El nuevo sonido 13: nuevas voces microtonales  - LJA Aguascalientes
30/11/2021

Con motivo del 146 aniversario del nacimiento del compositor y director de orquesta Julián Carrillo ‒28 de enero de 2021-9 de septiembre de 1965‒, es oportuno preguntar qué ocurre con su propuesta musical en la actualidad, cómo influye su legado, es decir, el sonido 13 ‒aporte de México a la vanguardia internacional del microtonalismo‒ en la música actual. 

Al respecto, es inevitable mencionar al músico y compositor Fernando Ibarra, cuya obra motiva a la reflexión sobre las concepciones del arte. El gusto por la música nos aproxima a propuestas válidas e interesantes, aunque diversas. A mí me son particularmente llamativas las aportaciones de cierta vanguardia: por ejemplo John Cage, con su Imaginary Landscape no. 5, o su gran broma en homenaje al silencio 4:33, son propuestas que en lo personal me fascinan.

El comentario anterior viene a cuento porque también el sonido 13 pertenece a la vanguardia que logra ir más allá de los límites fijados en el ciclo clásico, el cual postula la existencia de doce sonidos. A partir de múltiples experimentos, Carrillo obtuvo intervalos de un dieciseisavo de tono, aunque en conjunto, según propias palabras, a partir de ahí el sonido 13 desarrolló “una multiplicidad de intervalos musicales jamás soñados”. Lo cierto es que su revolución  ‒como gustaba llamarle‒ dio pie a la invención de nuevos instrumentos, de un novedoso sistema de escritura y a la ejecución de música que fue recibida y apreciada en los principales centros culturales de Europa y América, tanto por sus cualidades intrínsecas como por la reforma que planteó respecto de las teorías clásicas y la física musical. Más de medio siglo después de muerto este innovador, sus ideas siguen dando frutos en la obra de Fernando Ibarra, joven compositor que más ha hecho propio el espíritu revolucionario de la obra de Carrillo para adaptarla a sus propias y originales ideas. 

Especializado ahora en el rubro de dirección de orquesta y coros (en el Conservatorio Nacional), desde muy temprana edad Ibarra comenzó a estudiar música. Inició su carrera con la guitarra y fue alumno del reconocido maestro José Carlos Laguna (Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, FAM-UNAM). A los 16 años, con un repertorio de temas muy elaborados ‒piezas que implican un gran esfuerzo de las manos para ser correctamente ejecutadas‒ sufrió de una distonía en la mano izquierda, lo cual lo obligó a suspender ‒al menos momentáneamente‒ la trayectoria de concertista instrumental y replantear sus objetivos, acaso por fortuna, pues tal vez sin el concurso de tal enfermedad no hubiera descubierto en Julián Carrillo y el sonido 13, concentrado como estaba en la ejecución guitarrística, un campo fértil donde concebir y generar obras musicales, estudios y teorías.

Fernando Ibarra define su proyecto cómo “El nuevo sonido 13”. Bajo este título ha dado a conocer en redes como Facebook y YouTube algunas de sus piezas musicales. A mi parecer se trata de material de gran valía, entre el que sobresalen Preludio a Colón, obra representativa de Julián Carrillo; y videoclips excepcionales como Meditación ‒sobre una pieza del compositor Tomás Luis de Victoria‒; y Quam Gloriosum est Regnum, cuya calidad es excelente en interpretación, edición y producción, demostrando con ello su gran profesionalismo. Del moderato de la Sonatina in sol mayor de Ludwig van Beethoven deriva el notable video vocal Arvo Pärt-Solfeggio (coro). Jorge Luis Borges, haikú microtonal, Microtonalismo y Ansiedad constituyen otras tantas muestras de sus facultades musicales. Conviene mencionar que además ofrece algunos tutoriales que convierten la visita a su canal en una inusual experiencia estética. 

Entre otras influencias musicales, se encuentran el violinista y compositor mexicano Silvestre Revueltas, en particular su obra Sensemayá, y el músico húngaro Béla Bartók, pianista, compositor, investigador folclórico de la música de Europa y fundador de la etnomusicología.

Ibarra considera tales referencias importantes porque los autores mencionados sufrieron todo tipo de obstáculos y críticas; por ejemplo, cuando Silvestre Revueltas presentó Sensemayá, el maestro Carlos Chávez le recomendó dedicarse mejor a tocar el violín. Sin embargo, el haber perseverado en su vocación nos permite ahora deleitemos con sus obras.

