Te contamos de la escritora Malú Huacuja y su novela más negra - LJA Aguascalientes
22/07/2021


 

APRO/Roberto Ponce

 

De espíritu juguetón y de mensajera mercurial, una risueña Malú Huacuja del Toro comunica sus ideas telefónicamente desde Nueva York, donde en exilio literario cristalizó su nueva novela Al final del patriarcado, la historia del crimen contra Adhira, una joven inventora hindú-neoyorquina víctima del primer asesinato por voluntad robótica del siglo XXI.

Súbitamente, la escritora feminista profundiza y suelta un suspiro: “Si me preguntas cuánto tiempo me llevó escribir esta novela, te contesto: Toda mi vida. Todos estos años…”.


De 330 páginas y 19 capítulos, la novela comienza con el párrafo:

De la virgen nunca se supo su opinión, ¿te fijas? Excepto que se consideraba privilegiada, eso sí, pero ella jamás habló. La única frase que se le conoce es: “Hágase tu voluntad”, le dijo Adhira a su esposa Citlali la mañana en que se iba a morir.

–¿Al final del patriarcado define el rumbo que estamos viviendo?

–Así es. Trata sobre el primer crimen del siglo XXI perpetrado por trolls [personas que publican en redes mensajes de acoso, a menudo racistas] y meros robots ciberespaciales para influir en unas elecciones presidenciales. Y esto es así porque está basado en un caso real, inspirado vagamente en la forma en que se están decidiendo las elecciones presidenciales, vía Twitter.

“Entonces esto fue lo que ocasionó un fenómeno muy sonado en Estados Unidos durante las elecciones, que se llamó el PizzaGate. Está basado en eso… Un psicópata armado y loco fue a una pizzería y armó un tiroteo –porque en Estados Unidos es facilísimo conseguir armas, casi casi las compras en las tlapalerías sin ningún problema–. En mi novela ocurren varios tiroteos, uno de ellos en una pizzería en Nueva York, y ahí es donde cae asesinada una creativa inventora feminista, que es Adhira.”

Al final del patriarcado, que obtuvo una valoración especial del jurado de los XIV Premios Literarios Ediciones Oblicuas, de Barcelona, España, es su séptima novela publicada.

 

Desinfodemia

Huacuja del Toro considera Al final del patriarcado una novela cuyo tema habría fascinado al narrador y dramaturgo, como ella, Vicente Leñero, fundador de Proceso, “mi maestro y mentor, con quien tuve además el honor de trabajar en algunos guiones”.

El capítulo tercero concluye con el aforismo: Porque más peligrosa que la ignorancia es la información incorrecta a la que constantemente nos dirigen los medios de incomunicación y las redes digitales.

–¿Por qué tendría que haber agradado a Leñero su libro?

–Porque es una novela que describe cómo ha degenerado e involucionado el periodismo desde la época analógica hasta la digital, con el uso de la desinfodemia, mal llamada infodemia –que sería una epidemia de información… ¡ojalá hubiera una epidemia de información!–. Es una epidemia de des-in-for-ma-ción… Yo he pensado en Vicente Leñero últimamente porque el miércoles 9 de junio habría sido su natalicio número 88…

“En los tiempos analógicos todavía se ponía muy en duda aquello de que hubiese desinfodemia, pero hoy ya no. Y eso precisamente hace la diferencia entre Proceso y las otras revistas, así como entre Proceso y los periódicos mexicanos. ¡En tu revista los datos se documentan y la información se comprueba! A lo que hemos llegado es a un nivel exacerbado de noticias falsas en Twitter, en Facebook, y por ello permiten conducir las elecciones… Las elecciones las están decidiendo los bots [aféresis de robot], los trollers: el dinero, pues. Son sistemas capitalistas, de una u otra manera”.

En su dedicatoria personal del libro a Proceso redactó de puño y letra la siguiente postdata: Cualquier parecido con la realidad del periodismo mexicano es una desgraciada coincidencia. Y acelera, impetuosa:

“Como no estaba calculado, entonces el fenómeno nos rebasa y es fascinante, por lo tanto así es como quise escribir esta novela, entre otros motivos… Me preguntas si nuestro mundo va yendo ya hacia el final del patriarcado y pienso que sí, aunque por supuesto con muchas resistencias. Lo vemos en México donde hay todo un movimiento, una fuerza en contra que ridiculiza o abiertamente combate a las feministas”.

Es la misma vieja historia que ha ocurrido desde el surgimiento del feminismo, añade, “siempre ha habido reacciones muy violentas e inmediatas, tanto de mujeres como de hombres”, o sea, de mujeres al servicio del patriarcado, “que también las hay, pues el género no es garantía de que se tengan principios o conciencia de clase”.



 

Ejemplifica con Rosario Robles, “quien ahora está en la cárcel. Pero la gente ya ni se acuerda… A pesar de todas sus corruptelas y de que ya se veía claramente lo que iba a ocurrir con ella, se la defendía por ser mujer, y sus críticos o críticas nos llamaban antifeministas. Una aberración total”.

 

Pluma ciberdetectivesca

–En Al final del patriarcado su personaje Citlali enfrenta, como activista, dilemas y contradicciones en un sistema patriarcal, explotador.

–La novela plantea preguntas nada fáciles. Siempre me ha gustado abordar esos temas que no tienen respuesta y que permiten más preguntas, más inquietudes. Yo creo que así se avanza en la reflexión y también en el entretenimiento, en la lectura, porque mi novela lo mismo se propone entretener a las lectoras y a los lectores. Es igual que con Un Dios para Cordelia [novela de 1995, en Océano/Plaza y Valdés], donde estaba planteando cuestiones a futuro con tópicos incómodos nada fáciles de resolver, como el monoteísmo o el feminismo; el hecho de que una mujer para esconderse de su asesina se convierta en ama de casa, pues es la manera más fácil de esconderse del mundo, ¿no?

