Viñetas en la memoria: El origen de las tiendas de cómics en Aguascalientes (parte 2) - LJA Aguascalientes
26/07/2021


Los años de 1993 y 1994 son clave para la expansión de la cultura friki en Aguascalientes. El 20 de octubre de 1993 tuvo lugar el evento “Primera convención y exposición de cómics en Aguascalientes, el cual se pudo llevar a cabo gracias a la iniciativa de alumnos de la carrera de Derecho de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Regalos Nova y Comic Gallery, contando con la presencia de Martín Arceo y Jesús G. Holguín como conferencistas invitados.

Se abrió una nueva tienda de cómics en el poniente de la ciudad, a un costado de lo que fue la Farmacia del Ángel, cerca del “Colegio Marista”; Magic: The Gathering, juego en base a tarjetas coleccionables, se puso de moda en todos lados, no siendo la excepción “la tierra de la gente buena”, fomentando  el intercambio de este tipo de productos a la par que el de los mismo cómics entre consumidores adolescentes y adultos jóvenes. Lo anterior sirvió para dar origen a una comunidad de aficionados hasta entonces dispersa.

Además de los cambios políticos y sociales en nuestro país y el resto del mundo, esta época también incluyó propuestas artísticas y ofertas de entretenimiento que dejaron una marca indeleble en los integrantes de la llamada “Generación X” quienes, sin los alcances que ofrece el internet actual, pasaron de ser abiertos a lo novedoso, a selectivos en sus consumos.

Fueron los tiempos de la llegada de  MTV Latinoamérica y de la cúspide del movimiento grunge;  de Jurassic Park, La lista de Schindler, Forrest Gump y Pulp Fiction;  de La muerte de Superman, la caída de Batman en la saga Knightfall, el nacimiento del sello Vertigo en DC, del Daredevil de Frank Miller, Marvels de Alex Ross, la Clone Saga en Spiderman  y  de la consolidación de la editorial Image Comics.

Para mediados de 1994, las tiendas de cómics especializadas en Aguascalientes aún  se podían contar con los dedos de una mano, hecho que contribuyó a que los clientes de una no dejaban de ser clientes de otra, fomentando un ambiente más de hermandad que de competencia; si un ejemplar o portada variante se le había agotado a un vendedor, seguramente otro lo tendría disponible.


Era común que una parte significativa del surtido de cada mes de estas tiendas fuera “por encargo”. Aún y cuando en su gran mayoría estos negocios eran empresas pequeñas o medianas, sus ventas se sostenían sin problema por un fandom leal como pocos, del que algunos de sus miembros encontraban motivación en el coleccionismo de historietas no sólo como pasatiempo, sino como una pequeña inversión inclusive, a raíz del hype generado por el llamado “mercado de la especulación”.

Ya no se trataba sólo de leer una historia o disfrutar el arte interior del cómic, ahora también se buscaba la portada especial, la exclusiva, la del  holograma, la metalizada o, a fin de cuentas, aquélla que fuera escasa y que pudiera significar un aumento exponencial del ejemplar en poco tiempo. Publicaciones como la revista Wizard -que incluía una guía de precios mensual de cómics-  se convirtieron en un tipo de biblia para algunos coleccionistas.

Aunque el año de 1994 fue muy complicado para México en el ámbito político, no fue motivo para que los coleccionistas de cómics -en su mayoría adolescentes- vieran su pasión mermada por la incertidumbre. Se trataba de un sector de la población que estaba más atento a noticias del mundo del entretenimiento como la partida de Kurt Cobain, la crisis de los Chicago Bulls sin Michael Jordan en sus filas y, por supuesto, las novedades en el “noveno arte” como lo fue una de las creaciones más fascinantes de la década y que significó un hito en la industria del cómic, Hellboy: Seed of Destruction de Mike Mignola y John Byrne publicada por la editorial Dark Horse.

En Aguascalientes, además de las tiendas especializadas, los puestos de revistas seguían ofreciendo historietas; aunque en el caso de aquéllos, las publicaciones ofrecidas seguían siendo las de origen mexicano, las cuales habían recibido una mejora en la calidad para los tomos compilatorios -que en el caso de la editorial Vid eran llamados “ediciones especiales”- siendo formatos que, de ser lanzamientos esporádicos, se volvieron a mensuales en esta época y a raíz de la oportunidad comercial que significó editar en español La muerte de Superman y demás arcos argumentales derivados, con sólo unos meses de distancia respecto de la fecha de salida de las ediciones americanas, aún y cuando en los ejemplares regulares “mexicanos” siempre se había mantenido un desfase de hasta casi tres años en relación con sus correspondientes estadounidenses, previo al boom en la industria.

