Encuentro Nacional de Arte Joven: Un Joven Viejo - LJA Aguascalientes
03/10/2022

¿Será tal vez mejor hablar de un arte joven y de sus diferentes etapas de desarrollo, digamos, de un arte púber, un arte adolescente, un arte en climaterio…?

Maris Bustamante

 

Con cuarenta años en el escenario de las artes en México, se hace necesario realizar una reflexión crítica ante el proceso de erosión que viene experimentando por décadas como espacio de legitimación del sistema de promoción y aliento a la creación, el Encuentro Nacional de Arte Joven, ENAJ, auspiciado por el Gobierno Federal, estatal y con el aporte intermitente de la iniciativa privada.

Este espacio dirigido a los grupos etarios de artistas jóvenes y emergentes del país, a la vez que se estableció por generaciones como una plataforma y un medio de visibilización individualista en la escena del arte nacional, no ha sido para muchos, pasaporte o salvoconducto que los acerque a los anales de la historia, al mercado del arte y por ende les otorgue a los creadores el ansiado reconocimiento profesional que a la postre y por añadidura, les permita vivir con solvencia del oficio.

En este certamen se da la selección de obra, que responde a conceptos preestablecidos por aquello que se considera es directriz en el arte, cuyo resultado es el acrecentamiento de una colección y una exposición (en sus tiempos con amplia itinerancia), la cual marca la tendencia que año con año, sugiere la línea de producción entre los jóvenes, en tanto se erige en corolario de la veracidad de las tesis de los jurados en turno, fundadas en sus preocupaciones y especulaciones estéticas y teóricas, ejerciendo como árbitros del gusto y como cabría en esta consideración, funciona como sostendría un catedrático y artista: “como filtros para identificar a los pocos ‘mejores’ útiles, en lugar de preocuparse por mejorar a los individuos y permitirles contribuir comunitariamente” (Camnitzer, L.).

Conviene subrayar que es también un espacio de poder en el que se dan tensiones entre diversos enfoques del hecho artístico, sus prácticas y escenarios de actuación, que se quedan en el discurso, pues no tienen una salida más allá del cubo blanco, y que, por otra parte, se generan discursos y significados que de alguna manera son eco de la educación y de la formación artística que se da en las escuelas de arte del país a nivel profesional, y que en sus orígenes, fue fundamento de este concurso.

La exposición es la forma en cómo las instituciones involucradas perciben y proyectan su política cultural, que es transmitida mediante una muestra con base en un modelo expositivo contemplativo, que apela a la esteticidad con el interés de suscitar relaciones y vivencias afectivas entre el público y evocar lo admirable y lo asombroso, (Lord y Dexter), más no un encuentro en el sentido amplio como arena para el debate del fenómeno artístico, siendo su frontera esa precisamente en la que están ausentes las redes de investigación, colaboración y precisamente de encuentro.

O bien, aspirar a que esa exposición sea: “…un acto comunicativo, seductor, capaz de hacernos pensar, reflexionar y accionar en torno a problemas y situaciones específicas de nuestra vida social o de la naturaleza”, como lo plantea el antropólogo Luis A. Galindo.


Este certamen atraviesa por una crisis. Se presenta como un modelo agotado de legitimación, por lo que habría que explorar distintas vías que alienten prácticas artísticas que partan del mundo que ahora tenemos para modelar un futuro que queremos, que permitan explorar posiblemente nuevos conceptos y narrativas en un espacio-temporal mediante visiones disímiles de interpretación del hecho artístico, que traduzcan y nombren nuevos universos desde lo individual a lo social, para que nos ayude a comprenderlo.

Es conveniente dar el salto cualitativo para salir de lo establecido con miras a revitalizar procesos e ideas. Disminuir la brecha entre el público y el disfrute de la producción cultural y artística, brindar y propiciar mediante un trabajo de mediación, experiencias significativas que pongan en valor los patrimonios para involucrarlo con él, que les digan a las audiencias algo de sí mismos y que se comparte.

