La validez del no/ Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
20/09/2021


El término se cumplió y estamos emplazados a una Consulta de Juicio a los expresidentes, respecto de la cual no estoy de acuerdo, por cómo se ha planteado, y por ello presento los argumentos más plausibles. 

El iniciador de la propuesta de llevar a juicio a los presidentes “neoliberales” del pasado reciente –30 años/5 sexenios– es el propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Pero él no quiere cualquier juicio, sino uno de naturaleza penal. Asumiendo que otros supuestos quebrantos o violaciones a las leyes vigentes en materias del Derecho Fiscal, Civil, Mercantil, Administrativo o de la Función Pública, por mencionar los más evidentes, hayan podido ya haber prescrito. Intención central que tendría como objeto principal castigar con prisión a quien de ellos resultase presunto culpable, y/o bajo traslado de dominio de sus haberes o hacienda. En consecuencia, al Ejecutivo en funciones no le interesa otra vía punitiva, quizá porque la sanción pecuniaria o la restitución del bien o valor conculcado resultara desmesurada, fuera de toda proporción respecto de un patrimonio de familia por alto que sea, imposible de solventar, simplemente descomunal –como sería el caso del Fobaproa, por ejemplo–. En efecto, desde esa óptica, la potencial restitución de los bienes patrimoniales del Estado se vería satisfecha mediante la reivindicación simbólica no tan sólo de la pérdida del acceso al servicio público, sino de la privación misma de la libertad personal y la de aquellos que hubieran colaborado con tal presunto culpable. En contraparte, a él que gestó un aparente “juicio popular” ejemplar, se debería rendir honor y gloria; como premio inmarcesible de no sé qué arcangélicos designios, que no me interesa indagar o interpretar.

En verdad, el interés político final en suerte por parte de López Obrador consiste en poner en evidencia el total descrédito de fama pública del expresidente así enjuiciado y encontrado culpable para ser puesto en ostracismo perpetuo de la sociedad, convirtiendo su culpabilidad moral en una in aeternum/para siempre; y con ella emitir de rebote la falsación indubitable e irreversible del sistema Neocapitalista como esquema nefando de enajenación y empobrecimiento de los pueblos esclavizados de la tierra; condenación universal in saecula saeculorum.

Razonamiento del que podemos hacer patente su insana dislocación, al hacer radicar en individuos concretos y personalizados las supuestas “culpas” de un sistema hegemónico mundializado, que debe ser refutado en sus propios términos, ya sea por méritos o deméritos ideológicos y empíricos en el tiempo y en el espacio… En pocas palabras, no se allanan y refutan las ideas, aplastando las cabezas de quienes individualmente pensaran así. He aquí esa insana distorsión tópica y temática en una de carácter vital y personal; que induce su feroz discursiva.

En todo caso, habría que demostrar y solventar los desaciertos políticos que actores concretos hubiesen traído a la realidad fáctica en el ejercicio de su gobierno institucional. Que creo podemos poner en blanco y negro, sobre la base del contenido de las preguntas que se han formulado y reformulado, sean las siguientes:


La original de AMLO. Que él mismo pone en sus palabras, y dice: – Es una pregunta que se puede traducir de manera muy sencilla, ¿Quieres que se investigue, y de conformidad a la ley se juzgue, a los expresidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, y Enrique Peña Nieto, ¿sí o no?

Que, luego la SCJN reformuló: – “¿Estás de acuerdo en que se lleven a cabo acciones con apego al marco legal para esclarecer las decisiones políticas tomadas en el pasado por los actores políticos y garantizar la justicia y derechos de las posibles víctimas?”.

La falla de origen de la pregunta de Andrés Manuel está en inducir de manera burda e infundada, un juicio público enteramente plebiscitario, al peor estilo de aquellas cacerías de brujas del obscurantismo medieval. Indiciar sin mayores evidencias a un sujeto “X”, como culpable de un supuesto crimen nefando, ante un grupúsculo de pueblerinos avecindados o caídos por azar en esa plaza o espacio comunal, para concitar su “voz y voto” de condenación sumaria, y de manera inmediata pasar a la ejecución de sentencia que fuera convenida para tal falta invocada. En donde el o los notables del lugar serían testigos de honor y voz pública para acreditar los hechos así vueltos oficiales, incluso la muerte del infeliz sentenciado. Un verdadero juicio de Ayatolas poseídos por el espíritu reivindicativo de su dios airado y vengativo.

Obviamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se negó a caer en tan burdo safari de cazadores vindicativos. Y para ello antepone la norma constitucional de un juicio con apego a Derecho. Primero, esclarecer las acciones inherentes a decisiones políticas; segundo, mantener el principio de presunción de inocencia del supuesto indiciado, actores políticos del pasado –no fija nombres, márgenes ni fechas determinadas–; tercero, identificar los agravios, su cuantía, magnitud y afectación directa a víctimas de dichas acciones. Así se aseguran la justicia y los derechos.

