El gran ganador/ Debate electoral - LJA Aguascalientes
28/11/2021

No. Definitivamente no estoy hablando de una sola persona. El gran ganador de la elección fue el electorado. Y me explico:

Por muchas voces, el proceso electoral cuya jornada de votación concluyó el domingo pasado, fue catalogado como el más grande de la historia política reciente del país, y en este mismo espacio, muchas veces se dijo que lo era en función del número de cargos a elegir en toda la república mexicana sin excepción y la otra era por la cantidad de votantes que potencialmente podrían acudir a las urnas. Este número, además implica el saber cuántas boletas electorales se imprimen, garantizando una para cada persona votante, y cuántas casillas, integradas por las y los propios ciudadanos, habrán de instalarse para recibir la votación.

En total, las 1,712 casillas que se tenían proyectadas para atender al electorado se instalaron en tiempo y forma. Con retrasos habituales, propios de quien no es experto en el armado de urnas y de mamparas para votar, todos los centros de votación estuvieron prestos para atender a la ciudadanía que de manera copiosa acudió a las urnas. Según datos preliminares, la participación en la entidad alcanzó casi el 50% y para encontrar un nivel de participación de esa magnitud en elección intermedia tendríamos que remontarnos al ya lejano 1995, en los inicios de las autoridades electorales autónomas, donde en plena efervescencia de la participación electoral libre, tras un régimen en donde era el estado quien organizaba las elecciones sin la presencia ciudadana en autoridades electorales independientes, cuando se alcanzó la cifra de 60.2%.

Desde ese entonces, la tendencia fue a la baja, manteniéndose en un mínimo de 44 y un máximo de 47 puntos porcentuales. Hasta el domingo pasado, donde casi 500,000 personas decidieron hacer valer su opinión por alguna de las candidaturas contendientes lo que representó que uno de cada dos aguascalentenses se uniera en un objetivo común, que fue la participación.

Resulta simbólico que el electorado haya tomado las calles y se formara en las casillas para sufragar en tal proporción. Habrá que hacer en su momento el análisis de la calidad y no de la cantidad; a botepronto, se preveía una alta participación dado el ambiente politizado de días atrás. Y no me refiero solo a las campañas tradicionales, que en un contexto de emergencia sanitaria poco tuvieron de tradicionales, sino a los comentarios de persona a persona o en redes sociales, donde se manifestaba cierta excitación por empaparse de temas políticos. Más allá de lo que los analistas políticos definan, se percibió que el electorado puso más atención en las propuestas de los candidatos, estuvo al pendiente de conocer su distrito electoral, las candidaturas que competían, la ubicación de su casilla y hasta algunos resultados jurisdiccionales que afectaron el proceso.

Este nivel de participación trae consecuencias inherentes. El salir a votar también implica una confianza en las instituciones electorales y el trabajo que desarrolla para la organización de la jornada. El electorado al salir de manera copiosa debió esperar su turno formado en largas filas, que se hacían más largas respetando la sana distancia. No sé en su casilla, pero en donde me correspondió votar, a pesar del clima soleado y caluroso, y la fila larga aunque ágil en su movimiento, el ánimo de los votantes era de una mezcla entre responsabilidad y expectación, pero no de desánimo, frustración o decepción.

Otro aspecto que quedó de manifiesto fue la excelente disposición de la ciudadanía convertida en funcionarias y funcionarios de casilla, para recibir y contar los votos de sus vecinos. Desde la semana previa, las y los presidentes recibieron la documentación y materiales necesarios para instalar las casillas, lo que daba cuenta del compromiso adquirido, mismo que se ratificó desde temprana hora con la debida instalación de las autoridades seccionales. Un factor que no pasó desapercibido fue, además de la capacitación para ejercer sus funciones, la iniciativa que mostraron para organizar a la gente que, pacientemente, esperó afuera de las casillas, e irlos incorporando a ejercer su derecho conforme el protocolo establecido disponía.

El electorado es, por mucho, el gran ganador de la elección. A pesar de que en muchos aspectos pensamos en una masa uniforme que solo cumple su deber cívico por cumplir, en esta ocasión vivimos un ejercicio democrático ejemplar en donde la ciudadanía emitió responsablemente su opinión, participó activamente en la actividad que le correspondía, y confió en que la autoridad electoral hacía su labor coordinando los esfuerzos para cumplir con el objetivo de que cada quien hiciera suyas las elecciones.

Más allá del nivel de participación, de los resultados electorales, los triunfos y derrotas, considero que lo importante debe ser esta reconciliación en ciernes entre la ciudadanía y la política. De manera afortunada la gente se está dando cuenta que su voto vale y su opinión cuenta. Que cada quien, un domingo cualquiera, con un bolígrafo en la mano, frente a la boleta electoral, puede hacer la diferencia.

Solo me resta decir, por lo que a mi respecta: ¡Gracias!


 

/LanderosIEE

@LanderosIEE


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