Arte Joven debe asumirse como potencial elemento de cambio que evoluciona hacia otros formatos para trascender los muros de la legitimación institucionalizada durante décadas por el aparato de la crítica del arte y del mercado.

Ello exige asumir otros formatos en cuanto a la producción, la distribución y el consumo, ante el pronunciamiento y el giro conceptual del arte. Este entendimiento posibilita entre otras, emprender de manera innovadora, el fomento mediante el ensayo de vías alternas como la co-creación que favorece la autoría múltiple. Requiere romper con su propio paradigma de encuentro. Demanda presupuesto, tiempo y esfuerzos, y apela a la llamada voluntad política.

Simultáneamente precisa desarrollar o revisar, otras dimensiones con énfasis en el campo de la extraordinaria diversificación y multiplicación, de la creación de bienes culturales materiales e inmateriales para redefinir su filosofía y propósitos, exigiendo dinámicas en la urgente necesidad de renovación acorde al cambio de mentalidad que las instituciones del mundo del arte y la cultura operan y experimentan a nivel mundial.

El ENAJ podría ser una herramienta, un foro y un espacio reflexivo, de pensamiento y debate, que genera saberes, fomenta y explora un encuentro real para la comprensión, la creación, la investigación, es decir, un lugar que posibilite la conjunción entre teoría y práctica.

Un recurso que abra el acceso a los mundos que habitamos en esta etapa del individualismo extremo, del hiperconsumo y de la pérdida de identidad, en el marco del expolio de los recursos naturales por el capitalismo en su etapa más álgida, la salvaje, y su expresión más excluyente: el neoliberalismo, que establezca múltiples conexiones y senderos en los ámbitos material e inmaterial del arte y la cultura mediante las variadas prácticas artísticas de productores en ciernes y de manera colaborativa.

En la actualidad está presente en los jóvenes, la preocupación y el interés por los temas sobre la violencia ejercida desde las estructuras de poder, de género, la patriarcal, ecológica, la migración, el desempleo, el narcotráfico, el abuso policial, los desaparecidos, la descolonización cultural, la gentrificación de las ciudades, la negación y el acceso a una educación superior pública que experimenta un proceso de privatización que se traduce en inalcanzable, por el pago de colegiatura considerando que la mayoría de la población de México vive en pobreza, (60%), que aún no se recupera de la tormenta neoliberal de más de 30 años.

Continúa con las luchas urbanas por espacios dignos para la vida y una conciencia cada vez mayor, por exponer y denunciar esas realidades a través de las prácticas artísticas, entre muchas más, en el que se juega un rol de activismo y de gestoría cultural, que pondera el valor social del arte que desiste de posturas individualistas.

Son recursos de un encuentro y para estos fines entre otros, las mesas de trabajo, presentación de investigaciones en variados formatos de las experiencias, intervenciones en el espacio público, rural o urbano para arrebatarlos por lo menos durante algunos días de la figura del no lugar, para compartir ideas y perspectivas entre creadores, investigadores y público, y que el producto de esa jornada, sea una lectura cuyo testimonio es el registro documental de los valores, las visiones, conocimientos, que se comparten globalmente como una experiencia creativa inmersa en las prácticas del arte contemporáneo donde tiene lugar la alteralidad y la inclusión, además de vincularse con instituciones desde lo local a lo internacional.

Es decir, construir un laboratorio, un espacio de experimentación y reflexión, además de individual donde cabe el divertimento o el gusto simplemente por el hacer, y con programas transversales dirigidos a comunidades y público en general, como foco de la cultura contemporánea que socializa y comparte la práctica artística con un valor crítico a la vez que también vivencial, que se apoya igual en la deriva, en lo impredecible, en lo efímero y que apela a la memoria más que al objeto como obra única, irrepetible, que es cosificada institucionalmente y embodegada.

