Acusación/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
22/01/2022

Andrés Manuel López Obrador es un metiche y un chismoso, pero eso no lo convierte en un delincuente; si de algo se puede acusar al presidente es de estar distraído en organizar a sus huestes en vez de ocuparse de las acciones de gobierno necesarias, a lo que se puede llamar al líder de la Cuarta Transformación es a comprometerse con cumplir con el encargo al que legítimamente llegó a través del voto y a que rinda cuentas de su gestión, insistir en que el INE lo arreste no es más que alimentar esa fantasía que el mismo presidente promueve para enloquecer a sus adversarios.

A confesión de parte, relevo de pruebas, se suele decir y como López Obrador aceptó públicamente desde el púlpito mañanero que está metiendo la mano en las elecciones, ya hay todo un movimiento para denunciar al presidente por inmiscuirse en la contienda a gobernador en Nuevo León; listo, se cumple el sueño guajiro de la oposición sin imaginación, porque en redes y el círculo grita desaforada que el propio presidente aceptó que está cometiendo un delito electoral, que está violando la Constitución, que hay que detenerlo… Y ante el río de injurias, demandas y llamados a levantar esa antorcha, uno puede imaginar a López Obrador riéndose de la misma manera en que se burla de las masacres en las primeras planas de los periódicos.

La Constitución señala aquello que los funcionarios públicos, incluido el presidente, pueden hacer, y a eso se tienen que atener; las leyes indican que al INE le corresponde organizar, vigilar y garantizar las elecciones, para lograr eso, los institutos electorales requieren de la participación ciudadana, de hecho, contamos con organismos especializados para atender cualquier denuncia sobre delitos electorales.

Aunque se parezcan, acusar y denunciar no son lo mismo, si indico que López Obrador es un metiche y chismoso es porque cuando cuelga del imaginario perchero su investidura presidencial y se convierte en ciudadano no lo hace para cumplir con la denuncia de los delitos electorales que observa, es decir, no acude a la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, al OPLE que le corresponde o al INE, no, solamente se enerva y apunta para acusar, nada que ver con iniciar un procedimiento judicial contra quien presuntamente está violando la ley.

Tiene razón López Obrador cuando dice “yo creo que es mi obligación denunciar el fraude, y de todos los ciudadanos, todos, todos, todos”, efectivamente, pero denunciar, no estar de chismoso para ganarse la estrellita en la frente que le pueda otorgar el pueblo bueno; no estar de metiche para simular que es un defensor de la democracia y seguir ocultando tras la verborrea que sus intereses no tienen que ver con una idea amplia, diversa e incluyente de democracia, porque la pequeñísima bóveda de su pecho no le da al presidente para centrar la atención en las víctimas de la inseguridad, de la violencia machista, no le alcanza para distraerse en mostrar la mínima empatía a la que está obligado un servidor público con movimientos y causas que reflejan los efectos de la desigualdad, corrupción y desigualdad.

Si al presidente en verdad le importara evitar un fraude electoral se arriesgaría a presentar una denuncia ante la Fepade, para poner el ejemplo a todos los ciudadanos de cómo combatir la corrupción en las elecciones, pero a López Obrador eso le tiene sin cuidado, sólo quiere distraer la atención del fracaso de su gestión, como líder de un partido al que no ha dotado de la autonomía necesaria para que cumpla con sus expectativas, como estadista al frente de una administración que ha elegido la mentira como diagnóstico, donde las decisiones se toman a partir de festejar la solución antes que reconocer el problema.

Coda. “Es muy común que los gobernantes mientan repetidamente, y López Obrador lo hace con fruición. Pero además da la impresión de que se ha inventado una realidad falsa y no sabemos si realmente cree en ella o sólo lo pretende. La ineptitud que muestra en muchas tareas de gobierno puede ser una señal de que verdaderamente está convencido de que existe esa realidad alternativa”, Roger Bartra en Regreso a la jaula, y sí, el presidente está convencido de que vive en el País de los Otros Datos, Otras Leyes, el México de un solo hombre.

 

@aldan


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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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