Por su lado, las mencionadas tiendas especializadas en la venta de cómics, llenaban sus estantes en su gran mayoría con historietas en inglés, revistas relacionadas y, en algunos casos, con paquetes de tarjetas coleccionables; los “cuentos” en español eran considerados más artículos de consumo que de colección o inversión y, si bien sus lectores podían ser los mismos que los de los cómics extranjeros, las razones para adquirir unos y otros eran distintas (irónicamente, hoy en día las ediciones nacionales de cómics de aquellos años llegan a ser muy buscadas, ya sea por la nostalgia y el gusto de revisitar las historias de antaño en la lengua materna o hasta por formar una colección de tipo vintage).

Fue así, que en aquellos años dentro de la primera mitad de la década de los noventa, se mantuvo un ritmo más o menos constante en el comercio de historietas. En este contexto, nadie se imaginó el oscuro panorama que se encontraba a unos meses de distancia causado por la crisis económica.

A inicios de 1995, a raíz de la devaluación del peso mexicano por el  “Error de diciembre” y del “Efecto Tequila” los precios de un sinfín de servicios y artículos se duplicaron de la noche a la mañana literalmente; los cómics americanos no fueron la excepción.

Al igual que en otras ciudades del país, la crisis económica pegó con fuerza en Aguascalientes y, si bien en el caso de las tiendas del lugar, especializadas en el  comercio de historietas no había una gran deuda con proveedores (el volumen del pedido era mesurado, con poco excedente y liquidado al momento en la mayoría de los casos), sí se convertirían en el corto plazo en negocios insostenibles por la caída drástica de las ventas derivada del dramático aumento del costo de los ejemplares, aún y cuando se tratara de micro o pequeñas empresas familiares.

Así entonces, mientras  que las tiendas que vendían cómics estadounidenses luchaban por sobrevivir ante el escenario de una paridad cambiaria desfavorable, la venta de las ediciones mexicanas de historietas repuntó, marcando una de las mejores épocas para las editoriales nacionales -especialmente para Vid– que más que una amenaza, encontraron una oportunidad en la crisis económica, que si bien orilló a aumentar los precios de los cómics mexicanos hasta el triple en un mismo año, también significó un aumento en el tamaño y calidad de los mismos, equiparables a las de sus correspondientes ediciones extranjeras, volviéndose mucho más atractivas para la comunidad de lectores y coleccionistas.

En poco tiempo, los puestos de periódicos y revistas exhibieron no pocas “ediciones especiales” de cómics en español que estéticamente habían quedado muy lejos de aquellos “cuentos” de los ochentas en tamaño “águila” o “avestruz” y el consumo de historietas americanas -ya disminuido por la mencionada alza de precios- terminó dándose en un mercado reducido. A la vez,  las convenciones de historietas en México encontraron  la oportunidad para hacerse a gran escala.

Para finales de la década, si bien es cierto que el cómic seguía vendiendo en nuestro país, los coleccionistas que en los primeros años del boom eran lectores imberbes, se habían convertido en bachilleres o universitarios concentrados en la vida académica,  cuyos pasatiempos se encontraban más en los deportes, la música o el cine que en el  “noveno arte”.

En Aguascalientes, el crecimiento urbano era constante (fue una de las ciudades que pasó de pequeña a mediana en quince años), al igual que la oferta de servicios; las historietas ya no sólo se podían adquirir en alguno de los muchos puestos de revistas del centro histórico, sino que estaban disponibles incluso en  tiendas departamentales. En algunos lugares también era posible conseguir novelas gráficas en ediciones españolas sin tener que esperar a que llegara la feria del libro de cada año a la entidad.

Sin embargo,  ante la llegada a la madurez de los miembros de la “Generación X” y teniendo la industria del entretenimiento como mercado principal  a los nuevos “jóvenes del milenio”,  en el apogeo de la llamada “era digital” las exigencias de consumo  fueron más allá de historias y dibujos impresos en papel. Si bien los contenidos podían ser los mismos que en el cómic -o al menos derivados de-  el medio de acceso había cambiado, ya fuera en  forma de productos televisivos y cinematográficos (que aún y cuando siempre habían estado presentes, eran complementarios y no alternativos al cómic) o bien, en la de los videojuegos.

