La firma, Yo el Rey/ Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
29/09/2022

El periodista Ricardo Rocha acaba de publicar una excelente pieza de su En Mi Opinión, El Es- todo soy Yo, (Fuente: https://bit.ly/3xjEZFd), Yo Andrés Manuel López Obrador, un deslumbrante esbozo de su personalidad codificado en extremo egocentrismo, que para mí delinea un incisivo retrato hablado. Hecho que me ayuda a corroborar la importancia y la pertinencia de buscar en los rasgos de su personalidad, el predecible impacto social de sus acciones y toma de decisiones, al provenir del más alto nivel Ejecutivo del país. Reafirmo, pues, la utilidad de obtener en la medida de lo posible un “perfil personal” de su actuación presidencial, como premonitoria de efectos destructivos de la convivencia ciudadana, mediante la polarización, y afianzamiento de un modelo autoritario y personalista en extremo, dictatorial, por definición antidemocrático.

En la entrega anterior, dejé planteado un marco lógico básico para acometer dicha tarea. Ahora, estructuro su punto de partida, haciendo recurso de un llamado sistema de influencia positiva, que debemos al psicólogo clínico David E. Berlew, Ph. D., quien fundó un instituto denominado Situation Management Systems, Inc. En Plymouth, Massachusetts (1977 y ss.), que sentó cátedra en el famoso MIT –Tecnológico de Massachusetts– y publicó un manual de aplicación de dicho sistema, adaptado a su modelo de Negociación Positiva/Positive Negotiation, en 1984. Cuyo concepto esencial lo define como aprender a negociar, no por objetivos comprometidos de antemano, sino para satisfacer necesidades genuinas de las partes intervinientes. Cuando resolvemos con eficacia las necesidades propias y ajenas, hemos resuelto satisfactoriamente cualquier situación o posibilidad de conflicto. 

Por primera vez, se incorpora el uso de la energía humana y no necesariamente la equivalente a la fuerza física, sino a la capacidad mental y emocional para influir en el otro. Entonces, energía de influencia psicológica y emocional, vehiculada a través del instrumento estrella que es la palabra; que se conjuga diestramente con el gesto, la mímica, el lenguaje corporal. Elementos que ensamblados con armonía producen un efecto eficacísimo: persuadir al otro del valor de la propuesta que se le presenta. En suma, es un sistema referido al “know how” –el cómo hacerlo– acerca del arte de persuadir inteligentemente, a la vez que emocional y apasionadamente.

Su fundamento reside en el conocimiento de la energía humana aplicado en la práctica, que es similar al de las artes marciales –genéricamente dichas, orientales–, que nos enseñan la eficacia del uso con habilidad y destreza de formas de aplicación, que otros entienden como poder, y son puestas en práctica en un encuentro cuerpo a cuerpo; mente a mente, que el pensamiento griego recogió magistralmente en la disciplina de la Retórica, “el arte de la persuasión”. La propuesta innovadora de este sistema de Negociación Positiva consiste en guiarnos en el descubrimiento y uso de la energía humana que todos poseemos y canalizamos a través de tres estilos de influencia: a) empujar; b) jalar o atraer; y c) evitar o evadir. (Describí este sistema en LJA-Aguascalientes, Negocio, luego existo. Sábado 12 de noviembre, 2011).

La teoría implica que a cada estilo corresponden variantes de influencia/ energía. Que en esencia tipifican dichos estilos: I. Empujar: a) persuadir, con sus variantes de proponer y razonar; b) Asertividad, con alternativas como definir expectativas, evaluar, aplicar incentivos y presiones. En los primeros predomina la lógica, la razón, los hechos duros; en los segundos sobresale la exigencia, el dictado y el regateo. 

  1. Atraer: a) Puentear que implica destrezas como involucrar y apoyar, escuchar activamente y revelar –conocimientos y sentimientos-; b) Atraer que equivale a proyectar opciones viables y valiosas como es el “visionar” o encontrar áreas comunes. Los primeros aplican la energía de sondear, involucrarse genuinamente y entender al otro; los segundos proyectan imágenes o valores poderosos para inspirar, provocar sinergia y motivación.

III. Evitar: a) En un encuentro humano equivale a “desenganchar” –soltar las amarras-, evadirse o desviar la atención; b) Evitar, propiamente, que significa retirarse, echarse para atrás, una evasión burocrática. Ambos comportamientos son absolutamente desaconsejables, a no ser que se usen como herramientas estratégicas para “re-enfocar” el tema o el núcleo de la discusión.

