Todo lo que te perdiste de la edición 63 en los premios Grammy, aquí te lo contamos - LJA Aguascalientes
02/12/2022

APRO/Roberto Ponce y Niza Rivera

 

Como se esperaba, la tejana Beyoncé iluminó la entrega 63 de los premios Grammy, conquistando el galardón por “Black Parade” en el rubro de Rythm’n’Blues, así como acompañante en la pieza de rap “Savage”, con Megan Thee Stallion, y el mejor video “Brown Skin Girl” al lado de Ivy & Wizkid.



 

En una noche donde las mujeres dominaron los Grammy, cabe recordar el llamado al boicot del canadiense The Weekend (Abbel Makkonen Tesfaye), cuando su álbum After Hours, aclamado por la crítica en comparación de otras grabaciones de artistas nominados como Justin Bieber, no alcanzó ni un solo llamado.

Para los públicos más jóvenes, la ceremonia de Grammys puede provocarles entretenimiento; pero son muchas las voces que se cuestionan cuántos intereses andan detrás de unos galardones obligadamente parciales toda vez que los dictados mercantilistas de los monopolios disqueros se imponen por encima de la calidad artística. Veamos…

El cotorro conductor de la ceremonia desde el Staples Center fue el sudafricano Trevor Noah; el talentoso Harry Styles obtuvo su estatuilla por Watermelon Sugar como Mejor Actuación Solista del Pop, mientras Billie Eilish repitió laureles con el Disco del Año, Everything I Wanted y la Mejor Canción para medios visuales “No Time To Die”; The Strokes ganaron con su álbum rockero The New Abnormal, Fiona Apple con “Shamelika” y “Fetch The Bolt Cutters”, y Lady Gaga con Ariana Grande a dueto con “Rain On Me”.

Cuatro leyendas de la música fueron reconocidas:

James Taylor, quien comenzara su carrera a finales de los sesentas con la disquera Apple de Los Beatles, conquistó el cetro con el Mejor Álbum a Vocalista de Pop Tradicional American Standard.

La bella artista de sangre mexicana Linda Ronstadt, quien padece Parkinson, por la música del documental The Sound of My Voice.


El jazzista Chick Corea, recientemente fallecido, por su Mejor Solo de Jazz Improvisado “All Blues”, y el Mejor Álbum de Jazz Instrumental, Trilogy 2, con Christian MacBride y Brian Blade.

Y la glamorosa diosa del country Dolly Parton con There Was Jesus, junto con Zach Williams por el himno “There Was Jesus”, Mejor canción cristiana contemporánea.

De este lado del charco, la mexicana Natalia Lafourcade añadió otro Grammy a su historial con Un canto por México vol. 1; el Mejor Álbum de Rock Latino Alternativo lo mereció el argentino Fito Páez con La conquista del espacio, Niche por su grabación 40 a Mejor Disco Tropical Latino, y el director venezolano Gustavo Dudamel se llevó las palmas con Ives: Complete Symphonies.

El Mejor Artista del Momento correspondió a Megan The Stallion.

Otros de los Grammys en el Staples Center de Los Ángeles, California: Folklore, de Taylor Swift; Future Nostalgia, de Dua Lipa; Wilcard, de Miranda Lambert; More Guitar Stories, de Jim “Kimo” West (New Age); Jesus is King, de Kanye West; Have You Lost Your Mind Yet?, de Fantastic Negrito; Joker, del compositor Hildur Gudnadóttir; Gershwin: Porgy and Bess, del director David Robertson con la Metropolitan Opera Orchestra y Danielpour: The Passion of Yeshua, del conductor JoAnn Falleta con la Buffalo Philharmonic Orchestra.

 

Fiesta en picada

Al menos desde hace una década las críticas contra los Premios Grammy han acrecentado su metralla debido a múltiples razones, pero no es sino en el último lustro cuando ya parece que esta fiesta viene de picada más allá de que los televidentes que los siguen por el mundo deben soportar un titipuchal de anuncios bombardeando sus sentidos y un montón de superficialidades en la pantalla chica.

Desde que la venta de discos CD comenzó a desaparecer y las nuevas canciones con sus videos pueden escucharse o verse en plataformas como YouTube, la gente se viene preguntando si el futuro de la industria discográfica ha entrado en su fase terminal. A esto se agrega la pandemia que ya no permite ver a artistas en concierto.

Retomando lo que se mencionó al comienzo, The Weekend (Abbel Makkonen Tesfaye) dejó ver que la falta de nominaciones se debió a que la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos –de la cual dependen los Grammy– lo presionaron para elegir entre una presentación en la 62ª entrega o su actuación en el pasado Súper Bowl LV, y que al elegir mostrarse en el show del medio tiempo del fútbol americano quedó fuera de los Grammy.

Tras lo anterior, The Weekend expresó el pasado 11 de marzo a The New York Times que “jamás le permitiré a mi sello que muestre mi música a los Grammy”, ello tras dejar ver que hay miembros del comité que selecciona a los nominados “favoreciendo a los artistas con conexiones con mismos miembros de la junta de la academia”.

En un apoyo paralelo, el británico Zayn Malik –ex boyband de One Direction al igual que Harry Styles, quien se llevó el Grammy a “Mejor Solo Pop Performance”–, hizo lo propio en redes sociales al afirmar: “¡Al carajo los Grammys y cualquiera que este asociado!, pues a menos que saludes gente y envíes regalos no hay consideración para nominaciones. El próximo año voy a enviarles una súper canasta de regalos”.

Y ese mismo día, a través de su cuenta de Twitter hizo un llamado a la inclusión y la transparencia, “y hasta que se asegure que se celebra la excelencia en la creatividad de TODOS y no haya ‘comités secretos’ al carajo los Grammys”.

En otros años artistas como Drake, Nicky Minaj y Wiz Khalifa también han hecho un llamado por la transparencia ante nominaciones en la máxima entrega de premios a dizque lo mejor de la música en Estados Unidos.

Los supuestos conocedores de la industria discográfica que otorgan los Grammys están lejos de estar en lo correcto si analizamos la historia. ¿Quién no recuerda la gran pifia que cometieron en 1989 cuando la categoría de Mejor Álbum de Rock Pesado o Actuación Vocal o Instrumental de Metal se le escatimó a un álbum de Metallica, otorgándoselo al disco Crest of a Knave, de Jethro Tull?

No faltan profetas apocalípticos que contemplan la caída de la democracia estadounidense como el principio del fin del imperio yanqui y la consecuente evaporación de este tipo de concursos que, como Miss Universo, hoy son parte de un pasado lleno de frivolidad y humillación monetaria (cuánto tienes, cuánto vales) en detrimento de los altos valores humanistas.


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