Del polvo y del espíritu/ Opciones y decisiones  - LJA Aguascalientes
27/07/2021


Si algo o alguien nos ha encarado ante el rostro de la muerte es la pandemia covid-19 que aún campea por los caminos y hogares de México. La medición de su presencia fenoménica en el país y en el mundo ha probado ser altamente problemática, a punto de que se presentan cuentas diversas en las tablas producidas por los epidemiólogos, genetistas y biólogos moleculares. Los primeros especializados en la propagación, difusión e infección en población mediante microorganismos –ya sean virus, bacterias, hongos, etc.-. Los segundos están abocados principalmente a investigar las enfermedades llamadas “hereditarias”, para entender sus esquemas de transmisión, mediante la explicación de los fenómenos de la herencia y sus variaciones. Los terceros asumen la misión científica de las interacciones que se producen en la célula, sus sistemas y relaciones entre ellas (como las del ARN con el ADN) y la unión de todas estas interacciones para conseguir un óptimo funcionamiento celular. Algunas de las flamantes vacunas aplicadas en la actualidad, son producto de estudios vanguardistas de ingeniería del ARN, que salen del esquema tradicional de inocular virus inertes a las personas como señales para que nuestro sistema inmunológico “aprendan” a identificarlos y los destruyan como amenazas a la salud del ser vivo en que se instalan. 

Decimos, en consecuencia, que los grandes conjuntos de población que han sido y están siendo infectados por el coronavirus Sars-CoV2, no han sido fáciles de contabilizar, y aun los sesudos estudios estadígrafos aplicados en diversos países, y han intentado integrarlos por regiones, zonas, hemisferios o latitudes diversas del planeta, han presentado resultados divergentes, desde luego asociados que son a las diversas metodologías asumidas. Este problema, sin embargo, no es el más importante; sino que lo es la interpretación diversa que –con base en cifras- cada gobierno de las naciones ha pretendido ofrecer, pero bajo criterios políticos y socioculturales que implican el grado de responsabilidad que tienen de hecho, ante el manejo del fenómeno epidémico en su población, su cantidad y calidad de políticas específicas que han emitido para su eficaz control, erradicación y normalización. Aquí, los números y sus diferencias sí importan, porque al final arrojan la ominosa cantidad simple y llana de personas humanas muertas, en una comunidad de referencia. 

Con todo y lo relevante de dichas mediciones, no abordaré el asunto del cálculo de los mega-datos que ya dimensiona la pandemia actual sobre las implicaciones políticas y sociales en las poblaciones, hoy me doy la tarea de reflexionar sobre el fenómeno humano mismo de la muerte. Los millones o medios-millones de muertes contabilizadas por país, nos dan una idea de la magnitud del problema, pero no nos explican su naturaleza y efectos cognitivos y emotivos sobre nuestra sensibilidad como personas vivas; capaces de conciencia y emotividad. Máxime cuando el individuo que falleció es un ser querido, cercano o conocido como vecino, nuestro prójimo. Para este propósito recupero las ideas de una presentación que se me pidió, en el ámbito profesional de Cuidados Paliativos, bajo el tema: “Muerte Digna” desde la óptica de la Espiritualidad. Lo hice ante compañeros Asociados de COMBIOÉTICA. Capítulo Aguascalientes. ¡Héla aquí! En sus datos esenciales. 

