El derecho de ser mujer/ Origami  - LJA Aguascalientes
18/10/2021

Eran los años noventa cuando por primera vez escuché del secreto, fue Edna mi prima, quien me aventajaba un par de años, la que por primera vez me dijo que en la escuela le habían contado que algo le pasaba a las niñas cuando crecían y se convertían en mujeres y parecía que era algo tan malo o, cuando menos, vergonzoso, que debía guardarse en secreto. Por esos mismos días en la televisión había un comercial en que entre secretos, dos adolescentes cuchicheaban: –a ti ¿ya te pasó?, –decía una, mientras la otra respondía: –mens.. ¿qué?

Un par de años después, cuando cursaba el quinto de primaria, mi maestra dividió al grupo, dejando sólo a las niñas para explicarles algo que parecía que los niños no debían oír, al parecer era para no avergonzarnos a nosotras, de que ellos supieran respecto a los cambios sexuales que experimentaríamos, tan terribles, que era mejor mantenerlo sólo en nuestro conocimiento. Fue entonces que muchos cabos sueltos encontraron conexión: la cadena de farmacias que había en Calvillo, y que aún se mantiene, pese a la entrada de las grandes cadenas, vendía unos paquetes que previo a sacarse del establecimiento, eran envueltos cuidadosamente con papel de estraza; la adquisición de las toallas femeninas era una cuestión que cuando menos en la forma, tenía tintes de clandestinidad.

Entonces, todo ese proceso, que además físicamente tendríamos que padecer mensualmente, era algo de lo que teníamos que avergonzarnos, como si lo hubiéramos buscado, como si se debiera sentir culpa e, incluso, como si fueran solo unas cuantas las señaladas con el signo escarlata, infamante y no dos tercios de la población. Todo lo anterior sirve, sin duda, como muestra de la perspectiva generalizada que se ha tenido de la menstruación, lo que evidentemente ha repercutido también en la visión propia (detestable, como motivo de vergüenza) que las mujeres hemos formado de nosotras mismas y por supuesto, la que hemos tenido que deconstruir para desarrollarnos plenamente y disfrutar el ser mujeres.

La menstruación es un elemento que viene en el paquete de ser mujer y todo lo relacionado a la misma: la educación científica adecuada, el acceso a los medios para proveer la salud y la higiene menstrual deben integrar la concepción del derecho que tenemos a ser; en esa misma medida, las políticas públicas, las instituciones y los procesos, a través de las directrices de los planes de desarrollo, referentes al género, deben privilegiar el acceso a todas esa prerrogativas, a través de las cuáles se puede potencializar exponencialmente el acceso de las mujeres al resto de los derechos.

Hablar de menstruación, este proceso natural y gracias al cual, todos venimos a este mundo, aun en 2021, es un tema escabroso, que provoca repulsión, asco, pudor; es un tema tabú que impide el acceso mínimo a las mujeres a una salud sexual y reproductiva, porque no se debe hablar de él, ni en las sobremesas, ni en ningún otro sitio y nadie debe enterarse de que lo “padeces” por ser un tema tabú.

Normalizarlo es una tarea nuestra, de todos y es una asignatura pendiente porque nos lo debemos y se lo debemos a todas aquellas que:

  1. a) Dejan de asistir a la escuela por tener su período, para que los demás no se enteren o porque no tienen acceso ni siquiera a los productos básicos de higiene menstrual.
  2. b) Dejan trunca su educación porque su familia y la sociedad, después de la menarquía ya les tienen preparado el rol de mujer (con todos los estereotipos que esto implica) aunque sigan siendo unas niñas.
  3. c) Son separadas de sus familias y su rutina por sus creencias religiosas al considerarlas en estado de impureza.
  4. d) Por la imposibilidad de hablar del tema, padecen fuertes dolores y sintomatología que podría ser revertida con tratamientos médicos,
  5. e) Por las que, derivado del pudor de hablar del tema, no tienen atención médica temprana, lo que redunda en enfermedades ginecológicas y algunas en la muerte, pudiendo haber sido atendidas oportunamente
  6. f) Son obligadas al matrimonio forzado infantil por la simple ocurrencia de la menarca.
  7. g) Sufren violencia sexual y abuso infantil por la falta de educación sexual, correlacionada al tabú que despierta la menstruación. 
  8. h) Son obligadas a ser mujeres sintiendo vergüenza de serlo, por la construcción de todos estos prejuicios.

Grandes esfuerzos está haciendo la iniciativa privada, gracias al nacimiento de este movimiento de sororidad, en que mujeres excepcionales son parte; en nuestro estado, las voluntades de Fundación Femmex, Global shapers y sus aliados han ayudado para que mujeres en condición de cárcel y niñas de casa hogar tengan acceso a productos ecológicos y reutilizables de higiene menstrual; hacen falta más voluntades así y menos como las de nuestros legisladores federales, que dijeron no a la tasa cero para los productos de higiene menstrual, obligándonos a seguir pagando por ser mujeres, además de con la carga social, también con la carga tributaria. 

En el histórico ha sido difícil gestar un lugar para las mujeres, por todo hemos tenido que empeñarnos con un doble esfuerzo y esta es una parcela en la que estamos trabajando, quedan muchas cosas pendientes por alcanzar plenamente el ejercicio de nuestro derecho de ser mujeres, pero vamos por el camino correcto.

 

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