Como ya he sugerido, Ibarra también es un joven perseverante que, además de su intenso trabajo musical, conoce y utiliza las nuevas tecnologías de la información y comunicación (tic), por ejemplo, en la producción de podcasts y el empleo de redes sociales para la difusión de su trabajo y otros artistas.

Fue en Testimonio de oídas, programa de Radio unam cuando, al abordar el microtonalismo del nuevo sonido 13, Ibarra presentó una singular reflexión acerca de Carrillo, la cual me parece toda una revelación: advierte que aunque le guste tanto la obra del músico potosino, “no lo podemos santificar, porque existen ciertas cuestiones en su vida y música, que lo hacen una figura hasta cierto punto tóxica. El hecho de que tenga un método de rectificación y purificación musical ‒explica Ibarra‒ nos habla de una idea de supremacía, misma que no sabe si pueda conciliarse con la idea de tolerancia y diversidad cultural que tanto nos hace falta. Resulta irónico ‒observa‒ que siempre se hable de la psicología del sonido 13, pero no de la psicología de Carrillo”.

Al preguntarle su opinión acerca de gente cómo Edgar Varese, Pierre Henry, Pierre Boulez, Iannis Xenakis, John Cage y Karlheinz Stockhausen. Fernando me contestó, no sin profundidad: “Todos ellos fueron grandes artistas y lo que hicieron innovó en la historia de la música, en la historia del arte, pero de alguna manera sus obras se envolvieron en una neblina de intelectualidad que impidió al público superar sus ideales sobre el arte; los temas que les interesa consumir, vaya. Aún no ha llegado el mesías que cambiará el carácter aspiracional que mueve el consumo de música”.


En una charla más íntima me contó que considera importante el día en que se acercó a ver de qué se trataba el sonido 13 del maestro Julián Carrillo. Era una noche en la cual estaba aún reciente la pérdida de facultades de su mano por la distonía; en medio de su tristeza recordó que le habían hablado del compositor potosino, lo buscó y se puso a escuchar su obra, musical y teórica. Le fascinó la atrevida vanguardia que ésta representó en su momento. Así pues, decidió no abandonar del todo la guitarra y encontró la manera de tocar el Preludio a Colón de Carrillo empleando su guitarra eléctrica y un vaso de vidrio, para lograr sacar los microtonos. “No mucho después comencé a componer a manera de terapia, para alivianar la pérdida de [las facultades de] mi mano, y un día ya tenía material suficiente para hacer un canal y lo hice [en YouTube]”.

En cuanto al papel que adjudica a su música en el contexto nacional, Fernando Ibarra me contestó: “Sobre la música que hago, jamás la he considerado avant-garde. Puede que el término le quede, pero no es como la defino porque, a pesar de que hago experimentos para llegar a crear un estilo de composición microtonal y voy más allá del sistema tradicional, no busco romper la tradición, más bien intento crear una tradición microtonal y estilística.

”Creo que vivimos en la música un priísmo. Desde Chávez, la música no puede ser otra más que la de los compadres y aquí en México no hay espacio para el escándalo, para buscar la innovación musical, el sucesor del maestro se encarga de eso”.

Me parece que, con base en las declaraciones arriba transcritas el lector puede hacerse una idea de la pasión, el convencimiento y la amplitud de miras que están detrás de la propuesta musical de Fernando Ibarra.

La vanguardia que representa me es tan cercana como lejana. El sonido 13, surgido en la segunda década del siglo pasado, dejó un legado a la vez fértil y difícil de asimilar por el gran público. A algunos les importa ver qué ha sido de esta escuela en los últimos cien años; a mí me parece más interesante pensarla teniendo como horizonte el infinito: entonces, las posibilidades son interminables. Más aún si consideramos las herramientas tecnológicas que nos ofrece el siglo xxi en términos de comunicación: portales digitales y redes sociales ‒como Apple Music, Amazon Music, Deezer, Spotify, YouTube y Facebook, entre otros‒ abren las puertas para que el melómano escuche en cualquier momento y lugar del planeta música que, literalmente, acaba de nacer

Fernando Ibarra está consciente y preparado para aprovechar tanto las interminables posibilidades creativas que ofrece el microtonalismo, como las múltiples opciones que nos dan las tic para su difusión. Tal es la misión musical que se ha impuesto. Conviene seguir de cerca este interesante proyecto, pues me parece que el nuevo sonido 13 está destinado a depararnos intensos momentos de música inédita. 


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