  1. Estado actual de la cuestión. La espiritualidad como referente oficial invocado por la Guía del Manejo Integral de Cuidados Paliativos (6. Espiritualidad al final de la vida. Fuente: Diario Oficial de la Federación. DOF: 26/12/2014. Guía del Manejo Integral de Cuidados Paliativos), acredita la relevancia teórica y práctica operativa del tema, lo problemático relacionado con el asunto de la “muerte digna”, en todo caso, reside en la derivación de consecuencias e imperativos bioéticos de la aceptación libre, consciente y responsable de la primacía de la Trascendencia, mejor dicho, del Trascendente –entendido así desde la cosmovisión occidental cristiana- cuyo designio del Padre creador amoroso y compasivo de sus creaturas es que asuman su muerte, como un tránsito irreversible del tiempo y espacio al no tiempo ni espacio del Espíritu, en un acto íntimo y genuinamente personal, inalienable, de voluntario asentimiento y silencioso acuerdo, igualmente digno de acogerse en esperanza al designio divino. 
  2. Confrontación de Dos Cosmovisiones. La cosmovisión esencialmente “humanista” que supone al hombre/mujer como sujeto existencial único, inmanente a este mundo o Cosmos material, espacio-temporal, que no tiene otra explicación histórica física que su presencia en el Universo conocido, sujeto a un largo e indeterminable proceso evolutivo, incoado por el Big-Bang primordial en que la energía se desdobla en micro-partículas que van evolucionando a formaciones atómicas cada vez más densas, hasta conformar las más gigantes estrellas, organizadas en sistemas solares, y éstos en inmensas galaxias, sustentadas por una gran fuerza universal gravitatoria, todos ellos sujetos a una gradual, pero incontenible expansión y sorpresiva complejidad dimensional. En suma, un evento absolutamente intra-material. Esta es la visión de una Antropología Inmanentista, inexorablemente sujeta al tiempo y el espacio. Fuera de él nada, por lo que todo acaba incluso para la conciencia inteligente (Muerte Digna.- Que promulga la Constitución Política de la CDMX, en su Artículo 6. Ciudad de libertades y derechos). 

En contra, existe la cosmovisión “humanista” también, pero con apertura a la Trascendencia, mejor dicho abierta a un Ser Trascendental, inteligente por definición, El Otro, radicalmente Otro (E. Levinas y filósofos del Personalismo) que le precede y lo preside, que es declarado por la fe del hombre/mujer como Creador y Padre que funda una relación de amor y corresponsabilidad con sus creaturas. El elemento fundacional es la relación dialogal, entre el Tú y el Yo, el Absoluto por definición y el humano o relativo como creatura; su encuentro – o su pasaje al encuentro definitivo, Esjatón/- que se define en el acto de morir, mediante la opción libre y consentida del hombre. Se trata de una Antropología Trascendental. Un más allá, que es la Persona (Otredad/Alteridad absoluta) de la que su creatura es “imagen y semejanza”, es inteligencia y es Amor dialogal, un acto gratuito de la Divinidad, un Don inesperado al hombre/mujer, Dios es quien lo interpela a optar por vivir con Él (Ladislaus Boros, “Mysterium Mortis”(1962), Trad. El hombre y su última opción. Ed. Verbo Divino, 1976), y así trascender al Mundo.

  1. Consecuencias éticas y Bioéticas de la Espiritualidad humana. Ante el fenómeno empírico-experiencial e histórico de “la muerte digna”, se derivan consecuencias distintas y de orden diverso según sea el horizonte bioético de cada cosmovisión. A la cosmovisión Inmanente le sigue que el hombre/mujer asume en soledad su suerte final, es autónomo, radicalmente libre sujeto al poder único de su propia voluntad, principalmente tocante al final de su vida; decide en autonomía excluyente de cualquier otro. Ocurre en la suprema soledad existencial. En esta última decisión no responde a nadie. Su decisión es soberana e inatacable, puede decidir “con dignidad” el término de su vida. Después, no hay nada, no hay conciencia, no hay identidad, no hay rendición de cuentas. Todo acabó. Por esto es una antropología nihilista. 

