El mensaje tras las mentiras de Pinocho / Sobre hombros de gigantes  - LJA Aguascalientes
14/04/2024

A nuestro alrededor existen mensajes que nos ayudan a formar nuestra conducta, nuestras reacciones, a construir la realidad. Dependiendo del tipo de información, la clase del signo, la forma de recepción e interpretación, es como puede observarse la gran cantidad de señales que se nos muestran en la interacción de la sociedad.

El arte es un símbolo, una expresión de ideas, de un sentir, de una visión del mundo. En ocasiones se expresa para denunciar, en otras para expresar sentires, para manipular, para liberar, e incluso para tratar de lograr el mejoramiento del ser humano y su búsqueda de equilibrio. Según Picasso el arte es una mentira que nos hace caer en la cuenta de la verdad; y la película Pinocho, de Walt Disney, es un ejemplo de esa búsqueda de mejora del ser humano, dirigida principalmente a niñas y niños, quienes aún no están viciados por eso que llamamos “madurez”.

La película fue proyectada a partir de 1940 y se ha convertido en un clásico alrededor del mundo. La historia de esta marioneta de madera, más que escribirse para entretener, contiene un mensaje de perfección humana sumamente interesante y profundo (Pinocho fue escrito por el italiano Carlo Lorenzini entre 1881 y 1883).

En principio encontramos a Geppetto, un artesano que crea un ser con una finalidad de perfeccionamiento. Luego el Hada Azul da a Pinocho la vida y el libre albedrío. Pero Pinocho aún no es un niño de verdad (un ser humano de verdad), debe demostrar que es valiente, sincero y desinteresado para llegar a serlo. Comienza su viaje como un pedazo de madera que deberá luchar contra las tentaciones mediante el empleo de su conciencia (Pepito Grillo) y buscará el camino correcto. El primer paso lo dará al ir a la escuela (conocimiento), pero las tentaciones entran en ese proceso de perfeccionamiento (vida).

Pinocho conoce a un zorro, el “honrado” Juan (en inglés Jonathan Foulfellow -mal compañero-), y a Gedeón el Gato, que siempre trae un mazo que no duda en utilizar para el caso de que Pinocho utilice su mente para pensar y decidir (el mazo es símbolo de la represión contra el pensamiento, a través de la violencia se somete la libertad). Ellos lo guían a la vida fácil, la fama y el éxito, a pesar de las advertencias de su conciencia; por lo que es vendido a Stromboli, promotor de títeres, que lo pone en contacto con la fama, la fortuna y otros candentes títeres.

Pinocho se da cuenta de los costos de esa vida fácil: no volverá a ver a su creador, las ganancias sólo son para su controlador, y se da cuenta que al envejecer no será nada: es simplemente un títere, enjaulado, que a pesar de cantar que “sin hilos se puede mover”, sigue siendo un títere sin libertad. Pinocho retoma su conciencia (Pepito Grillo) y trata de liberarse, pero al principio choca con la construcción de la realidad a través de la mentira, para tratar de no hacerse responsable de sus acciones, sino atribuírselas a otro; pronto se da cuenta que eso no le sirve, pues además de no liberarse, la mentira siempre se hace evidente, cada vez que le crece la nariz; por lo que comprende que tiene que ser fiel a su propia esencia (al único que puedes traicionar es a ti mismo).

De vuelta al camino correcto, nuevamente es abordado por el zorro, que lo invita a la “isla del placer”, un lugar sin escuela ni leyes (sin conocimiento ni autocontrol), donde los niños pueden, comer, beber, fumar, pelear y destruir, bajo la mirada de “el Cochero”, que los alienta a realizar estas conductas, pues sabe que con eso creará esclavos: se convierten en asnos, animales dóciles para el trabajo, que son explotados en trabajos forzados (aunque en la realidad los asnos son sumamente inteligentes, con una palmada en el lomo, y alimento en el hocico, se dejan controlar). Pinocho recobra la conciencia, y no alcanza a convertirse completamente en asno, por lo que escapa de la isla del placer.

Estos errores y tropiezos, el caos, la manipulación y el control, los golpes del mazo, ayudan a Pinocho a pulirse y comprender cuál es el camino adecuado para convertirse en un niño de verdad (un ser humano de verdad). 

Pinocho regresa a casa para encontrarse con su padre, pero se entera de que salió en su búsqueda y fue tragado por una ballena; entonces, se proyecta al mar, y es tragado por la ballena para tratar de encontrar a su padre. Es decir, Pinocho se adentra en sí mismo, a su búsqueda interior, a preguntarse quién es, por qué está aquí, para qué sirve su existencia. Ahí es donde se da cuenta que la fraternidad, el conocimiento, el equilibrio con los demás es lo que lo hace humano. La ballena los expulsa, y Pinocho se convierte en un niño de verdad (rompe sus hilos de títere, se libera de sus cadenas), por lo que Pepito Grillo recibe una medalla de oro: el poder del conocimiento de sí mismo, la transformación de un pedazo de madera en un ser humano.


La película no es un simple mecanismo de entretenimiento, sino un mensaje de mejoramiento de sí mismo y de perfeccionamiento en su relación con los demás. Si las y los niños hacen consciente esta idea cuando comiencen a “madurar”, y las y los adultos la tuviéramos presente, otro mundo sería posible…

¡Feliz mes de la niña y el niño, y felices vacaciones!


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