Desafío Global (II)/ Esencias Viajeras - LJA Aguascalientes
04/07/2022

Diseño & covid-19. La irrupción abrupta de la pandemia en nuestras sociedades a casi un año debe llevarnos a cuestionar fuera de los términos del sistema impuesto para marcar un quiebre en la actividad de diseñar –en lo académico, en lo profesional, en lo gremial– y en la vida que hasta entonces hemos creado, nos lleva a repensar lo que se enseña en las aulas donde se forman diseñadores, los conceptos establecidos o marcados como absolutos, nos replantea el sistema de valores del diseño y/o al menos discutir abiertamente estos temas para poder generar reflexiones profundas en pro de cambios, que una vez más –y es necesario dejarlo claro– no son sólo de salud pública, ingenuo sería pensarlo y analizarlo así, en su deconstrucción es un tema de economía, de política, de vivienda, de educación, de seguridad, alimentación, cultura, en resumen de bienestar colectivo, y aquí el diseño con todas sus capacidades de aplicación y sus desarrollos metodológicos puede –y debe– acompañar un cambio radical de paradigma.

Algunos signos muy alentadores han venido surgiendo, diversas organizaciones, institutos y universidades donde se gesta diseño han demostrado que por medio de proyectos colaborativos es posible organizar redes de trabajo que estructuran conocimiento aplicado, también –aunque en contados casos– se ha salido de la lógica impuesta del mercado en donde el ser humano es simplemente visto como un consumidor, tratado como un número, como un potencial cliente y como una expresión mercantil en la esfera económica de las ganancias como principal fin. De pronto redescubrimos conceptos cancelados, vetados, en el mejor de los casos empolvados, apareció la solidaridad, la cooperación, el desarrollo conjunto para preservar el único bien vital del ser humano; la vida. Brotó la respuesta natural, biológica, cuando la desolación y la muerte son principios transformadores. Ahora se nos presenta la oportunidad de volver a colocar al ser humano y su bienestar en el centro de la actividad de diseñar, como usuario participativo mediante proyectos que le otorguen  calidad de vida, estas visiones o metodologías no son nuevas y han sido implementadas con éxito, pero en la mayoría de las academias –ya ni hablar de los mercados– son vistas y denominadas muchas veces como “Diseño Social” como si la actividad de diseñar no fuera íntegramente social y que aquello que tiene el foco en el bienestar, la salud, el cuidado ambiental y la responsabilidad económica fueran sólo un apartado más, “el diseño no tenía y sigue sin tener, una definición o significado fijo, ni una trayectoria ideal que seguir. Se trata más bien de un concepto en constante transformación (…) Si es posible elaborar un discurso del diseño, debe ser uno que reconozca el alto grado de relativismo, pragmatismo y contextualización que ha condicionado el pasado del concepto y que, sin duda, seguirá afectando su futuro” (Sparke, 2010).

Sin embargo esta colaboración también es un precedente peligroso para el status quo, el establishment, para los países hegemónicos y su producción, sus industrias, sus logísticas de distribución, aranceles, intercambios comerciales, fabricación, consumo, productos y servicios. La pandemia nos despliega una discusión seria y tangible sobre las consecuencias funestas para la salud que tienen las empresas transnacionales respaldadas por sus gobiernos, con la contaminación del agua, los agroquímicos, la alimentación transgénica, la explotación a mansalva de los recursos naturales, las emisiones industriales de CO2, que con sus políticas de extracción de recursos y sobre todo económicas han afectado a los países en vías de desarrollo, con la deuda externa de los mismos que los asfixia y no les permite un progreso en ciencia, tecnología, salud y educación, obturando el desarrollo igualitario de los pueblos, las consecuencias económicas y sociales de las deudas externas y el abandono de los sectores más vulnerables de la población han mostrado mediante el coronavirus las monstruosas diferencias de calidad de vida, donde se puede plantear que la cura no pasara simplemente con una vacuna sino con igualar las condiciones de desarrollo de los pueblos. Y aquí el diseño tiene mucho por aportar, ya que nos devela y abre el camino para que mediante la organización y la cooperación se pueden gestar proyectos de bajo costo económico con altos beneficios sociales en una visión compartida y global, donde todos tengan acceso a la salud, alimentación y educación de calidad, en ciudades y zonas rurales sostenibles con producción y consumo responsable.

En esta etapa de contingencia, el diseño es una pieza clave para las estrategias de gobiernos, instituciones educativas, organizaciones, sociedades, centros de investigación, debe visualizarse como un nodo articulador de proyectos y propuestas que aporten valor por medio de la creatividad y la innovación en conjunto con otras disciplinas y ciencias, en la implementación de productos, servicios, modelos y sistemas que logren los objetivos y las metas de desarrollo sostenible planteados por la ONU en alianza con diferentes sectores para lograrlos. Este desafío global comparte con el diseño como actividad inalienable del ser humano la capacidad de reinventarnos, de explorar, de experimentar, superar las adversidades que desde el propio origen de la especie han sido puntos de inflexión no solamente por el hecho biológico de sobrevivir sino por el hecho espiritual de perseguir incansablemente la utopía, aun a sabiendas de que nuestra labor siempre será inacabada, que nuestros esfuerzos nunca lograran el fin ideal, pero que el ser humano, simplemente por serlo, aspira a su plena felicidad, que no debe renunciar a la búsqueda por la libertad y el amor, por la alegría de vivir y el derecho de soñar creativamente para forjar una nueva realidad y establecer para el diseño un fin máximo; acompañar responsable y éticamente el bienestar sostenible del ser humano en equilibrio con su entorno natural en paz y justicia.


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