Ante el mismo fenómeno de la muerte, la visión Trascendental tiene a cargo la existencia del radicalmente Otro. El Pre-Existente. Es un Tú absoluto que interpela a mi “yo” relativo. Diálogo de conciencias, capaces de afecto y de relación amorosa, por iniciativa pura del que es Sagrado y es El Misterio. El hombre/mujer no está solo; tiene un interlocutor vivo, es el Espíritu puro, y ello finca la espiritualidad. Una dimensión inédita al tiempo-espacio, una dimensión que trasciende dichas coordenadas universales, una dimensión inesperada, otorgada como don gratuito del Trascendente. Entonces, sí hay más; hay otro que prima en la existencia, no sujeto a la inmanencia del mundo, radicalmente libre de sus leyes e inercia gravitacional, Él las precede y las funda, y no al revés. Por ello se trata de una Antropología Trascendente. Y en ella, el hombre/mujer puede optar por elegir su encuentro definitivo con el Origen primordial, en confianza y en esperanza de una vida perdurable más allá de la muerte; lo elige sin arrebatar su vida, sin violentar su cesación, sino dejando que acaezca su término según las leyes propias de la involución de la materia. Acepta su entropía congénita, con “dignidad”, sin dolor y sin encarnizamiento terapéutico. 


  1. Imperativos Bioéticos últimos, sujetos a la Naturaleza Intrínseca de las Acciones. En este punto accedemos a la reflexión filosófica y aun teológica de lo que implica, decidir personalmente en torno al acto de morir. 

1º. En el tema de la muerte, existen dos tipos de opciones: – la Acción Occisiva Directa (AOD); y – la Acción Occisiva Indirecta. Que lingüísticamente equivalen a la distinción de MATAR o DEJAR MORIR. Lo que significa que en la práctica existe una diferencia esencial entre intervenir intencionalmente para cesar la vida; o bien, dejar que acaezca la cesación automática de los dinamismo vitales inherentes a un ente vivo.

2º. La probabilidad de optar entre esta diferenciación actancial –como acto humano- tiene consecuencia Bioéticas de la mayor importancia para el existencial humano, mato o dejo morir. En términos bioéticos, esta disyuntiva no es exacta, antes debe primar el pronunciamiento previo de una indicación médico-clínica explícita; sin ella sería inmoral actuar, por ser irresponsable ante el “paciente” y el que va a actuar. Debe privar una deliberación, como el Triaje médico en casos del Covid-19.   

3º. Si la indicación médico clínica –emitida por el especialista que corresponda- indica una terminalidad indubitable y próxima, entonces existen opciones para el paciente terminal –si todavía es capaz y consciente de su toma de decisiones, o bien de su Tutor- : a) Decide hacer cesar –mediante asistencia médica- sus dinamismos vitales, y aquí caben varios conceptos: (Uno, que es el “Suicidio Asistido”; dos, la Eutanasia como AOD inducida por el médico tratante). Intervenciones propias de la Antropología Inmanente. O bien, b) Se le ofrece optar entre 2 vías alternas: La primera, suspender los tratamientos terapéuticos ensayados como “curativos” y dejar que el propio metabolismo involucione naturalmente, lo que es una AOI, porque deja libremente ocurrir la entropía natural. La segunda alternativa, optar por los Cuidados Paliativos indispensables (evitar el dolor, auxiliar la vía respiratoria, hidratación e ingesta posible) que favorecen la calidad de vida; más eliminar cualquier método extraordinario de vida y/o de encarnizamiento terapéutico. En fase terminal, se puede aplicar la Sedación Paliativa, hasta que acaezca naturalmente la muerte. Por definición, es una AOI. Y un tipo de intervención bajo la Antropología Trascendente. Hoy, que escribo estas líneas, mi hermana mayor Imelda Chávez Santillán entró en fase agónica, su Dra. Tratante le indujo una sedación paliativa. Sus familiares estamos de acuerdo, porque vemos su estado de paz, sin dolor y en una inminente cesación de su vida. Nos duele, pero estamos siendo testigos de su silencioso acuerdo de entrega al misericordioso Transcendente, al que se acoge con fe y confianza admirable. Un testimonio de gran valentía. 

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