Ballerina: Una película con lecciones para construir ciudades creativas/ Rompecabezas urbano  - LJA Aguascalientes
23/04/2024

Recientemente miramos en casa la película de dibujos animados Ballerina. Una producción francocanadiense que cuenta la historia de un par de amigos que escapan de un orfanato del norte de Francia a finales del siglo XIX. Ambos amigos, Felicia y Victor, deciden dirigirse a la ciudad de París buscando lograr sus sueños. Felicia, ser una famosa bailarina de ballet y Victor un gran inventor. Los dos llegan a una ciudad de París en pleno desarrollo y embellecimiento para la feria mundial de 1889. Se muestra una Torre Eiffel en construcción, junto con otros icónicos edificios de la ciudad, como el Palacio del Trocadero y la Ópera de París. Se resalta una ciudad, como pocas durante esa época, con sistemas de alumbrado público eléctrico y la introducción del automóvil. El glamour y las nuevas tendencias en la moda son comunes en las calles. El resultado de lo anterior es una ciudad en completa transformación, dinámica y vibrante.

La historia de Felicia y Victor es interesante porque muestra la capacidad que tienen las ciudades para estimular el talento y las habilidades de los individuos. Si bien cada personaje muestra signos de contar con un importante talento artístico y capacidades para desarrollar inventos tecnológicos desde su estancia en el orfanato, es hasta que llegan a la ciudad de París cuando esas cualidades son llevadas al máximo. La atmósfera donde se desenvuelve la historia, la cual está acompañada de ciertos momentos dramáticos y divertidos enredos (propios de una película infantil), permite a los protagonistas entrar en contacto con reconocidos artistas e ingenieros de esa época. Todos coincidían en lugares comunes como bares y restaurantes donde, además de convivir, intercambiaban nuevo conocimiento, experiencias y aprendizajes. El encuentro de los protagonistas con estos grandes artistas e inventores les ofrece la posibilidad de adquirir el conocimiento y las técnicas necesarias para explotar sus propios talentos y habilidades. Esto último, seguramente, nunca hubiese ocurrido de vivir en otro lugar que no fuera la gran metrópoli “donde estaban ocurriendo las cosas”.

La ciudad de París que se representa en la película es solo un ejemplo de la función de las ciudades como incubadoras de grandes talentos y desarrollos. En su libro, Cities in Civilization (1998), Peter Hall, hace un recorrido histórico de la relación entre las ciudades y los avances científicos y culturales que han revolucionado a la humanidad. Desde la clásica ciudad de Atenas, Grecia, cuyo entorno intelectual atrajo a filósofos de distintas regiones y permitió el desarrollo del pensamiento occidental; pasando por Manchester, Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial y punta de lanza en el desarrollo del ferrocarril, el telégrafo, la máquina de vapor y otros grandes inventos que sentaron las bases del actual sistema económico; hasta ciudades más contemporáneas como Berlín, Tokio, Nueva York y Los Ángeles con sus propias contribuciones a nuestra sociedad actual. En todas ellas el común denominador fue la existencia de infraestructura, instituciones y espacios que permitían el intercambio de ideas, la exploración y la experimentación de nuevas tendencias.

Desarrollar ciudades que incentiven la generación de descubrimientos científicos, innovaciones tecnológicas y creaciones artístico-culturales es un tema central en la actual economía global. Especialmente si consideramos que estos últimos productos contribuyen a la generación de riqueza que se traduce en bienestar y prosperidad material. Sin embargo, para que una ciudad adquiera esas funciones demanda cambios en su cultura, el ejercicio de considerables inversiones financieras y una decidida voluntad política. En principio, pensar las ciudades como motores de innovación demanda ofrecer las condiciones de vida adecuadas de su población, sumadas al desarrollo de instituciones competitivas (escuelas, universidades, institutos de investigación), espacios públicos funcionales y estéticamente atractivos y lugares de ocio que fomenten el intercambio de conocimiento (bares, restaurantes, cafés, parques y jardines). Todo ello en un marco de tolerancia y apertura hacia lo nuevo e inusual.

Lograr lo anterior es un reto importante. Especialmente, en países como el nuestro cuyo desarrollo urbano generalmente está enfocado en ofrecer únicamente las condiciones mínimas para sus habitantes. Sin embargo, desarrollar ciudades dinámicas, vibrantes e inspiradoras que promuevan la innovación y la creatividad es una tarea que debe considerarse si se busca ser competitivos globalmente. Las posibilidades que ofreció la ciudad de París para Felicia y Victor sin duda fueron excepcionales. Pero construir ciudades que permitan aprovechar el talento que existe entre la población urbana, el cual seguramente es mayor al que podemos imaginar, es una tarea en la que puede avanzarse diariamente. El riesgo de no hacerlo es quedarse atrás en una carrera que muchos gobiernos locales alrededor del mundo ya han comenzado a avanzar. Finalmente, la película es propia para un domingo de cine en casa, sobre todo para los niños pequeños, pero con interesantes lecciones para todos.


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