Más allá de la neblina - LJA Aguascalientes
08/08/2022

Hace ya treinta años que conocí a Falconi en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde”. Desde entonces, hemos generado una amistad solidaria y generosa. Sin embargo, puedo decir que mi admiración por su escritura, particularmente por su poesía, es anterior. Data de inicios de los años noventa, justo con la publicación de su libro: Escribo un árbol, volumen que recoge poemas extraordinarios, los cuales ya mostraban un estilo propio y una voz madura. 

Pero además, nuestro querido autor chiapaneco, ha incursionado en otros géneros, publicando ensayo y realizando el trabajo de antologador en Raúl Macín. Cuenta, además, con un libro de historia regional De Ozumbilla, el Pan de Muerto, y otro volumen de cuentos: Escala roja (2008-2016). Finalmente, el más reciente, Neblina morada, da título a su segunda novela, publicada por el Fondo Editorial Estado de México (FOEM). 

Con un tratamiento muy distinto a la primera y como un caudaloso río, la historia fluye a través de diecisiete capítulos, a través de los cuales se presentan las aventuras acontecidas a los habitantes de Tierra Adentro. Resulta imposible no recordar a Jimi Hendrix cantando: “Neblina púrpura en mi cerebro. Últimamente, las cosas no parecen las mismas. Actúo de forma extraña, pero no sé por qué. Discúlpame mientras beso el cielo”, letra de la canción Neblina morada, grabada en 1967. 

En la novela, la neblina nos impide ver el cielo. Es ese fenómeno meteorológico que consiste en la suspensión de muy pequeñas gotas de agua en la atmósfera, las cuales impiden una visión nítida. La única diferencia entre neblina y niebla “es la intensidad de partículas que se expresa en términos de visibilidad”. De este modo se puede concluir que si “el fenómeno meteorológico da una visión de 1 Km o menos, es considerado como niebla; y si permite ver a más de 1 km, el fenómeno es considerado como neblina.” Gracias a que la neblina al igual que la bruma hace visibles los rayos solares, se puede hablar de una neblina morada o púrpura. Así sucede con la vida en cualquiera de sus dimensiones donde existen más matices que tonos extremos, haciéndola un tesoro en su complejidad. Y también así sucede con la mirada de Falconi, la cual se adentra en las zonas de la realidad, aparentemente confusas, para sacar de ellas el jugo de la contradicción. De manera metafórica, esta neblina alude a las capas de una cebolla que cubren la realidad y la imaginación de algunos personajes, los cuales la conciben como un arma neuroquímica o droga psicoactiva de los vegalinitas, los cuales son originarios de un planeta cercano no a Lope de Vega pero sí a Vega de Lira. 

De este modo, los protagonistas de la novela se vuelven crisoles de la vida de José Falconi. Al igual que él, son irreverentes y contienen una gran dosis de esoterismo, disfrutan por momentos y por momentos sufren, gustan del pulque y del mezcal, juegan con las palabras y hacen poesía infrarrealista, mientras se producen alucinaciones masivas y se pierde el proceso de individuación, al tiempo que las energías del eros y el tánatos se entrelazan, realizando un danza subliminal con una evidente influencia de Tolkien.

En sus páginas podemos palpar la ley de la impermanencia: nada está fijo, nada es para siempre, las cosas se ordenan y desordenan una y otra vez, recordando la rueda del samsara, mientras todo vive un constante cambio y es habitado por simbolismos e imágenes que invitan a la introspección en los bardos del sueño, del nacimiento y la muerte. 

Esta novela llena de asombro al lector, es divertida y no tiene límites. El hedonismo se desarrolla junto con el gusto por la mística y estas vertientes, imposibles de reunir, se muestran en el desarrollo de la trama y en la sicología de los personajes como fragmentos de un autorretrato que bien habría podido pintar Picasso. 

Así, Neblina morada posee una sencillez compleja, es natural y, al mismo tiempo, excéntrica; y también, invita a realizar preguntas existenciales pues en medio de todo el caos, una y otra vez, se busca el orden para tocar de nuevo, el desorden, siendo ese movimiento pendular el que anima la existencia en unas páginas difíciles de olvidar donde se entrelazan el deleite de la ensoñación y la cotidianidad más fatigada. Por todo ello, celebro esta novela de Falconi que bien podría ser el inicio de una saga.



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