metáforas, los tropos, la métrica poética son revisados por la pluma de Huerta con maestría. Todos ellos son temas esenciales para entender, pero, sobre todo, para amar a la poesía. Disfrutarla en toda la extensión de la palabra. 

En Las hojas, David Huerta también aborda temas como la traducción y la tradición poética, temas que también nos permiten abordar el conocimiento que resulta necesario para crear poesía. Las hojas se presentan, así como una clase magistral sobre poesía, en donde el autor, desborda conocimiento, y gusto por la creación, por la palabra, por la tradición, por la métrica, y nos presenta a poetas esenciales para entender, para conocer, para disfrutar la poesía, y la obra de grande poetas, que son al mismo tiempo, grandes maestros de la poesía, tales como lo son Góngora, Lope de Vega, Borges, Lezama Lima, pasando a través de la obra de Ovidio, Mallarmé, T.S. Eliot o Saint-John Perse, por mencionar solo a algunos de los grandes poetas que sin revisados y visitados en la obra de Huerta.

Por ejemplo, Dante y Luis de Góngora son solo dos de estos autores puntuales que David Huerta revisita y sobre los cuáles reflexiona a lo largo de Las hojas. El autor nos presenta parte de la obra de estos dos grandes poetas, pero se detiene para analizarlas puntualmente desde la parte técnica, para contarnos las formas en la que estos dos poetas construyeron su obra: la métrica, los tropos o los temas poéticos y la forma en la que construían sus metáforas, elementos esenciales de la creación y del arte poético. 

Las hojas es un libro que reflexiona y expone cómo la construcción poética es una tradición, una escuela, que hay que conocer, que hay que abordar y que hay que disfrutar, para generar nuevas construcciones, nuevas obras poéticas. O para romper con esa tradición y generar obras nuevas y distintas. En ese sentido, Huerta nos va llevando de la mano para analizar cómo se construye el goce estético, generado por poetas de distintas tradiciones, pero que, sin duda, son los grandes maestros del arte poético, son los que han construido el gran canon poético. 

David Huerta ofrece en Las hojas las claves para apreciar de la mejor manera su propia poesía, pero también una suerte de arca pletórica de experiencias y conocimientos poéticos que son los de toda una generación. En Las hojas David Huerta realiza una crítica literaria histórica, que como ya comentó Fernando García Ramírez en la reseña publicada en Letras Libres sobre el libro de Huerta: “es un libro de crítica puntual ya que señala metros, tropos, figuras retóricas: el andamiaje que soporta la poesía, el vaso que la contiene. Es un libro abierto a cualquier lector, pero sobre todo es un libro dedicado a los jóvenes poetas”.

Las hojas es un libro de crítica realizada por un poeta que ama a la poesía, y que la conoce profundamente, y que en este libro nos habla desde el sentimiento, desde el conocimiento, desde la erudición, para presentarnos una obra exigente, que nos lleva de la mano por un arco histórico y literario, en donde nos da cuenta de la evolución que ha tenido la poesía a lo largo de los siglos. Por ejemplo, Huerta logra mostrarnos el momento histórico en que la narrativa y la poesía se distancian y conforman dos géneros literarios distintos, a pesar de que se construyeron a partir de la misma tradición literaria. Las hojas es así un libro que refuerza la idea de la necesidad de conocer a profundidad de la materia que se escribe, es un libro que nos refuerza la idea de conocer, de leer mucha poesía. Para gozarla, para escribirla, para conocerla y poder comprenderla en toda su magnitud, en toda su belleza. 

David Huerta es poeta, ensayista y traductor, nació en la Ciudad de México en 1949, y ha sido galardonado con los premios Carlos Pellicer en 1990, Xavier Villaurrutia en 2006. En 2015 fue otorgado el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura. También desde 2016 es creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte y en septiembre de 2019 se hizo acreedor el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. También ha sido docente en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y en la UNAM. Entre sus libros más recientes se encuentran El ovillo y la brisa (2018), After Auden (2018) y Los instrumentos de la pasión (2019). 

Platicamos con David Huerta sobre este libro de ensayos y nos comentó que; “En 2006 me dieron un premio llamado Xavier Villaurrutia de escritores para escritores. Ignacio Solares, entonces director de la Revista de la Universidad de México, fue miembro del jurado de ese premio y me invitó a colaborar; me dijo que escribiera lo que quisiera, lo que no deja de ser peligroso. ¿Lo que yo quisiera? ¿Y qué quiero escribir? Me sentí orillado a preguntarme qué haría y la respuesta llegó muy pronto: me gustaría escribir sobre poesía, poemas, poetas. Solares me dio mucha libertad y en agosto de 2007 apareció la primera de mis colaboraciones: “Apuntes sobre Hero y Leandro”. Me sentí muy a gusto. Creo que no fue muy leída la columna; pero quienes la leyeron la leyeron muy bien, con mucha generosidad. Con el cambio de dirección en la revista, mi colaboración se canceló; la última apareció en agosto de 2017. No llegué a redondear los diez años. Lástima. Jeannette Lozano me pidió un puñado de esos ensayos y los publicó en su editorial Vaso Roto; es un libro pequeño que me dio mucha satisfacción: se titula El vaso de tiempo. Y Fernando Fernández me invitó en 2018 a publicar en su nueva editorial, Cataria. Entonces reuní los 33 ensayos de Las hojas y Fernando y yo los organizamos y revisamos. Es el origen del libro.


Javier Moro Hernández (JMH): Quería ahondar en la figura, en la obra de Góngora, pues me parece que es uno de los faros que iluminan el recorrido de Las hojas. Un escritor, que pareciera que pocos poetas jóvenes han decidido leer a profundidad.

