2 edades de la mujer/ Imágenes de Aguascalientes  - LJA Aguascalientes
24/10/2021

La finca marcada con el número 211 de la calle dedicada al general Ignacio Allende anuncia que ahí es “La casa de Jesús”. Se trata de un internado para señoritas que dirigen las religiosas del Instituto de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, una congregación creada en León, Guanajuato, por monseñor Eugenio Olaez Anda, vicario general de aquella diócesis, luego de la revolución de 1910, para auxiliar a mujeres desvalidas que corrían el riesgo de prostituirse, etc.

Ahí vive un grupo de señoritas, jóvenes adolescentes, sin duda la edad más difícil, que tienen en común el vivir situaciones peligrosas, o correr el riesgo de ello. La Casa de Jesús recibe a niñas; casi niñas, o casi jóvenes, que han sufrido diversos tipos de violencia familiar, abandono, acoso, conflictos de autoridad, etc., que han sido rescatadas y puestas a resguardo ahí, un refugio en el que reciben sustento, educación, acompañamiento, y desde luego orientación. En general se trata de niñas de secundaria, pero también hay algunas bachilleres e incluso universitarias.

El internado se sostiene… De milagro, con donaciones, supongo que con cuotas que aportan los parientes de las niñas, y además con recursos que generan de la venta de pays y galletitas, que ellas mismas hornean. Por mi parte en más de algún fin de semana las he encontrado en Plaza Universidad, en la entrada principal: una religiosa y un par muchachitas que ofrecen a los marchantes delicias de nuez, de naranja. etc. Además, también hacen acto de presencia en la zona del centro, del Parián.

He aquí a dos habitantes de esta, que es la Casa de Jesús; dos mujeres ubicadas en ambos lados del espectro: la que conduce y la que es conducida, la que protege y la que es protegida, la que educa y la que es educada; la que vislumbra el final y la que comienza a vivir… Pero he aquí que la anciana está más para ser conducida que para conducir, según se observa en la imagen.

A despecho del enorme valor de esta clase de apostolados, el hecho es que la congregación padece una crisis de vocaciones, de tal manera que las religiosas que están en la trinchera envejecen sin que se produzca el necesario relevo generacional, o por lo menos no en la misma proporción en que la vida va retirando a mujeres como la de la fotografía.

Quizá ocurra que en el mundo actual, donde todos queremos “vivir nuestra vida”; un mundo que privilegia la búsqueda del placer y la comodidad, y entre más rápido y fácil, mejor –la tristemente célebre generación de cristal: no me mires, no me toques, no me digas, no me pidas, y menos me exijas–, y en el que el sacrificio es algo de lo que hay que huir como de la pestilencia coronavírica, dedicar la vida a esta clase de actividades no es lo más atractivo, ni rentable. Posiblemente a esto habría que sumar el hecho de tratarse de una congregación religiosa, en el contexto de un mundo cada vez más secularizado. Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected].


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