De lo que podemos inferir una primera aproximación al perfil personal de López Obrador. Veamos. La característica fundamental, mediante la cual ejerce el poder del gobierno de la república, es el recurso a la palabra. La práctica cotidiana de la conferencia pública en la Mañanera y la periodicidad frecuente de sus “informes” es a todas luces dominante. El idioma Inglés indica en un término esa centralidad de la palabra hablada: talkative /inclinación de hablar larga y frecuentemente. Menos derogatorio que loquacious/ locuaz; y garrulous/ que habla de más, hablador, hablantín, lenguaraz … Sin falta alguna, podemos afirmar que la nota personal distintiva de López Obrador es hablar en público, dominar la escena política mediante la alocución, monólogos o diálogos simulados a provocación expresa convertidos en cadenas lingüísticas largas, extensas, regresivas, reiterativas, descalificadoras para enfatizar la diferencia con “otros”/ generalmente adversarios; insistencia en la distinción ideológica, social, cultural, económica y moral de los llamados “neoliberales”/conservadores; recurre intensivamente a la etiquetación de sus interlocutores indeseables –igual que hacía Donald Trump– a quienes empaqueta como “mafia en el poder”/ oligarquía opulenta; el ejercicio de su poder Ejecutivo radica en no parecerse en nada a sus oponentes o antagonistas, se deslinda de sus creencias, usos y prácticas, siempre manchadas de corrupción, impunidad, soberbia sobre los pobres y colectivos más vulnerables, que él engloba paternalistamente como gran conglomerado del “pueblo bueno”.

Partimos, pues, de un orador público improvisador, malabarista del impromtu, persistente, hablantín, disruptivo de las audiencias disidentes ante las que se autodefine como agente del cambio, vanguardista, dominante como juez moral inatacable.

En contraste con el sistema de influencia positiva, observamos que su estilo dominante consiste en aplicar las fuerzas de empuje, bajo la modalidad de proponer y razonar; pero este ejercicio mental no es para fundarse en la realidad o en la objetividad del conocimiento y el método científico; antes bien, en aquello que se conoce en la dramaturgia (Molière) como el razonador/ le raisonner, que justifica de cualquier manera lo que sea, no importa si contradice la realidad o la verdad. Sobre todo así contesta ante la impugnación, la desaprobación pública, la descalificación personal ya sea por incoherencia o inconsistencia de comportamiento o de procedimientos. Recordemos que su eje aspiracional no es tanto (matiz interesado de él mismo) la apropiación del Poder, sino la obtención misma de la Gloria… ser uno de los mejores presidentes de la Historia, punto. De ahí a la egolatría absoluta hay sólo un Nerón de diferencia.


Derivado de lo anterior, utiliza muy poco el estilo de “atraer”, ya sea para puentear (establecer puentes de comunicación), caso del empresariado cupular y la prensa fí-fí o de notas intelectuales; o “visionar”, proponer imágenes, objetos, objetivos, proyectos, programas para construir juntos, para integrar a la comunidad, para unificar las aspiraciones todas de un país. Prevalece la distinción, la diferencia, especialmente la polarización de aquellos que no acatan su talante autoritario, exclusivo y excluyente, intensamente centrado en su persona, su Ego dominante de todo y sobre todos, sean personas, poderes o instituciones.

Elige a conveniencia el estilo de Evitar. Es ostensible su afán por desengancharse de cualquier tema o cuestión molesta o incómoda, por real y cierta que sea; se ha convertido en muy conspicuo interlocutor que desvía la atención, evade los temas que evidencian sus desaciertos y fracasos. Todo lo que yo he comentado como actualizaciones y reformas del aparato burocrático y de programas sociales pre-existentes o perestroika a la mexicana han sido intervenciones gubernamentales erráticas, improvisadas, sin previo análisis, sin diagnósticos fincados objetivamente, y solamente justificadas como parte (ambigua, indefinida, fantasiosa) del supuesto cambio que él está instrumentando en aras de la 4ª Transformación de la República.

A este respecto, existe un principio rector de una negociación positiva, nunca, jamás es admisible una evasión o un desenganche sin estrategia. Puede recurrirse a evitar una confrontación segura, pero sólo para reenfocar el asunto de fondo y/o para distender la tensión entre las partes interlocutoras. Evitar sin razón, aparte de romper el diálogo y el encuentro de una posible solución, deja el conflicto a la deriva y lo más posible es que concite a una revancha inopinada o inclusive a una venganza del agravio así causado.

Aquí dejamos, por ahora, la elaboración de nuestro propósito inicial. Ya logré contrastar elementos fundamentales de nuestro interlocutor-sujeto emisor del discurso presidencial frente a y desde la teoría y práctica de un sistema de Influencia Positiva, con referencia a la aplicación de una Negociación Positiva.

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