Concurso del rebozo y traje típico/ Imágenes de Aguascalientes  - LJA Aguascalientes
14/10/2021

Uno de los eventos más queridos de la Feria de San Marcos, de más profundo simbolismo si asumimos la verbena como una fiesta orgullosamente pueblerina, provinciana, fue el concurso del rebozo y traje típico, que comenzó a realizarse hacia mediados del siglo anterior, y vio su fin a principios de este. En uno de los andadores principales del jardín, el norte o el sur, se instalaba un templete con una mesa a manera de presídium. Ahí las damas que actuaban de juezas observaban a las concursantes, que desfilaban ante el respetable público haciendo gala de su belleza y de las suaves prendas que cobijaban los hombros como si se tratara de relicarios que guardaran bellezas ocultas, apenas insinuadas.

Las mañanas dominicales de abril, esas mañanitas frescas, tranquilas, previas a la trepidante irrupción del jolgorio sanmarqueño, fueron testigos de las distintas etapas de este espléndido desfile, que llegaba a su momento culminante apenas inaugurada la Feria.

Inicialmente era sólo el lucimiento de rebozos, en aras del fomento de cierta idea de mexicanidad. Después, seguramente con la expectativa y el éxito que fue alcanzando, se agregó también un vestido, que era confeccionado expresamente para el certamen, y que en rigor de típico no tenía nada, si atendemos a las dos acepciones que de esta palabra ofrece el diccionario de la RAE: 1: “característico o representativo de un tipo, y 2: peculiar de un grupo, país, región, época, etc.” no lo era porque nadie por estos lares se viste de manera cotidiana de esa forma, aparte de que las prendas son carísimas.

Con la emergencia de la carrera de diseño textil en la UAA y el surgimiento de diseñadores profesionales –profesionales en el sentido de que ahora cuentan con una formación académica; no por otra cosa–, el concurso se transformó, para asumir una perspectiva, digamos, más moderna; más en función del desarrollo de la industria de la confección y la competencia en el mundo de la moda.

Si me permite la comparación, al concurso del traje típico le ocurrió lo mismo que a los Juegos Florales con el Premio de Poesía.

La imagen fue tomada el 2 de mayo de 2004, y muestra un instante de uno de los últimos concursos, en la Cava Domecq, en el extremo oriente de las instalaciones de la Feria. Aparecen en ella, de izquierda a derecha, Fátima Martínez Silva, que antes había sido reina en Calvillo, su Suave Matria, y lo fue de la galáctica de San Marcos en 1999. Le sigue Adriana Calvillo, soberana sanmarqueña en 2002; Marcela Plascencia, princesa en 1999, y una joven de quien no puedo ofrecer ningún dato más allá que su nombre: Fabiola.

Las cuatro beldades han desfilado ante el público de la gente y se encuentran ahora ante las juezas, que examinan a fondo sus prendas, que en estos casos pertenecen al diseñador Jorge Campos Espino, un ganador recurrente del certamen. Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected].

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