Cannabis legal / Yerbamala - LJA Aguascalientes
29/11/2022

Los mexicanos tenemos una larga historia de relación con la mariguana y sus derivados, desde la medicina tradicional hasta el hábito social, pasando por la prohibición. Pero la historia del prohibicionismo es larga. El caso de la mariguana no es la excepción, prohibida en México al menos desde 1920, según Schievenini, J.D. (2012). Es decir, que enfrentamos ya al menos un siglo de prohibición en la materia. Pero para tener un debate mínimamente informado sobre el asunto del consumo de ciertas sustancias largamente estigmatizadas y tenidas como dañinas a la salud, bien podríamos empezar por decir cómo han podido demostrar empíricamente numerosos grupos científicos de estudio en todo el mundo, la mariguana ni es la raíz de todos los males ni la cura de todas las enfermedades, como bien dice el médico de la Universidad de Colorado (por cierto uno de los estados federados del vecino país que ya despenalizaron el consumo del cannabis) Andrew Monte (La Marihuana en México, El Informador, 20 de noviembre de 2020).

Sabemos bien por una dilatada y dolorosa experiencia social mexicana reciente, que el prohibicionismo y su consiguiente “guerra contra las drogas” no solo es una política impuesta por otros al gobierno mexicano, sino evidentemente fallida, que ha traído violencia y criminalidad creciente y numerosas muertes asociadas al crimen organizado en México, especialmente durante los pasados años, pero que también es hoy una clara contradicción. ¿Qué sentido tiene mantener el prohibicionismo y perseguir a los consumidores de cannabis cuando son cada vez más los países que han ido despenalizando y regulando legalmente la posesión y el consumo?

Se comenta poco, por ejemplo, el hecho de que el pasado noviembre los estadounidenses no solo eligieron a Biden, sino que además en cinco estados también se votaban varias propuestas para regularizar el cannabis de forma recreacional o medicinal. Así, a los once estados en los que ya es legal su uso recreativo, se les sumaron Arizona, Nueva Jersey, Mississippi, Montana y Dakota del Sur. En total, tras estas votaciones, más de 111 millones de estadounidenses viven ahora en estados donde los adultos podrán acceder o cultivar marihuana para uso recreacional, un 33.8% de la población total de ese país. Estos cinco nuevos estados podrían abrir un nuevo mercado de marihuana, tanto terapéutica como recreacional, que ascenderá a 2,500 millones de dólares en 2024. Y es solo un ejemplo. Qué decir del tan conocido caso de los Países Bajos (siendo Amsterdam la capital mundial del cannabis) o del pequeño Uruguay, que ya lo hizo. Pero también Alemania y Argentina en 2017, Australia en 2016, Canadá en 2018 junto con el citado Uruguay, Colombia en 2017, Chile en 2015, o Dinamarca, España, Francia, Israel o Italia, sólo por citar los casos más relevantes. ¿Se han vuelto dichos lugares más violentos desde que se despenalizó el cannabis? La evidencia indica que no. ¿Hay más adictos al cannabis entre niños y jóvenes? No necesariamente, aunque es verdad que diversas adicciones aumentan a nivel global entre niños y jóvenes por razones multifactoriales, y no solo por la legalización del consumo de cannabis.



 

En contraste, llama la atención la histórica falta de energía y severidad del estado mexicano y de la sociedad entera para sancionar otro tipo de consumos muy adictivos y dañinos: la comida chatarra (especialmente entre niños y adolescentes, con la consiguiente y grave epidemia obesogénica que tiene mucho que ver con la gran mortalidad asociada al covid-19), el alcohol o el tabaco.

Como en otros temas importantes, los mexicanos vamos tarde y mal en materia de regulación y control del consumo de estupefacientes en general y del cannabis en particular. Así que las normas que tiendan a regular, ordenar y a despenalizar conductas que no ameritan la persecución del estado no pueden ser más que bienvenidas y urgentes. Así, tal vez el estado se pueda centrar en perseguir los delitos de alto impacto y no a consumidores de cannabis, a quienes se estigmatiza y se criminaliza recurrentemente. 

Sería además, el monopolio del estado en el cultivo regulado y la venta de cannabis y su exportación, una fuente no menor de ingresos fiscales para financiar, por ejemplo, las crecientes necesidades de la salud pública, como ha quedado claro durante el pasado año.

Así que bien vale la pena preguntarnos en el tema del cannabis, que intereses se sirven manteniendo prohibiciones absurdas y desfasadas en 2021. ¿Por qué no empezar ya a construir en estos temas un estado que sirva al interés público, que amplíe y ampare libertades públicas y ciudadanas y que las proteja de manera firme? Así lo ha entendido la SCJN en numerosas sentencias respecto al consumo medicinal y recreativo del cannabis, que son las que han puesto sobre la mesa la necesidad de legislar en la materia, por más que el asunto se pierda, se diluya y se enrede entre las obsecuentes Cámara de Diputados y Cámara de Senadores hasta el día de hoy.

 

@efpasillas



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