En tanto, aquella obra adquirida para la contemplación mediante la figura de premio adquisición, se encuentra en un recinto exprofeso, agrupada en una colección susceptible de ser fuente de investigación que aguarda nuevas interpretaciones histórico-artísticas, arqueológicas, como vestigios del pasado reciente del desarrollo de la plástica que se dio en el país; y por lo mismo, ya como bien patrimonial, que cabe ponerlo en valor, acercándolo al público bajo diversas lecturas, para entender el presente que clama por otras dimensiones del hecho artístico.

Aspectos importantes, cuando se trata ahora desde el punto de vista patrimonial, el traer al momento la edificación que como contenedor, fue un almacén y que alberga hoy la colección del ENAJ, que deja abierta la posibilidad de crear un centro de investigación y de interpretación a cargo de un grupo de expertos de la ciencia museológica, que incluya el reforzamiento del área de conservación y la restauración, considerando que la entidad federativa posee además, importantes acervos artísticos de alto valor patrimonial de México para el mundo, de los cuales es depositaria la institución rectora de la cultura en el estado.

Ensayar caminos vinculados con otros campos del hacer y los saberes, mediante renovadas metodologías de producción artística, de aquellas que nacen del campo emergente con acento en la exploración del proceso creativo, que lo socializa en un marco incluyente y que abandona la galería como espacio de contemplación y sacralización, como lo sostiene Robert Smithson, al afirmar que: “Cuando una obra de arte se coloca en una galería, pierde su carga y se convierte en un objeto portátil o una superficie desvinculada del mundo exterior”, por lo que es fundamental hacer visible lo que una obra de arte colgada de una pared está impedida de nombrar.

Un encuentro que procure un variado abanico de temas y ejes para compartir experiencias y metodologías entre pares en el terreno de la creación y la formación en arte contemporáneo, que faciliten la visibilidad de las prácticas artísticas actuales y de intervención de entornos, virar hacia la creación de espacios de encuentro entre jóvenes artistas, la educación y la formación de públicos, andar con la sociedad en general abarcando otros grupos de la población que no sabe del Encuentro que es la mayoría de la población.

Es tener presente las experiencias espaciales y sensoriales que se dan en el espacio público, que plantea a quién se dirige la propuesta, para encontrar los canales de comunicación que procuren un diálogo horizontal, que suscita la curiosidad y el interés, se debe considerar posiblemente esto, ya que podría acercar a futuro al público que no se para en los museos.

Concebir el Encuentro como lugar para compartir los territorios expandidos del arte, que permitan ofrecer una plataforma que faculte a las nuevas generaciones a crear redes que abran líneas de comunicación, diálogo y debate que interconecten; que tengan cabida como se ha dicho, las prácticas comunes, colaborativas, horizontales, así como a desalentar las prácticas institucionalizadas de otorgamiento de premios económicos, que se dividen para jalar la cobija presupuestal a fin de cobijar al degradado mérito artístico dividiendo esos incentivos pecuniarios entre varios participantes, que subrayan el agotamiento de ese modelo de concepción de la política cultural. 

En suma, el Encuentro, como experiencia pedagógica, artística y social, puede ser fehacientemente un espacio abierto, que, como un constructo social, se bosqueja como un proyecto de largo aliento y alcance, al tiempo que natural y provocador de diálogos, en la necesidad de la existencia del uno con el otro, de la democracia participativa y del fomento a una cultura de paz. 

Así, el joven viejo conseguiría virar 180º, a viejo joven, que, desde una renovada concepción podría tener cabida para su celebración nacional y punto de encuentro con los jóvenes artistas del país, en los espacios dedicados a la enseñanza artística profesional, pertenecientes al Instituto Cultural de Aguascalientes, cuya infraestructura es inmejorable, en la ciudad capital del estado, así como en los entornos urbanos y rurales de la misma entidad federativa. 

Abril de 2021

 

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