Tigres y el mundialito de clubes/ Yerbamala  - LJA Aguascalientes
03/07/2022

El caso del ahora exitoso equipo Tigres de la UANL es el perfecto ejemplo de la confusión de intereses públicos y privados de manera opaca. Veamos por qué: Tigres llega a su primera final en el mundialito de clubes de Qatar ante el Bayern Múnich, y culmina una ascendente carrera deportiva cuyos méritos difícilmente se pueden regatear. E independientemente del resultado, no es poco lo que la plantilla, técnico, directivos y afición han logrado, a pesar de los fracasos anteriores, como la vapuleada que les dio River Plate allá en Bs As hace no mucho. Pero todo puede pasar en Qatar. Thomas Muller y algunos otros jugadores del primer equipo alemán tienen covid, pero con todo, cabe desear éxito al equipo regio, primero de Concacaf en jugar la final de dicho torneo.

Se ha criticado a Tigres en lo deportivo por su millonaria y a veces injustificada nómina y su juego aburrido, que no da espectáculo ni emociona a la nutrida hinchada regia, y que a veces, sólo a veces, gana. Ferreti no es un técnico lucidor, apasionado, o que arriesgue. Podríamos decir incluso que es mal encarado y carece del carisma que tuvo como jugador garrudo y dotado, pero…cumple. Por eso sigue ahí, habiendo despreciado hasta dirigir la selección nacional ante la comodidad y mimos de la que disfruta en Monterrey. 

Pero cabe preguntarnos, como en otros casos (ahí está el caso de Pumas de la UNAM, por ejemplo), quienes son los que ganan en realidad cuando gana Tigres, y cabría tal vez empezar preguntándonos, legítimamente, porque la UANL es una entidad pública, si Tigres pertenece en realidad a la UANL. Y la respuesta simple y llana es que no. Al menos no en los hechos. El club perteneció por muchos años a la universidad, tal como Leones Negros a la Universidad de Guadalajara, pero fue privatizado en 1996 para ser gestionado por una asociación que gravitaba en la esfera de las empresas Cemex (cementera) y Femsa (Oxo, Coca Cola, Cerveza, entre otros), lo mismo que el estadio y las franquicias de fuerzas básicas, los derechos por el merchandising y hasta la mascota del club. Así, podemos decir que la UANL hizo algo así como regalar estas franquicias deportivas y mercantiles a dichas empresas. Y así, cabe otra pregunta: ¿dichas empresas han pagado algo a la UANL desde entonces? La respuesta es un categórico No. Sin embargo, el equipo no ha dejado de operar desde dicho año y hasta la fecha, casi siempre con una afición entregada y un estadio lleno de bote en bote. Aun así, cada año Tigres (ahora solo de Cemex) recibe de la UANL miles de pesos por concepto de compra de boletos y abonos para los partidos. También le paga la universidad a Cemex por poder disfrutar de los juegos de Tigres en Sky.

Por cierto, Tigres no compró ni renta el famoso estadio apodado “El Volcán”. Lo usa gratuitamente, y no paga renta. El estadio se llena, pero la universidad no recibe nada por concepto de taquillas. Los servicios, sin embargo, los paga la UANL (luz, agua, impuestos). 

¿Qué ocurre con los símbolos universitarios? Porque dicho sea de paso, los símbolos, en obviedad, son propiedad de la UANL. ¿Cuánto paga Cemex por la explotación de las alrededor de las 45 marcas universitarias? De 1996 a 2016 no pagó nada. Desde el 2016 paga un 7% de la venta de textiles, y solo de textiles excluyendo el resto de numerosas mercancías, gracias a un convenio que termina en 2056.

¿Qué le da entonces el club Tigres a la Universidad a cambio de nombre, marcas, uso de símbolos y estadio? Pues se sabe qué hace algunas donaciones a una fundación privada, no a la universidad, cuya presidencia ocupa la gestora deportiva de Tigres, que es privada. Eso sí: Cemex hace una oferta especial a la UANL, pues por cada 10 metros cúbicos de cementos comprados, la cementera regala un metro cubico a la Universidad.

Podemos añadir a la reseña, que en 1995 la afición sufría por las malas campañas de Tigres debido a una mala gestión de un presidente de dudosa trayectoria. De manera que antes de iniciar la campaña 95-96, la Universidad anunció que no gastaría un centavo en el refuerzo del club para salvar la permanencia en primera división. Y así, el descenso llegó el 26 de marzo de 1996. Cuatro días después de haber descendido, el Consejo Universitario de la UANL anunció que un fideicomiso creado para administrar Tigres, había incumplido su misión, y que ahora tenían que discutir cómo “desligar” al equipo de la universidad. Así que crearon una asociación civil, entregando a Femsa y a Cemex la operación del equipo, en una supuesta licitación que no existe en los archivos de la UANL. Femsa se retiró posteriormente de la sociedad.

Habrá que agregar que toda esta es una historia de opacidad entre los funcionarios de la universidad y el sector privado. La Universidad se negaba por años a dar información cuando se le pedía. Se ha llegado a decir incluso, que la UANL no es sujeto de transparencia pública. Cualquier semejanza con realidades más cercanas será, ya se sabe, mera coincidencia.

COLA. La información que consigna el presente texto, se basa en una investigación de Mauricio Romero para Aristegui Noticias, publicada el 11 de febrero de 2021.


 

@efpasillas


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