A la defensa de nuestros espacios patrimoniales/ En la paz de estos desiertos  - LJA Aguascalientes
28/05/2022

El patrimonio cultural está constituido por tres elementos básicos: la memoria, el territorio y la comunidad. Cuando hablamos de “nuestro” patrimonio, es porque compartimos corresponsabilidad como ciudadanos y ciudadanas que reconocemos ese patrimonio y lo resignificamos, porque somos, además, depositarios temporales de su  salvaguarda.

Generaciones antes de nosotros cuidaron nuestro pasado y es nuestro tiempo de protegerlo para futuras generaciones, es así como asumimos el valor que le damos a los registros de nuestro devenir histórico.

El hoy llamado Macro Espacio para la Cultura y las Artes ha vivido una serie de cambios a lo largo de los años. Pero empecemos por repasar rápidamente esta historia. El área que hoy ocupa este Macro Espacio fueron los Talleres Nacionales del Ferrocarril, al que hay que sumar la Estación y todo en su conjunto es lo que denominamos el Complejo Ferrocarrilero Tres Centurias.

El Ferrocarril se estableció en Aguascalientes en 1884, en pleno Porfiriato, y con él se potencializó el desarrollo de la industria local y el comercio, que vivió un impulso significativo siendo una de las principales actividades económicas de Aguascalientes durante el siglo XIX.

La ubicación permitió que Aguascalientes fuera seleccionado para establecer la Compañía del Ferrocarril Central Mexicano en 1897, lo que dinamizó aún más la economía de la ciudad y el estado. Y más allá de la economía la dinámica de vida cambió, se incrementó el número de obreros, se ampliaron las diversiones públicas, se sumaron el béisbol, la organización obrera, la migración del campo a la ciudad y de esta manera, Aguascalientes entraba en pleno a la era de la industrialización.

Desde entonces han pasado más de 130 años en los cuales se desarrolló la arquitectura industrial, la educación obrera, el deporte, el crecimiento urbano y, con ello, una infinidad de dinámicas sociales y culturales. Es reconocido por todos los habitantes de Aguascalientes como un área específica de la ciudad, con una arquitectura característica.

Además de un espacio urbano y arquitectónico, en este espacio se formaron y vivieron cientos de vidas y familias, sólo pensemos ¿cuántos en Aguascalientes no tenemos un abuelo o pariente ferrocarrilero?

Es justamente esa memoria que dejó de ser industria para convertirse en Patrimonio una vez que se privatizó el Sistema Ferroviario Mexicano en los noventa del siglo pasado. Los depositarios de esa memoria han sido y siguen siendo todos aquellos y aquellas que trabajaron para ferrocarriles, pero también para sus hijos e hijas, nietos y nietas.

Es aquí que empezamos a ver cómo funciona el Patrimonio, porque si bien el Complejo Ferrocarrilero Tres Centurias es un espacio urbano y arquitectónico, es sobre todo el espacio donde se recreó parte de la vida de una ciudad y la de miles de personas por más de un siglo.


Cada edificio representa un espacio industrial o administrativo con herramientas, mecanismos, archivos, conocimientos y personas haciendo uso de ellos. Es una conjunción de saberes, una diversidad de instrumentos que hoy en día conforman su diversidad patrimonial.

Con el paso del tiempo la reapropiación del área ha generado varias cosas: la valoración de los bienes que ahí se encuentran o encontraban, el expolio de los bienes muebles, la intervención de los espacios para uso y disfrute actual, el rescate e inventario de algunos de los bienes, la investigación y análisis de la historia y arqueología de la zona, etc.

Como podemos ver ha sido ambivalente, se ha promovido la reapropiación de los espacios, pero se ha permitido el expolio de los bienes muebles, se ha promovido la cultura a través del establecimiento de espacios para la cultura y las artes, pero se ha permitido el establecimiento de oficinas para la industria.

El problema no es que se habilite y acondicione un espacio, es que se pierda la esencia al no tener claro el objetivo. Recordemos que al Patrimonio Cultural lo constituyen el territorio, la memoria y la comunidad y me pregunto, ¿de qué manera se promueve para una comunidad que ya goza de un espacio patrimonial a través de las caminatas, los paseos en bici, los ensayos de danza, la pintura y fotografía al aire libre, etc., que se hagan oficinas de empresas?

Cuando se decidió que en este espacio se estableciera la Universidad de las Artes y posteriormente el Museo Espacio, la Preparatoria de las Artes, la Biblioteca Centenario Bicentenario, se le estaba dotando de una nueva funcionalidad para uso y disfrute de toda la comunidad, de esta manera se le estaba dando una identidad clara y permitió que poco a poco la población se fuera reapropiando del Patrimonio, lo cual ha permitido que siga presente y vivo.

El problema resulta cuando al Patrimonio se le interviene para fines enteramente económicos, cuando el bien patrimonial es visto como generador de riqueza económica sin pensar en la comunidad que ya lo disfruta, ni en la memoria que se resguarda en él, ni en la explotación del territorio.

El reciente proyecto anunciado por el Gobierno del Estado es un proyecto pensado más para la economía que no para la cultura, y no es que esté mal que se rehabiliten los espacios patrimoniales, por el contrario; el problema está en para qué se rehabilita ese espacio.

Hemos visto cómo nuestro Patrimonio Cultural y Natural se ha ido desmantelando de poco en poco en nombre del progreso, del desarrollo, del bienestar económico. Así hemos perdido la esencia de la Alameda, el área ecológica protegida frente al Tecnológico de Aguascalientes para crear un centro comercial y hoy estamos viendo cómo en nombre de los mismos argumentos, uno de los patrimonios más valiosos del Estado de Aguascalientes se convertirá en un espacio comercial más, como si nos faltaran cines y gimnasios, como si nos sobraran bienes culturales patrimoniales, como si nos sobrara agua para atender un nuevo hotel.

El problema de estas decisiones es que son unilaterales, es que no preguntan a los usuarios actuales de un espacio patrimonial que ya está reapropiado, es que no preguntan y consultan a más especialistas en patrimonio cultural e historia de Aguascalientes.

Es así que vemos cómo nuestros espacios históricos y patrimoniales se convierten en áreas comerciales, lo que provoca con mayor facilidad que se venden al mejor postor los bienes patrimoniales muebles a través de medios electrónicos y hasta por catálogo. Pareciera que del Patrimonio Cultural sólo nos interesa una versión, la que se puede comerciar y ahí es donde pierde todo su sentido comunitario, su propia territorialidad y su memoria.


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