Las rutas del libro en Aguascalientes. Parte I/ En la paz de estos desiertos  - LJA Aguascalientes
24/05/2022

El mundo del libro es amplio y complejo, pensar en el objeto en sí mismo no es suficiente, para que exista hay una serie de factores y agentes involucrados. Acercarnos a la maravillosa historia del libro nos obliga a reflexionar desde distintas perspectivas, una de ellas es la circulación y las rutas por las cuales se han distribuido, reproducido e intercambiado. Por ello que hoy inicio una breve serie de apuntes sobre las rutas del libro, apenas una guía para iniciar a pensar las rutas, comercio y producción del libro a lo largo de la historia de Aguascalientes.

Pensar el mundo del libro no es completo si no reflexionamos en cómo ha circulado a lo largo de cualquier territorio. Pensar las rutas del libro en el interior de México en el siglo XIX necesariamente tiene que llevarnos a las rutas comerciales de la etapa virreinal y a su evolución a lo largo del siglo de la definición política nacional decimonónica.

Más aún, pensar esas rutas desde la periferia, mucho más allá del dominio central de la Capital Mexicana, supone reconocer dinámicas regionales específicas que, a partir de la independencia y con la libertad de imprenta, se enfrentaron a la definición de políticas propias en medio de las problemáticas sociales y económicas locales, los cambios políticos nacionales, las guerras civiles y las intervenciones extranjeras.

Permítanme primero recordar algo: La singularidad y riqueza económica de Aguascalientes no se hizo patente hasta finales del siglo XIX cuando la Industrialización se estableció con éxito a través de las empresas Altos Hornos de México y los Talleres Nacionales del Ferrocarril. Antes, Aguascalientes perteneció a la Nueva Galicia que tenía como principal ciudad a Guadalajara y el mineral de Zacatecas, y después, con el Sistema de Intendencias, Aguascalientes dependió directamente de Zacatecas hasta 1857, año en que se le dotó de autonomía después de un largo camino de lucha con Zacatecas.

Esto importa en el contexto del mundo del libro por varias razones: Aguascalientes no fue el centro neurálgico en el Camino Real de Tierra Adentro hacia el septentrión mexicano, como tampoco fue el centro de atracción del comercio durante el periodo independiente, lo que deja claro que grandes bibliotecas e instituciones del libro no se establecieron aquí sino hasta entrado el siglo XIX. 

La región cultural que comprende Zacatecas, San Luis Potosí, Jalisco y Aguascalientes es reconocida y explicable si comprendemos que se fortaleció como región gracias a los vínculos económicos y sociales necesarios ante la lejana capital de la Nueva España. 

Es por la Ruta de la Plata que la mercancía y los libros circularon por la región en la etapa colonial, proveniente de Veracruz, pasando por Ciudad de México y adentrándose a través del Camino Real hasta Zacatecas y Santa Fe, pasando por villas y poblados intermediarios como Aguascalientes.

Por los estudios que se han hecho del periodo colonial no sólo en México sino en el resto de América Latina, es presumible que los libros llegaran a villas como Aguascalientes a través de las ferias y comerciantes, y, debido a la falta de bibliotecas de grandes colecciones en la época, sabemos que estos libros estuvieron en bibliotecas conventuales y en bibliotecas privadas.

Considerando lo anterior y quedando claro que Aguascalientes no fue receptor de grandes colecciones de libros en el periodo novohispano al no ser un centro de atracción poblacional ni de capital, podemos decir que fue la independencia, la apertura de fronteras al comercio y la libertad de imprenta, las que permitieron que el comercio, la producción y circulación del libro se activaran de manera significativa.


La ruta natural de comercio y por lo tanto de libros durante el siglo XIX siguió siendo la Ruta de la Plata, provenientes de Europa y entrando por el puerto de Veracruz y de ahí concentrándose con los grandes libreros de la Ciudad de México, para de ahí partir rumbo al norte Camino Adentro.

Pero la apertura de fronteras y la “liberalización del comercio”, otro de los puertos de México tomó una fuerza significativa: Tampico. Este puerto se convirtió en el siglo XIX en un enclave fundamental para el incremento de introducción de mercancías provenientes de Inglaterra y Estados Unidos, pero también del contrabando que tenía como destino final la feria de San Juan de los Lagos, la más importante de la región.

A través de las rutas que partían de Tampico y se adentraban con rumbo a los Altos de Jalisco, San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas, se establecieron Casas Comerciales Inglesas, Estadounidenses y Francesas en los poblados y ciudades que estaban tomando importancia económica como fue el caso de Aguascalientes, que para 1824 ya era Ciudad y donde se fundó un Parián y su respectiva Feria, lo que permitió que el comercio se convirtiera en una actividad económica prioritaria junto con su tradicional actividad ganadera y agrícola.

A la vez, en 1826 se establecía la primera imprenta local que fue de capital privado y fundada por un impresor que provenía de Guadalajara. Guadalajara por su parte, se consolidó como el enclave cultural y económico de la región.

Para entonces, en Aguascalientes las nuevas generaciones liberales tomaron el control del comercio del libro, establecieron en sus casas el centro de intercambio de periódicos que se imprimían principalmente en la Ciudad de México, pero también en Guadalajara. Estos nuevos agentes del libro fungían como corresponsales de los periódicos que vendían en la ciudad, y a la vez los lectores interesados se podían suscribir a los periódicos de su interés.

Estos agentes del libro fueron también promotores del establecimiento de la imprenta local, políticos y fundadores de las Sociedades Patrióticas, todos ellos hijos y herederos de las viejas élites, ilustrados, pero con un ímpetu liberal y reformador.

A la par, la apertura de comercio atrajo extranjeros con el establecimiento de las Casas Comerciales, agentes de comercio y circulación de una nueva serie de impresos.

Un ejemplo claro es este: en 1827 un párroco local informó primero al párroco mayor de la ciudad que un comerciante de nombre Diego Thompson hospedado en el Hostal de San José, había anunciado la venta de biblias traducidas al castellano, esto lo motivó a acercarse al librero y revisar las biblias, se percató que las Biblias no correspondían con las católicas, sino que le faltaban libros. Claramente las biblias eran protestantes, lo que alertó al párroco y sus superiores. Este singular caso deja en claro que a muy temprana etapa del México Independiente ya circulaban libreros extranjeros, gracias a la libertad de imprimir, circular y vender libros. Aguascalientes no tenía por qué ser la excepción.


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