La democrática política del “microbito”/ Sobre hombros de gigantes - LJA Aguascalientes
25/05/2022

Tal pareciera que, como los creadores de Los Simpson, el grupo Fobia desde el año 1990 predijo que las autoridades mexicanas querían ser “un microbito” que habitara en nuestros cuerpos y mentes, como en los viejos regímenes autoritarios de los gobiernos totalitarios.

Esa mentalidad de los gobiernos de meterse “hasta la cocina” de los ciudadanos y, aún más, hasta sus pensamientos y sentimientos, no es algo nuevo. Cada sexenio, trienio o administración se ha querido vigilar de forma extrema a los seres humanos en cada rincón del planeta. Pero, esperen, ¿no que no eran como los otros? ¿entonces por qué se retoman las mismas prácticas, acciones y figuras propuestas por las anteriores administraciones, y sólo se les da un nuevo nombre? O ¿cuál es la diferencia entre el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (RENAUT) de Calderón en el 2008, y el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil de Morena de 2021? Además del cambio de la primera palabra, cuyas iniciales les recordarán permanentemente a sus creadores a los azulillos (Panaut), la diferencia es que esta propuesta es aún más invasiva y lesiva de la intimidad del ser humano, y que solo es el ensayo para retomar el tema de la “cédula de identidad única” que planteó Vicente Fox, primer Presidente de “oposición”, y que no pudo concretizar, al igual que Calderón y Peña, pero que el gobierno diferente lo retoma y lo impondrá mayoritariamente.

Y ¿qué se pretende con la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión? Crear un registro de usuarios de telefonía celular en México, que los obligue a entregar sus datos biométricos para poder disponer y utilizar una línea telefónica. Así es, entregar no solo tus datos personales como nombre, domicilio y CURP, sino también tus huellas dactilares, registro de iris, voz, y patrón genético de ADN. ¡Así de sencillo!, si quieres usar un teléfono celular, deberás permitir a empresas particulares que se metan a tu cuerpo y mente, y le den esa información al Gobierno; todo esto de forma obligatoria, y sin sustento Constitucional.

El debate no es simplemente si la medida es válida, pues evidentemente violenta el artículo 16 Constitucional, ya que la entrega de los datos personales para un registro de usuarios telefónicos, no es una medida de seguridad nacional, ni el orden público está por encima de la intimidad particular, ni se refiere a cuestiones de salud pública, ni se protegerán los derechos de las empresas terceras teniendo acceso a nuestro ser. El debate tampoco está en gastar ya nuestro dinero a través de “Juicios de Amparos”, contra una ley que aún no es aplicable (requiere que se expidan lineamientos para su operación, y se tendrán dos años para que los actuales usuarios registren sus datos). Además, seguramente las minorías parlamentarias y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, interpondrán una Acción de Inconstitucionalidad procedente, que tendrá efectos para toda la población.

El tema es que se trata de un ensayo para saber si se requiere reformar o no a la Constitución y retomar el tema de la Cédula de Identidad Única, para el control total de la población (¿recuerdan la Policía Militar de Peña Nieto que fue declarada inconstitucional, por lo cual el actual Congreso de la Unión modificó la Constitución para crear la Guardia Nacional?); pues sólo un par de renglones de la exposición de motivos habla de que ese padrón es para “colaborar con las autoridades competentes en materia de seguridad y justicia en asuntos relacionados con la comisión de delitos en los términos de las disposiciones jurídicas aplicables”, pero el artículo propuesto nada refiere a cuestiones de seguridad o delictiva, sino que obliga a dar esos datos biométricos en cualquier supuesto (además, ya existe norma constitucional para intervenir comunicaciones privadas para efecto de investigación y sanción en materia de delitos, por lo que este “patrón” violenta cuestiones de confidencialidad y constitucionalidad al dejar a un lado a los Jueces Federales).

Basta reflexionar que el derecho a la intimidad se traduce en una esfera de la persona que no puede ser conocida por los demás: conformación de su cuerpo y mente, sentimientos, hábitos y costumbres, relaciones familiares, situación económica, creencias religiosas, salud mental y física, y todos los datos reservados al propio individuo, cuya divulgación sin su consentimiento provocarán un peligro real e inminente para su ser y plan de vida.

El caso de Renaut fue una operación fallida que no disminuyó índices delictivos, no ayudó a investigaciones penales, y además los datos reservados fueron filtrados y vendidos a particulares; ¿quién asegura que no pasará lo mismo en esta ocasión, si se están haciendo las mismas acciones e implementando las mismas políticas de administraciones pasadas? Si no podemos saber qué información personal será conocida en medios particulares o sociales, y no podemos calcular quiénes serán los destinatarios de esa información, no tenemos vida ni libertad, ya que no podremos ejercer nuestro plan de vida con tranquilidad. 

No es nuevo que las líneas telefónicas o cuentas de internet sean intervenidas en forma ilegal para vigilar las actuaciones de los ciudadanos. Los celulares no sólo dan servicio de comunicación al usuario, pues también facilitan su seguimiento, localización, y ubicación exacta (y más si registramos la actividad en Facebook para que todo México se entere). Cada vez que se hace una llamada queda registrado en la central satelital, su contenido, tiempo de duración, si se trata de una comunicación entrante o saliente, y el número de destinatario de la llamada. También se pueden interceptar llamadas mediante programación de un celular para que tome las comunicaciones de otro, o calibrar los teléfonos para hacer un barrido de frecuencias. Para saber qué estuvo realizando un usuario en su computadora, basta utilizar un software de administración de redes, que posibilita convertir a cada PC en un medio de vigilancia; puede desde contar el número de digitaciones por minuto, deducir la tasa de errores, el tiempo en que le toma a cada persona efectuar determinada tarea y el momento en que dejó de utilizar la computadora. También permite leer los mensajes electrónicos enviados a un usuario, ver lo que muestra la pantalla en tiempo real, sobrescribir contraseñas y abrir archivos, y finalmente permiten tomar control de su máquina en caso de ser necesario. A todo lo anterior se pueden agregar aparatos infrarrojos, fotografías satelitales, sensores de radiación de calor, softwares para reconocer el contenido de un mensaje electrónico; cookies o archivos de información que envían determinados sitios web y que, a través del browser o navegador del usuario, se graban en el disco duro de su máquina, y cada vez que uno regresa al sitio que envió la cookie, el browser reenvía al servidor las cookies que éste mandó en sesiones anteriores; así, el propietario del sitio puede saber cuántas veces se le visitó, qué páginas dentro de ese sitio prefirió y cuánto tiempo duró cada visita; si dudan de esto, basta con buscar algún artículo o información en internet, para que empiecen a recibir noticias e información de lugares a los cuales no han accedido (¿sabían que todo este párrafo lo escribí en el año 2004). Y lo mejor, pasen cerca del celular de una persona, para que minutos después les aparezca su perfil de Facebook en “personas que quizá conozcas”.

La intimidad involucra la decisión personal de determinar quiénes y en qué condiciones tomarán conocimiento de ciertos aspectos de nuestra vida personal; y no me siento cómodo cuando la ficción de Orwell o Kafka supera una realidad donde la ciudad se convierte en la cárcel más grande de una sociedad; vivir es una constante lucha por alcanzar tu plenitud y dejar la libertad condicional; el único lugar en el que éramos totalmente libres era nuestro cuerpo y nuestra mente; al parecer, gracias a las leyes actuales, esos tiempos quedarán en el olvido.



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