Para López Obrador, estarían claros los agravios: – (1) Salinas será juzgado por “entregar los bienes de la Nación a sus allegados”. Carlos Salinas de Gortari indujo en efecto un gran programa de reestructuración de Dependencias (downsizing/recorte), de acuerdo a las técnicas y ciencias Administrativas en boga; así rediseñó el aparato gubernamental mediante la desconcentración burocrática; y operó un ambicioso programa de descentralización federal transfiriendo facultades a los Estados, (y privatizó empresas del Estado). Pudo, es cierto, favorecer a grupos de la IP o de su familia, cosa que está sujeta a probarse. (2) Zedillo, dijo, se juzgará por convertir al Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) en deuda pública, “y llevamos 30, 40 años pagando esa deuda”. No olvidemos la grave crisis económica en que se sumió el país. Una pavorosa inflación de 2 dígitos –o más, en algún momento– dio cuenta del altísimo endeudamiento bancario y aún del agiotismo contra el patrimonio de las familias. Hubo una pavorosa reducción de los capitales invertidos en la Banca y su consecuente fuga de capitales al extranjero. Deudas hipotecarias a tasas impagables que debieron ser reducidas a un “punto final”. El salvamento bancario presionó una decisión estratégica estatal, efectivamente, muy onerosa para los ciudadanos en general; pero, bien vista por el Capital Dirigente de los países centrales… ¿quién es culpable? México tenía que solventar su crisis. 

En este punto, para mí, existe una decisión más gravosa e injusta aún y que fue la aprobación de la SCJN del Anatocismo aplicable a las deudas privadas ante los Bancos… Doce años atrás la SCJN legalizó el anatocismo (intereses sobre intereses) para favorecer a la banca en contra de sus diezmados creditohabientes, quienes tuvieron que pagar (todavía pagan en no pocos casos) miles y miles de millones de pesos adicionales a los originalmente pactados con las instituciones financieras. (Fuente: La Jornada. México SA. Carlos Fernández-Vega. https://bit.ly/2TZjPgK). Esta para mí, es de otro Poder, y más innombrable que la otra.

(3) En el caso del expresidente Vicente Fox, aseguró que será juzgado por “llegar al poder y traicionar a la democracia. Por grave que lo haga sonar, se trata de un supuesto agravio de naturaleza estrictamente política, y en esos terrenos debe derimirse; o ¿bajo qué supuesto penal cae? “Traición”, debe probarla y señalar a sus víctimas. 

(4) “¿Por qué juzgar a (Felipe) Calderón? Declaró la guerra a la delincuencia, sin atender las causas y se llevaron a cabo masacres, habían instrucciones de rematar a heridos, y ahí están los datos, los niveles de letalidad en enfrentamientos, dos años de Calderón en enfrentamientos, más muertos que heridos”, dijo. Sí pudo haber errado de estrategia; pero, debe sustanciar el agravio: las masacres. Está a discusión la proporcionalidad a la violencia irracional del narco, por ejemplo. Las pruebas deben ser exhibidas. (5) El expresidente Peña Nieto sería juzgado por “actos evidentes de corrupción”. Bien, si son evidentes que los enuncie. Además, debe vincularlos a su gestión personal como mandatario y a su voluntad explícita de cómo se llevaron a concreción.

En estos enunciados, lo que sí se patentiza es el putsch del Ejecutivo para imponer mediante consulta un juicio mediático y plebiscitario contra mandatarios del pasado, así en genérico, así en abstracto, así de ambivalente. 

Respecto de la validez y efectos vinculatorios de dicha Consulta, el consejero del INE, Ciro Murayama informó que para que esta, en juicio explícito a expresidentes, tenga efectos vinculantes deberá haber una participación al menos del 40% del listado nominal/ unos 37 millones de personas. Será muy revelador contar el número de indignados. 

Por lo pronto, es preciso denunciar la anfibología o ambivalencia del discurso presidencial de López Obrador: Ya que su referencia negativa al talante crítico-liberal en la vida democrática, tergiversa el sentido de la emancipación auténtica de la ciudadanía. Esa ambigüedad nos impone el reto de tener que desembarazarnos de esta anfibología histórica y ambivalencia retórica del lenguaje presidencial, mediante la lucidez de un chispeante entendimiento. Ejemplo brillante de éste lo tenemos en un célebre monólogo cinematográfico: “Horror…”, del Coronel Kurtz, Marlon Brandon, en el filme Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, 1979, en que frasea: – “sentí vívidamente como si una clarísima bala de diamante” atravesara mi cerebro, y entendí que un ejército así jamás sería vencido” (superando al horror de tener que amputar ellos mismos –los combatientes vietnamita–, los bracitos de niños vacunados). Superar esas ambigüedades en un frente de lucha, implica asimilar precisamente comportamientos o datos que ocultan la verdad de sus profundas motivaciones.

Se trata, hoy, de zanjar un “sí” o un “no” sin ambigüedades. Lo que vamos a lograr sólo si elegimos la emancipación y empoderamiento de nuestra conciencia, y no caer ingenuamente en lo que es neta alienación sistémica; de discursos así, de narrativas, así, de argumentaciones falaces así. De juicios sumarios y plebiscitarios a modo. Hoy,

nuestro imperativo consiste en recuperar el sentido de la caballerosidad y la cortesía que eran las prácticas sociales más estimadas y reconocidas como formas civilizadas de discutir y acordar; hoy, se pretende inducirnos a reaccionar iracundos; con pasión visceral (to spill one’s guts/derramar la bilis, y así concitar la rabia, los argumentos “ad hominem” y los innuendos (perdón por el anglicismo) denigrantes para zanjar una discusión. (Nota mía: LJA. “Salvando el decoro y la dignidad”. Sábado 22 de Febrero, 2014). Hagámoslo no por mera añoranza, sino por la urgente necesidad de elevar el tono y la materia de los pronunciamientos públicos, es por ello que hacemos referencia a virtudes civiles y cívicas.

 

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