Tejiendo agendas éticas solidarias en favor del medio ambiente - LJA Aguascalientes
20/10/2021

Sergio Reyes Ruiz y Victor Hugo Salazar Ortiz

 

La pandemia del covid-19 nos ha enseñado que los problemas socioambientales pueden tener repercusiones graves a nivel global e impactar directamente la salud y la economía en todos los niveles. Para abordar esas problemáticas, de por sí complejas y multifactoriales, requerimos de la acción ética, organizada y transdisciplinaria de los distintos sectores de la sociedad. Si bien los diferentes ámbitos y las distintas instancias gubernamentales tienen una responsabilidad preeminente, también desde el sector productivo de la economía y como sociedad civil tenemos tanto el derecho como la obligación de incidir en las políticas públicas ambientales. Dicha participación no se da de manera espontánea: es un proceso que tiene que irse cultivando para que vaya dando frutos; toma su tiempo, desde luego, pero los resultados son sólidos y permanecen en el tiempo. En medio de la Emergencia Climática y aún todavía en la contingencia sanitaria global, aquí se expondrán un par de razones para tejer agendas éticas solidarias en favor del medio ambiente.

 

Es un asunto de democracia

Las políticas públicas requieren la participación, continua y transversal, de todos los sectores. Por mucho tiempo, hemos constatado cómo acciones gubernamentales han sido maquilladas cual políticas públicas a través de la incorporación de mecanismos de participación ciudadana; si bien estos espacios fueron en su tiempo nichos novedosos para integrar más voces, han quedado ya obsoletos por su tendencia a caer en la simulación, porque las administraciones no les han dado la importancia que conllevan y porque, lejos de ir evolucionando, se han ido anquilosando al no desarrollar operatividad vinculante y eficiente. 

Los consejos, comités, reuniones públicas y mecanismos de consulta y acceso a la información pública siguen sirviendo y permitiendo una interacción muchas veces valiosa entre la función pública, el empresariado y la sociedad civil organizada; sin embargo, lo hacen de manera limitada, burocrática y muchas veces improductiva e ineficaz. Incluso hay una tendencia a querer abrir más de estos espacios pero sin contemplar aprendizajes ni recomendaciones, con lo que surge el riesgo de multiplicar con ello los fracasos en lugar de engendrar verdaderas mesas de diálogo democrático; basta con decir que en el Ayuntamiento de Aguascalientes podría haber próximamente tres consejos distintos en materia de agua, sin que alguno de ellos verdaderamente garantice una integración plural suficiente, un trabajo metodológicamente adecuado o siquiera una consideración trascendente de las decisiones, acuerdos o consensos que logre construir.

 

Es un asunto de necesidad

Recién hemos iniciado el pasado sábado el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, no sólo como una década declarada con objetivos ambientales, sino también como un reconocimiento de que la seguridad alimentaria y la viabilidad económica de muchas comunidades y regiones dependen de la salud de los ecosistemas, que hoy por hoy se encuentran sobrepasados en su capacidad de resiliencia y amenazados en su subsistencia por la Emergencia Climática. La continuidad de localidades humanas y poblaciones no humanas ya se está viendo afectada y traduciendo, lamentablemente, en las migraciones climáticas y acelerada extinción de especies que cada vez con más frecuencia se están reportando. Los récords de altas temperaturas y las sequías cada vez más extendidas luego darán paso en los encabezados periodísticos a los huracanes cada temporada más intensos y a las inundaciones cada ocasión más graves; y en cada iteración, menos comunidades y especies logran recuperarse para enfrentar el siguiente ciclo.


Dicha declaratoria mundial es también la triste aceptación de que lo que se ha hecho en materia socioambiental no sólo no ha sido suficiente, sino que en algunos casos ha sido incluso contraproducente. Desde este y otros espacios, como Movimiento Ambiental hemos deplorado que continúen las “campañas” de reforestación efectistas: aquellas que buscan la fotografía y el impacto mediático pero que, al privilegiar especies exóticas, al no informar integralmente a la ciudadanía sobre los cuidados, espacio y condiciones que los arbolitos requieren, al no tener planes de mantenimiento y riego, al realizarse en momentos adecuados en lo electoral pero no en lo ecosistémico y al promoverse como acciones de alta compensación de los impactos negativos de la actividad humana, resultan en ocasiones más dañinas que no haber hecho nada. ¿Cómo es esto posible? La inadecuada elección de especies puede dar lugar al incremento en la demanda de agua (pues no están adaptadas a nuestras condiciones semidesérticas) así como auspiciar el desplazamiento de especies nativas, la propagación de enfermedades, entre otros efectos nocivos a largo plazo; la falta de información deviene en árboles cuyas raíces afectan las guarniciones, banquetas e incluso el patrimonio inmobiliario de las familias porque no hubo una adecuada indicación de cómo y dónde podía ser ubicado el entonces arbolito, además de que buena parte de nuestros impuestos se va en el servicio público más demandado: la poda y tala de árboles que, de haber sido de la especie correcta en el lugar idóneo, no requerirían esa medida tan reactiva como negativa. La falta de mantenimiento, de riego y de plantación en tiempos adecuados resulta en una baja efectividad de las acciones de “reforestación”; en México y en Aguascalientes, Greenpeace ha documentado desde hace más de una década la inutilidad de este tipo de esfuerzos, que hacen creer a mucha gente que participa y se entera que se hace mucho, cuando en realidad muy pocos de estos especímenes prosperan.

Penosamente, no sólo administraciones federales de distintos colores (incluyendo gravemente al guinda actual) han incurrido en ese tipo de fallas evidenciadas. Los otros ámbitos de gobierno también han sucumbido a la tentación de la acción deslumbrante inmediata pero inservible en el largo plazo. Pero no es la única esfera: también se han visto “campañas” por parte de empresas, sindicatos, colectivos y asociaciones civiles que, muchas veces desde el interés genuino pero también desde la plena ignorancia, obsequian arbolitos indiscriminadamente sin saber siquiera de qué especie son (porque se les ha preguntado francamente y resultan desconocerlo) y mucho menos los cuidados y eventual crecimiento del espécimen.

 

Agendas éticas solidarias

Por lo anteriormente expuesto, con la Emergencia Climática en ciernes y todavía lejos de salir de los efectos de contingencia sanitaria global, en Movimiento Ambiental convocamos al IV Encuentro de experiencias en favor del medio ambiente. Una vez más nos dimos cita varias decenas de personas, emprendimientos, colectividades y asociaciones, pero esta ocasión no sólo para compartir aprendizajes y experiencias, sino también para comenzar a tejer agendas éticas solidarias para abordar tanto lo que se hace como lo que no, en materia socioambiental. En el Día Mundial del Medio Ambiente, comenzamos este caminar colectivo, diverso y glocal, del que seguiremos escribiendo en este espacio, y al que les seguimos invitando cordialmente.

 

@mov_ambiental


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