David Huerta (DH): Góngora cuesta trabajo, cómo no. Es un poeta difícil, pero si uno llega a entender sus poemas en todos sus rincones la recompensa es enorme. En mi experiencia, es uno de los límites que puede alcanzar la lectura de un texto intencionado. Góngora procede con genio, en varios planos, simultáneamente: en el vocabulario, en el nivel métrico, en la soltura con la que utiliza el idioma, en el nivel de la prosodia, en la retórica, en las figuras de lenguaje y en las figuras de pensamiento. Verdaderamente se rinde uno ante tanta maravilla de la inteligencia y de la belleza que esa inteligencia puede lograr con palabras. Algunos maestros pueden ayudarnos, grandes escritores ellos mismos: Dámaso Alonso, Robert Jammes, Antoni Carreira, Antonio Alatorre y la genial Amelia de Paz, entre otros.

JMH: En ese mismo sentido quería ahondar también en el tema de la métrica en la poesía. Creo que es a partir del conocimiento profundo de la tradición poética es que se puede desarrollar propuestas poéticas profundas y verdaderamente innovadoras.

DH: La métrica es algo que cualquier o practicante debería conocer, aunque no fuera nada más que para romper con ella. Como si el poeta dijera: “ahora que ya sé qué es un dáctilo y cómo se compone una sextina, voy a hacer lo que se me pegue la gana, subvirtiendo esas formas y quebrando la tradición.” En pintura, es lo que hizo Picasso, por ejemplo: fue un gran pintor figurativo y luego lo revolucionó todo con sus cuadros cubistas. Pero por alguna extraña razón los poetas no quieren hacer nada parecido; parecen conformarse con las palabras de su léxico y un mínimo de elementos formales, de los que se aprenden en la escuela primaria. No estoy de acuerdo. Además, se pierden porciones gigantescas de juego, porque piensan que la métrica es algo aburrido; están equivocados.

JMH: También pensaba en sus ensayos que pueden formar parte de un proceso educativo para muchos jóvenes. Quería preguntarle sobre la posibilidad de la educación poética y sus dificultades en medio de un país con un sistema educativo tan golpeado, tan desvencijado, en el que la lectura no es vista como goce sino como obligación. 

DH: El ensayo es un género de madurez, aunque eso no significa que sea un género mayor, necesariamente. Quiero decir que no hay, no puede haber, ensayistas niños o adolescentes; poetas niños hay, y suelen ser poco interesantes, lo mismo que narradores precoces. Hay casos como el de Jorge Luis Borges que siempre tuvo un talante reflexivo; pasa por ser un escritor frío, pero eso es nada más una falla en la manera de acercarse a él. A Borges lo animan pasiones auténticamente volcánicas, y se nota en su prosa lo mismo que en su poesía. Lo que pasa es que no es un poeta sentimental; hay una zona de su obra en que lo es, pero es la más olvidada: sus poemas juveniles, muy románticos, que he estudiado con gusto al lado de algunos estupendos alumnos de la UNAM.

JMH: Otro elemento central de la poesía y por supuesto de los ensayos que componen del libro, son las metáforas, que como menciona en el ensayo El ala del sombrero, forma parte del lenguaje. Pero que como también nos dice, le permiten al lector que su imaginación “reconstruya los pasos dados por el autor.” Me parece sumamente interesante este tema porque nos habla de la generación de un proceso mental imaginativo. La metáfora genera así una relación intensa entre la palabra del poeta y la imaginación del lector. Imagen y verbo se unen para generar algo nuevo

DH: “El ala del sombrero” es lo que los especialistas llaman una metáfora fósil o lexicalizada. Ya no nos damos cuenta de que es una metáfora: es simplemente una frase hecha con la que designamos un objeto que no tiene nombre propio. Eso es interesante: la falda de la colina, el pie de la página, la columna periodística, las patas de la mesa son, todos, objetos sin un nombre propio a los que nos referimos con metáforas. Da que pensar. Contra lo que casi toda la gente cree, las metáforas no son absolutamente consustanciales a la poesía; hay zonas extensas de la tradición poética que no se distinguen por su abundancia metafórica. La poesía octosilábica de cancionero casi no tiene metáforas, y es poesía con todas las de la ley.

JMH: Quería preguntarle sobre la importancia también de Dante (sus endecasílabos, como usted dice en el ensayo de Las hojas son “plata sombría, parecen forjados como hojas de espadas;” Justo este año se estarán celebrando los 700 años de su fallecimiento. Sin duda es una obra que perdura, que nos demuestra la profundidad de la belleza de la poesía.)

DH: Me interesa mucho cómo Dante ha vivido hasta nuestros días a pesar de ser un poeta de la Cristiandad medieval como no hay otro: él es el más grande, el paradigma del poeta religioso, un poeta-teólogo. Y al mismo tiempo, un hombre de emociones arrebatadoras y de una inteligencia que aturde de tan intensa. Prometió que diría de Beatriz Portunari lo que no se había dicho de mujer alguna y mira nada más cómo cumplió: es la culminación de la Divina Comedia, una escena absolutamente sublima en que la Rosa Mística se nos aparece dibujada con palabras exactas, deslumbrantes. Puede uno ignorar a Dante toda su vida, pero se pierde algo maravilloso; en algún sentido su vida será un poquito pobre. Ahora, con ese aniversario, tenemos un buen pretexto para leerlo. En Las hojas le dediqué unos apuntes que llamé “para un cuaderno sobre Dante”.


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