Maestros/ La chispa ignorante  - LJA Aguascalientes
18/10/2021

El 15 de mayo se celebra el Día del Maestro, algo que me hacía pensar dos cosas cuando era pequeño: tengo un día libre y no entiendo por qué les dan el día si no hacen gran cosa más que joderme. Las cosas han cambiado: ya no tengo el día libre porque no soy maestro ni pienso que nomás querían joderme (todos) los maestros. En especial, creo que ahora más que nunca es necesario celebrar el Día del Maestro, ya que en esta pandemia las cosas han cambiado para el magisterio y el estudiantado: las clases a distancia, la cara en el monitor que habla y repite y comparte pantalla, las clases que no son clases sino tareas en las que los estudiantes, en muchos casos autónomamente, aprenden sobre un tema y resuelven problemas para “practicar”. Los profesores tuvieron que enseñarse a dar clase así: sin poder regañar, sin poder controlar lo que sucede en el “salón de clases”, sin poder ver las reacciones de los alumnos, sin poder controlar los horarios de comunicación con padres y alumnos, sin poder poner calificaciones reprobatorias sin enfrentarse a posibles represalias, en pocas palabras, los maestros sin poder. Y, al mismo tiempo, los alumnos que han sido acostumbrados a ser acompañados presencialmente y la inmediatez de la duda, de la pregunta y de la respuesta, los alumnos que van a la escuela no sólo a aprender conocimiento científico, sino también cuestiones sociales, los alumnos que comparten computadoras con sus hermanos u otros miembros de la familia, los alumnos que no tienen la oportunidad de conectarse, los alumnos que tienen que trabajar para apoyar en casa, los alumnos que no están motivados por mirar una pantalla y escuchar la perorata del maestro. La pandemia rompió el sistema educativo y de aprendizaje.

Y es que el Día del Maestro más que un descanso debe ser un agradecimiento a los maestros que nos impulsaron, a los que nos motivaron, a los que nos ayudaron. Claro, hay maestros malos, muchos, maestros que recuerdo con rencor por cómo me trataron para aumentar su eguito y su nula autoestima. Por eso prefiero celebrar a los maestros que recuerdo con cariño y que por alguna razón me ayudaron a desarrollarme como persona. Los maestros que me enseñaron a amar la lectura, que me mostraron lo que es motivar a un estudiante, los que supieron comunicarse conmigo para transmitir algo, ya fuera de la clase o un dato extra.

Hay que celebrar a los maestros porque sin ellos los conocimientos se estancan. ¿Se imaginan que sigan enseñando las mismas clases de computación de hace 20 años?, ¿las de química o física?, ¿las de literatura? Habrá quien diga que lo que se enseña en la escuela es lo más elemental, lo mínimo adecuado para tener una “cultura general”, una probadita de lo que te vas a encontrar si estudias una carrera en esa materia. Creo que el extra, ese comentario sobre lo más reciente, la plática de los descubrimientos que han roto las visiones pasadas y han abierto nuevas puertas y ventanas en la ciencia, son lo que puede motivar más que sólo una abstracción de lo que es la gravedad, el tiro parabólico o el cálculo diferencial, algo más que números o fechas. Un buen maestro también es un buen narrador. Sabe contar historias, sobre la misma materia que enseña. Explicar y dar datos los da cualquier persona con un dispositivo con acceso a internet. Tomar esos datos, explicarte su importancia en un momento histórico y decirte las posibilidades que eso abre, no. Porque son las historias, los chismes, las implicaciones sociales lo que humaniza la abstracción del conocimiento, la que le da una dimensión diferente. Sí, a mí también me obligaron a memorizar la tabla periódica de los elementos (de lo que no recuerdo nada), las fórmulas de masa aceleración lineal (que también he olvidado), las fechas de la revuelta cristera (que ni me importan ni recuerdo) por lo que puedo decir que tuve clases de química, física, biología, matemáticas, español, literatura, historia, filosofía, derecho, etc., pero de pocas cosas me acuerdo. Me acuerdo porque los maestros fueron buenos o tuvieron su momento estelar en el que brillaron motivándonos con alguna historia, algún chisme.

Porque enseñar es contar historias que se conectan con la historia del mundo, con las historias del mundo. Los buenos maestros son los que te muestran el tejido de esas historias y los probables patrones que se están tejiendo o tejerán. Porque decir maestro no es alguien que está en el pináculo de su área, sino el que te muestra el camino que han recorrido hacia él otros. Es el que muestra los posibles caminos. Por ello, gracias máximas.

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