A más de un cuarto de siglo de aquella época, Aguascalientes, nuestro país  y el mundo han cambiado de una forma tremenda. Además del fin de siglo y de milenio, a nivel global hemos sido testigos de un cambio de era en lo que se refiere a seguridad y salubridad en razón de ataques terroristas a gran escala y de las dos pandemias que en diferente magnitud han modificado nuestra forma de vida; las crisis económicas y guerras han contrastado con los vertiginosos avances en la ciencia y la tecnología que, entre otras cosas, han hecho que la manera de comunicarnos e interactuar social y comercialmente hayan dado un giro de 180 grados y que, incluso, la colonización de Marte deje de ser tan lejana como en las historias de ciencia ficción.

El campo del entretenimiento a su vez, ha visto el regreso y puesta al día de clásicos como Star Wars, la creación de “universos cinematográficos” en torno a superhéroes con producciones millonarias, así como nuevas formas de hacer televisión y de acercar sus contenidos al público por medio del reality o talk shows y del uso del streaming por medio de plataformas digitales respectivamente; además de la irrupción exitosa de una pléyade de realizadores mexicanos en el séptimo arte. México por su lado, ha experimentado transiciones políticas desde entonces y, aunque de forma agridulce, continúa en construcción.

En lo que respecta a la industria del cómic en nuestro país, han surgido y desaparecido editoriales; a su vez las mismas han adquirido y perdido licencias para la publicación de títulos extranjeros; el manga y la subcultura Otaku terminaron por consolidarse y algunas convenciones de importancia aparecieron o resurgieron, mientras que otras se han mantenido o han  dejaron de llevarse a cabo. Los lugares para el comercio de historietas se han diversificado; desde los mencionados negocios especializados que dan motivo a este artículo, pasando por cadenas de de tiendas departamentales, librerías, puntos de venta directa de las editoriales y/o los espacios de venta informal como son algunos bazares específicos hasta la compra-venta en línea en sus distintas modalidades.



 

Se ha experimentado un nuevo boom del cómic  desde mediados de la década del 2000 en razón del éxito de taquilla de las películas de superhéroes (que si bien comenzó al inicio de la década con las franquicias de Spiderman y X-Men, se consolidó hasta el 2005 con el inicio de la trilogía de Batmande Christopher Nolan y poco después con los universos compartidos de Marvel y DC).

El visitante de Aguascalientes que no haya puesto un pie en la ciudad  desde aquellos años,  se encontrará con un lugar muy distinto al que era aquella pequeña urbe provinciana de paso. La dinámica de la gente es diferente, el tráfico ha cambiado al igual que las vialidades; “la tierra de la gente buena” ha crecido en los cuatro puntos cardinales tanto en espacios de vivienda como comerciales; la oferta turística ya no se constriñe a la “feria” en abril y los negocios locales de familias hidrocálidas convergen en los mismos espacios con franquicias o sucursales de comercios internacionales.

Al igual que en el resto del país, tiendas de cómics han abierto y cerrado; algunas se han enfocado al coleccionismo de figuras teniendo a los cómics como artículos secundarios; otras son itinerantes o no cuentan con los espacios físicos para ofrecer su mercancía y hacen  uso de las  redes sociales para llegar al cliente (circunstancia que se agudizó en razón de la pandemia).

Sin embargo, aún y con  las posibilidades de entretenimiento relacionadas con la historieta que se ofrecen hoy en día, no son pocos los lectores y/o coleccionistas de aquella “generación de adolescentes de los noventas” que más allá de quedar satisfechos con un buen producto sin importar el medio por el cual se consuma, buscan la experiencia que circunda al cómic impreso, que puede incluir la de visitar alguna tienda especializada como las que comenzaron a existir en tierras hidrocálidas en los mencionados años del boom noventero, a las que acudían como clientes, amigos, compañeros de afición o hasta como familia.

Que estas líneas sirvan de anecdotario de lo que vivímos algunos aguascalentenses en aquella época como integrantes del fandom del cómic; tanto para amigos y compañeros de escuela con quienes compartí este pasatiempo al inicio,  como para todos aquellos aficionados que en las tardes frecuentaban el local de la esquina Condell y Guzmán y que aún hoy seguramente disfrutan de historias con supervelocistas y arañas radioactivas, reyes atlantes y soldados metahumanos, amazonas y dioses nórdicos, militares condenados superpoderosos, vengadores encapuchados y extraterrestres mesiánicos que se empoderan con el sol. El cómic sigue vigente y por lo tanto el comercio de los mismos en sus diferentes modalidades en Aguascalientes y en cualquier lugar del país a pesar de los tiempos inciertos y turbulentos que hemos encarado recientemente.

Aún en su forma impresa, la historieta puede tener muchos años de vida por delante, mientras nos siga emocionando  ver a un hombre volar o detener una locomotora con sus manos, aunque sea en las viñetas.

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