El busto de Terán (Parte 1)/ Cátedra  - LJA Aguascalientes
25/10/2021

Año del bicentenario de Jesús Terán

Para darle congruencia de principio a fin a la presente entrega, incido brevemente sobre algunos temas tratados con amplitud anteriormente. En primer lugar, quedó documentalmente demostrado que después de fracasar el primer intento que los liberales realizaron en 1845 para incluir en el Colegio de Aguascalientes materias científicas, Jesús Terán encabezó las gestiones del segundo, que culminó con la promulgación del decreto del 20 de Noviembre de 1848 y la ceremonia de inauguración del Instituto Literario de Ciencias y Artes que presidió el 25 de Enero de 1849, en su primer acto como jefe de gobierno de Aguascalientes.

El Instituto sufrió un hostigamiento continuo por parte del gobierno conservador, hasta que Santa Anna provocó su clausura; cuando finalmente triunfa el Plan de Ayutla en 1855 y el dictador fue expulsado de México, el Instituto reabrió sus puertas y tuvo su mejor etapa porque Jesús Terán tuvo la oportunidad de dirigirlo y consolidarlo.

Cuando el gobernador José María Chávez fue cobardemente asesinado por las fuerzas de la intervención francesa en 1864, el Instituto cerró sus puertas y se quedó sin estrenar el edificio del ex-convento anexo al templo de San José, que Chávez había acondicionado por instrucciones de Terán para que fuera la sede definitiva del Instituto. 

Jesús Gómez Portugal –que conocía muy bien a Jesús Terán por ser paisanos y de la misma edad– junto con otros prisioneros de guerra de la segunda batalla de Puebla de 1863 que habían sido trasladados a Francia por las fuerzas invasoras, acudieron a él en demanda de ayuda que les otorgó para que pudieran regresar a México, a pesar de la gran carga de trabajo que le exigía la comisión que le asignara el presidente Juárez, que soportaba casi sólo porque nuestro cuerpo diplomático en Europa había quedado desmantelado.

Después del regreso de Gómez Portugal al país; de que las fuerzas invasoras del imperio francés, derrotadas de hecho porque el resultado de su costosísima invasión fue una apresurada retirada con las manos vacías; del fusilamiento de Maximiliano de Austria; de la total toma del control de todo el territorio nacional por el Partido Liberal; de la consolidación del gobierno del presidente Benito Juárez que fue honrado con el título de “Benemérito de América” por los gobiernos latinoamericanos al demostrar que un pueblo dispuesto a ser libre no puede ser sojuzgado por imperio alguno; y del hecho de que Jesús Terán había muerto en París, al no haber figuras políticas fuertes en Aguascalientes, Gómez Portugal vio la oportunidad de presentarse ante el presidente Juárez para hacer valer sus méritos militares en las dos batallas de Puebla, obteniendo como premio la gubernatura del Estado.

Ya en el ejercicio de su nuevo encargo, Gómez Portugal le pagó el favor a Jesús Terán cometiendo el atentado de pretender borrar el rastro de su obra más preciada que era el Instituto de Ciencias, ocupando su propio edificio con una escuela de Agricultura, extravagancia que tuvo corta vida porque Gabino Barreda, al darse cuenta de aquél agravio, le ordenó la reinstalación inmediata del Instituto para incluirlo dentro del sistema nacional de educación superior en construcción, que estaba cimentando precisamente con base en los institutos científicos y literarios que se habían creado en el país en el transcurso de cincuenta años.

Así fue como a partir de 1871 la memoria de Jesús Terán quedó restituida y sus compañeros y alumnos, sus hijos y sus nietos que la mantuvieron viva el resto del siglo, quisieron proyectarla al siglo siguiente mediante una obra material sencilla pero significativa, en una fecha igualmente significativa: el busto que el gobierno, en nombre del pueblo de Aguascalientes, erigió el día 5 de Mayo de 1907 en el Jardín del Estudiante en el acceso al Instituto.

Allí permaneció durante cincuenta años, en los que Terán nos recibió y despidió diariamente a quienes tuvimos el privilegio de integrar las generaciones que acudimos a sus aulas, en mi caso a partir de 1950.

Parece ser que fue precisamente cuando nos fuimos a la Universidad Nacional Autónoma de México para iniciar nuestros estudios profesionales en 1956 el busto de Jesús Terán y también el de José María Chávez –quien como dijimos fue el gobernador encargado de la remodelación del edificio– desaparecieron sin que nadie supiera la razón, lo que hace suponer que fue por orden del gobernador, pues que se sepa no existe documento alguno que lo justifique, lo que significaría que se trató de una nueva agresión por borrar su memoria por parte de las mismas fuerzas hostiles a la educación laica y gratuita que propicia el ingreso a los hijos de la clase trabajadora, lo cual no conviene a los privilegiados que volvían a escalar altos cargos en el gobierno después del período revolucionario. 


¿Qué fin tuvieron esos bustos? Eso lo veremos en la entrega del viernes próximo.

 

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

 

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