Memo Pérez, la mañana y una medalla de oro que nunca olvidaré - LJA Aguascalientes
05/12/2021

Guillermo Pérez confirmó junto a María del Rosario Espinoza que el taekwondo había llegado para quedarse, la medalla que llenó de emoción al cronista Antonio Rosique y qué contagió a todo México de drama y emoción con la resolución de los jueces al darle el triunfo al de Uruapan, Michoacán.

Una mañana del 20 de agosto del 2008 me levanté para ir a la secundaria, de esos días comunes, con flojera y mucho sueño. Mientras arreglaba mi uniforme, encendí la televisión en TV Azteca, en aquel entonces los Juegos Olímpicos todavía eran transmitidos en televisión pública, en voz de Toño Rosique escuchaba que el mexicano Memo Pérez estaba a punto de hacer historia para México, una medalla de oro en taekwondo, una disciplina prácticamente desconocida para mi.

El rival, Yuris Gabriel Mercedes, el villano de la historia mexicana, sin recordar mucho cómo iban transcurriendo los rounds, el mexicano cada vez se acercaba más a la consagración de oro. Los tres primeros rounds pasaron en un abrir y cerrar de ojos, tensión, esa sensación que todos tenemos cuando estamos al filo de sentirnos parte de la victoria o de la derrota. Para el último round ya tenía que partir hacia la escuela, no podía dejar a mi compatriota sólo, si no lo veía estaba seguro que iba a perder, hay cábalas muy extrañas que no puedes explicarlas, sólo vivirlas.

Para el 4to round, ninguno de los dos, ni el mexicano ni el puertorriqueño regalaron nada todo lo dejaron a la decisión de los jueces. Transcurría el tiempo y cada vez se hacia más tarde para llegar a clases pero se acercaba la decisión de los jueces. Ambos taekwondoines regresaron para la decisión de los jueces.

Cerré los ojos para la decisión y sólo escuché:

¡MÉXICO, MÉXICO!, GANAMOS, ORO, ¡ORO!

Grité de la emoción, es una sensación indescriptible, felicidad, emoción y llanto, Toño Rosique el narrador de esa lucha estaba llorando de la emoción por el éxito del mexicano, su voz se rompía conforme avanzaba la narración, tiempo después oía a compañeros burlarse de él por haber llorado en tele nacional, ¿quién hace eso?, ¿quién hace eso? alguien que ama al deporte, alguien que da lo mejor de si para transmitirte lo que pasa en un lugar que está a millones de kilómetros de tu hogar. Memo gritaba, corría, brincó sobre su coach, las emociones no eran para menos, estábamos viendo a un compatriota ser el mejor de todos, el que se subía al podio, todos fuimos Memo Pérez en esa mañana a finales de agosto.

Para el final, durante la coronación, ya me había resignado a tenerle que rogar al prefecto para pedirle que me dejara entrar a clases, todavía no me podía ir, tenía que ver como entonaban el himno mexicano, ver el rostro de Memo mirando al cielo, tomando su medalla de oro y cantando lo mismo que yo, probablemente con el mismo sentimiento que yo, el dulce sabor de la victoria olímpica.

Apagué la tele, y me fuí corriendo a la secundaria, sí, Memo Pérez en cuestión de minutos cambió mi vida.

 



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