La fiesta de San José en Mesillas, Tepezalá/ Imágenes de Aguascalientes  - LJA Aguascalientes
20/10/2021

Se cumplió un año del encierro coronavírico, algo insólito en la historia de la actual generación, que será recordado por décadas… Lo que creíamos que duraría –yo así lo creí– un par de meses, se prolongó un año, más lo que se acumule, pero independientemente de lo anterior, muchas fiestas populares continuaron celebrándose, quizá amparada la gente de que por tratarse de actos de religiosidad popular este solo hecho la protegerá de la muerte microscópica, o tal vez porque no creen en los efectos mortíferos del virus, o porque, total, la vida no vale nada; vaya usted a saber.

En fin. El pasado 19 de marzo se conmemoró la festividad del Señor San José; una fiesta de tonalidades verdes y amarillas, de las más populares de la Iglesia.

En Mesillas, una comunidad en el oriente de Tepezalá, casi esquina con el estado de Zacatecas, se celebra al esposo de la Virgen María en todo lo alto, con una danza excepcional; una danza de pluma y/o de conquista, en la que los indios transitan por las calles del rancho enfrentándose a las fuerzas del conquistador español.

Y así como afirman los radio astrónomos que ocurre con aquel ruido de fondo que escuchan, ese que ubican a una distancia de 15,000 millones de años, que corresponde al momento de la creación del Universo; del Big Bang, así me parece que sucede con esta fiesta popular de Aguascalientes, que es como si estos combates callejeros de machetes y escopetas que tienen lugar; estas prácticas, fueran un eco del momento traumático de la conquista, de la que se cumplirán 500 años el próximo mes de agosto. 

La imagen corresponde al instante en que los indios se disponen a fusilar al abanderado español, ritualmente, por supuesto, y entre tanto danzan gozosos en la pequeña explanada del templo dedicado al santo patrono. Se mueven con esos pasos suaves; alados, impulsados por los sones de un violín, y van y vienen incansables, hasta que suena el disparo que arrancará la vida al invasor, momento en que todos correrán a devorar el cadáver del europeo, desde luego también ritualmente.

Recuerdo que la primera ocasión en que asistí a esta fiesta, en los días siguiente me pregunté –cuestionamiento retórico– si realmente había ocurrido; si no sería más bien una alucinación de mi parte. Así de maravillosamente excepcional es esta fiesta. Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected].

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