El “niño geopolítico” de Salvador Dalí/ Sobre hombros de gigantes  - LJA Aguascalientes
29/09/2022

En otras ocasiones he comentado que el arte es un producto cultural que expresa una ideología; por lo que, en esta ocasión, quiero hablar sobre el simbolismo de la pintura Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo, del pintor español Salvador Dalí.

El surrealismo se basa en la idea de un grado de realidad superior relacionado con determinadas formas de asociación hasta entonces olvidadas, en la omnipotencia del signo, en el juego desinteresado del pensamiento. Estas son ideas plasmadas en el Manifiesto del surrealismo, escrito en 1924 por André Breton, un documento esencial en la historia del arte contemporáneo, en donde se observan teorías innovadoras del inconsciente. André Breton afirmaba que el arte debía expresarse “sin el control de la razón, más allá de toda preocupación estética y moral”, y que “las búsquedas surrealistas presentan una notable analogía de intenciones con las búsquedas alquímicas”. Gracias a estas ideas el arte se vuelve simbólico y profundo: para comprender su significado, en efecto, es necesario superar las apariencias y penetrar en sus aspectos más ocultos.

La pintura Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo (Museo Dalí en St. Petersburgo, Florida), fue pintada entre 1940 y 1943 por Dalí en su estancia en Estados Unidos de América. Es decir, en el contexto de la segunda guerra mundial. La pintura muestra a un hombre naciendo de un huevo en un lugar desértico, lo cual es observado, en primer plano por una aparente mujer y un niño, y otras 3 personas que están al fondo de la pintura. Esta obra puede interpretarse tanto desde un aspecto político como esotérico.

Respecto de la primera visión pudiera decirse que se expresa poder, control y dominación de las libertades: se da el nacimiento de un nuevo orden mundial, el nuevo hombre surge de los Estados Unidos en forma adulta y madura, y con su mano izquierda se apodera de Europa, con sus piernas patea a América Latina, y ese apoderamiento o nuevo orden derrama sangre al crearse, al imponerse. También se observa como en África (el continente del aparente origen de la raza humana) aparece un rostro afligido que derrama una lágrima al darse cuenta que el ser humano se ha transformado en un destructor y ha olvidado su humanidad. A la derecha se observa una figura con características sexuales no muy claras, parece una mujer y hombre a la vez, que señala un área en el mundo en el que surgen los conflictos más graves desde hace tiempo: los conflictos árabes-cristianos-judaicos religiosos, de tierra, agua y petróleo, hacia dónde se dirige la mano del hombre nuevo. Este mundo es contemplado con temor por un niño, que somos los viejos, el viejo orden, la vieja sociedad, que observa cómo surge un nuevo mundo que va a ser atrapado con un paño, una red mundial (web) que lo entrelazará en un nuevo sistema de control, de poder y sometimiento; lo interesante es que esta pintura refleja lo que ocurre en nuestra actualidad, a pesar de haber sido creada entre 1940 y 1943.

Respecto del tema místico, la pintura refleja la renovación, una nueva era de luz, un nuevo nacer. Si nos ponemos en un punto medio frente a la pintura, y hacia arriba dirigimos el norte, constataremos que el efecto de la luz que se utiliza proviene del oriente, y es la que ilumina toda la composición. La pintura tiene al desierto como fondo, es decir, una nueva era que está recomenzando de la nada, de las cenizas de algo que existió, del polvo, de la arena; coronada por algunas montañas, símbolo de la ascensión a lo espiritual.

En el centro notamos un huevo que es el globo terráqueo. El huevo es un símbolo solar, de creación y de vida; el huevo genera vida por sí mismo, por el calor y la luz, es el lugar donde se produce el nacimiento de un ser, un símbolo del alma. De ahí surge el nuevo ser, maduro, al que se le da alimento, es decir, al que se le transmite el conocimiento para lograr su perfeccionamiento espiritual; ese nuevo hombre forma una tríada en movimiento con su brazo izquierdo (en forma de triángulo hacia arriba), su pierna derecha, y la sangre que corre por abajo.

Vemos una aparente mujer, Eva o Gea, con signos físicos andróginos, es la unión de lo femenino y masculino, el equilibrio, como del uno se crea el dos y se genera la vida; este ser equilibrado señala en el mundo, un lugar que propagó un conocimiento total, esa sabiduría plena; también esta mujer tiene un semblante triste, cansado, tal vez por la falta de comprensión del ser humano de su verdadero fin de perfección. Encontramos un paño de trece puntas en la parte superior del huevo, símbolo del sol y la luna, el cual va a cubrir nuestro planeta para regenerarlo y crear un nuevo orden, un nuevo mundo, un nuevo ciclo. La niña o niño que está con el ser andrógino, son aquellas personas que no están listas para entender el cambio, los que aún beben leche por su inmadurez, los que tienen un conocimiento simple, infantil, diverso al ser que nace adulto, maduro, con un conocimiento verdadero.

Finalmente, a lo lejos, en el occidente están dos personas que observan el nacimiento; estas personas están juntas y cubiertas de capas de color rojo y azul (cielo, tierra, fuego y agua, siendo el ser humano la quinta esencia que equilibra); también, casi al nororiente, se observa una piedra cúbica que se proyecta hacia el cielo en forma de obelisco, la proyección de lo terrenal a lo celestial, y de lo celestial a lo terrenal, lo que también se refleja en una figura, al parecer humana, que se ve sobre el brazo del ser andrógino; esta figura tiene su brazo izquierdo hacia el cielo, y el derecho hacia la tierra, la relación de equilibrio entre arriba y abajo.

Con esto podemos ver que Dalí plasmó su visión de los sucesos en la evolución humana, el término de una era y la llegada de un nuevo cíclico en la que esperaba ver “La desaparición de las violencias sanguinarias”. A final de cuentas Dalí nos muestra que, independientemente de las condiciones culturales o geográficas, donde un hombre ve la luz, ese es el lugar en donde nace.



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