–Tal planteamiento era muy incómodo entonces.

–Pero con el tiempo, mira, el movimiento feminista ha avanzado y ahora es de lo más normal hablar de la doble jornada, del trabajo doméstico explotado e igualmente del de las sexoservidoras, el cual es otro tema en Al final del patriarcado. Son incómodos, pero forman parte de la realidad. No nos gusta pensar en ellos y, sin embargo, son temas que nos están definiendo.

La pandemia replegó a algunas fuerzas feministas que iban de gane, agrega. Empero, no significa que ya se hayan rendido, afila su voz:

“Es un movimiento inevitable. Porque lo que ahora sabemos y lo que muestra la pandemia, lo que nos demuestra el patriarcado, es que estamos al límite de un sistema que la humanidad ya no puede soportar. Y esto no nos conviene ni a las mujeres ni a los hombres”.

–La cito a usted: “Detrás de una mujer escritora hay hombres tratando de que se calle”.

–Así como se dice “detrás de un gran escritor siempre hay una gran mujer” mecanografiando sus escritos –ríe–, bueno, detrás de una mujer escritora siempre hay un hombre tratando de que se calle. O varios. O mujeres al servicio del patriarcado que no han aprendido la lección.

–Usted ha abordado en sus novelas el acoso a las mujeres en las calles de México, como en La lágrima, la gota y el artificio (Ariadna, 2006).

–Cierto, en esa novela se aborda de una manera muy cruda, muy frontal el acoso sexual en unos años en los que todavía no se hablaba tanto de eso, por eso te digo que creo que el movimiento está evolucionando.

La lágrima… es una novela policiaca, como Al final del patriarcado. Me gusta jugar con personajes femeninos, mujeres investigadoras que hacen el trabajo detectivesco, e igualmente llevar al lector por un viaje dentro de los personajes; que se pueda sentir tan gorda como Inés Carrasco, por ejemplo, la detectiva [sic] de aquella novela, ¿no?, con aquellas zapatillas de tacón tan puntiagudo, incluso incómodo… Y en Al final del patriarcado quería también que se internara en estos otros personajes de lo que puede ser una inventora como Adhira, lo que se siente ser una extranjera dentro de su propio país, porque sus compañeras en la India ya no la comprenden…”

 

En mi Mexiquito

Si Adhira pinta a la deidad Shiva, la intrépida Citlali dibuja a la Coatlicue.

“Le pusieron Citlali –dice Malú– precisamente porque nació en Estados Unidos, pues si bien sus padres tienen ya esa nostalgia del Aztlán y de todo México, no le pusieron Citlalli con doble ele, que es como se escriben y pronuncian muchos nombres nahoas, indígenas, porque lo vieron como muy gringo y dijeron ‘Ay, no, ¿doble ele? No… es muy inglés. Sólo una ele’…”

La charla deriva en el tiempo hacia el II Congreso de Escritores Policiacos 1987 de San Juan del Río, Querétaro, un año después de que ella obtuvo el Premio Plaza y Janés por su novela Crimen sin faltas de ortografía, que uno de los organizadores, el escritor Paco Ignacio Taibo II, calificó de “una porquería”. 

–Luego usted sufrió una noche de “perreo” machista de los participantes, que ha narrado en sus escritos por internet o en libros como Crónicas desordenadas: Sherlock Holmes y el misterio del Congreso de novela policiaca en San Juan del Río (2018), de Felipe Cabello Zúñiga.

–Yo fui finalista, obtuve el reconocimiento a la mejor novela finalista en ese concurso, y él no fue finalista, entonces él estaba muy resentido porque era el escritor de novela policiaca en México digamos que como por antonomasia. Así se anunciaba y tenía mucha bronca con quien lo criticara.

“Especialmente aborrecía, puedo decirlo así, abiertamente, porque no fue secreto para nadie, a María Elvira Bermúdez [Durango, 1916-DF, 1998], quien era escritora de ‘novela enigma’…”. En aquel entonces había como una batalla entre la ‘novela enigma’ y la ‘novela negra’. Ésta Taibo II la difundía con su imagen de la novela de izquierda, mientras la novela enigma era de señoras fufurufas. Ahora les dirían fifís…”.

La película El nombre de la rosa de Umberto Eco vino a desatar aquel nudo, apunta Malú Huacuja, comprobando con aquella historia medieval sobre Guillermo de Baskerville que se puede hacer una novela de misterio e histórica “magnífica”.

–¿Desde cuándo vive exclusivamente de su escritura?

–Yo vivo de mi pluma desde que empecé con Crimen sin faltas de ortografía. Tenía 23 años. Y lo que hice fue ganarme la vida como guionista. En aquel momento el guionismo no estaba bien visto, era un oficio de segunda. Incluso a Vicente Leñero lo calificaban así. No era una disciplina artística, era una escritura de segunda. Como el periodismo, no era algo tan… tan santificado –ríe– como la novelística. Todas estas distinciones, bastante idiotas, poco a poco por sí mismas demostraron ser obsoletas y absurdas.

Show Full Content
Previous Entrega IEE constancias a cargos electos por representación proporcional
Next A unas semanas de Tokyo 2020: La selección olímpica de beisbol, sin dinero y con nuevo manager
Close

NEXT STORY

Close

En la Cava Domecq, segunda Subasta de Arte a beneficio del DIF Estatal

27/04/2013
Close