Colecciones, nuevos profesionistas y el mundo digital/ En la paz de estos desiertos - LJA Aguascalientes
28/05/2022

Existe un impulso novedoso de acercamiento a la cultura archivística y bibliográfica que no es fortuito, la irrupción del mundo digital ha modificado como nos relacionamos con el mundo de la información, los archivos y bibliotecas, así como los libros y los documentos, son parte integral de esta discusión.

Si bien esto no es nuevo, si podemos decir que la pandemia de covid-19 nos empujó a repensar y reapropiarnos de maneras distintas de los objetos culturales y en particular de las colecciones que resguardan las bibliotecas, los archivos y los museos, justo los espacios de la memoria a partir de la construcción de las naciones desde el siglo XIX.

A las Instituciones las enfrentó la realidad ¿estaban listas para promover contenidos digitales?, ¿se habían invertido en poner a disposición pública sus colecciones a través de portales digitales?, ¿se habían generado proyectos de digitalización y preservación digital? La verdad es que la realidad nos alcanzó de manera sorpresiva y en muchas partes –y me refiero particularmente a México– se develó la falta de actualización y modernización de las instituciones que resguardan los bienes culturales de la memoria.

Esto nos ha puesto en entredicho porque por una parte se quiso estar a la altura de lo que pedía la realidad, pero no se había hecho el trabajo y me parece que hoy en día tiene mucho por hacerse.

No pretendo ser meramente crítica de las circunstancias sino comprenderlas e intentar poner sobre la mesa las problemáticas a las que se enfrenta un país como México al resguardar, gestionar y promover su memoria.

Los responsables de resguardar los bienes culturales de un municipio, un estado y una nación son las instituciones creadas para ello, además de las comunidades que por iniciativa propia resguarda su propia memoria. A esto hay que sumar el marco legal que nos permita promover la salvaguarda de nuestro patrimonio y la protección de los recursos artísticos, culturales e intelectuales que se crean en determinado territorio. México cuenta con un robusto marco legal para ello, así como una red de instituciones federales, estatales y municipales y una basta oferta educativa que puede coadyuvar en la protección, gestión y difusión de nuestros objetos y bienes culturales.

Entonces se preguntarán ¿dónde está la falla? La verdad es que es difícil responder en una columna de opinión, el problema es complejo y ni cercanamente pretendo responder en unas líneas una problemática que requiere de la revisión, análisis, investigación y discusión entre la comunidad involucrada. Pero si quiero apuntar acaso algunas ideas para el caso de Aguascalientes:

  1. Existe poco conocimiento y, por lo tanto, valoración de la producción intelectual, artística y cultural de la entidad.
  2. Ante esta falta, esos bienes producidos por una comunidad, son difícilmente vistos desde la gestión y las políticas culturales.
  3. Seguimos viéndonos desde el lente externo y reflexionamos poco desde la propia historia, desde nuestros investigadores, productores y artistas, desde nuestros espacios. Esto nos lleva a generar planes de estudio y políticas culturales que no responden a una realidad y necesidad socio-cultural. 

Todo esto no nos permite valorar en conjunto la producción local. Priorizamos y cuidamos ciertos objetos que dotamos de valor según la circunstancia y despreciamos con el olvido y el desconocimiento otras, lo que a la larga nos lleva a perder nuestros bienes culturales, los objetos propios de nuestra memoria. De esta manera es difícil pensar que vamos a generar espacios propios y auténticos donde se expongan, se acceda y se reapropien nuestros bienes culturales, los objetos de nuestra memoria, que, por otra parte, también son los objetos que nos permitirían reflexionar nuestro contexto actual. 

Por otro lado, necesitamos reconocer en objetos cotidianos los bienes culturales, como lo son los libros, los documentos escritos, los digitales, las fotografías, los videos, el material audiovisual y muchos más. Si los consideramos no sólo testigos de un tiempo, sino como resultado de un proceso intelectual y cultural individual y comunitario, es probable que les asignemos un valor sustantivo.


Las leyes mexicanas y estatales nos posibilitan pensar desde un marco legal que nos permite estar acorde a las necesidades presentes, tenemos las instituciones, la profesionalización de las artes, la cultura y las humanidades, entonces ¿dónde estamos fallando? Me parece que es muy importante reflexionar desde nuestra realidad, cuestionar los viejos discursos, generar un cambio generacional, dialogar entre todos los involucrados, desde el o la que toma las decisiones hasta aquellos que realizan el trabajo.

Es motivante que en la actualidad los jóvenes profesionistas de la cultura y humanidades se están especializando en áreas muy específicas que requerimos, la cuestión es ¿podrán integrarse a los espacios donde los requerimos? Más allá del favor político y las lealtades sectarias, es necesario el trabajo por el bien común, por el fin último que es el acceso, disfrute y apropiación de nuestros bienes culturales.

En este sentido el entorno digital juega un papel preponderante, sin embargo es necesario reconocer que existe un grueso de la población que no tiene acceso a internet y que desde ahí se marca una distancia. Esto quiere decir que tenemos que trabajar desde dos frentes, procurar un acceso universal al internet y generar los espacios para el acceso a la información, poner a disposición pública los recursos propios de nuestra memoria colectiva para que salgan de sus bóvedas y de esta manera poner la primera piedra para repensarnos socialmente.

La posibilidad que nos brinda el mundo digital nos ha hecho revalorar nuestros objetos físicos, eso nos ha motivado a pensar en planes de conservación, gestión de colecciones, preservación digital y es donde necesitamos profesionistas y espacios. También los archivos y las bibliotecas requieren gestores culturales, artistas visuales, historiadores, sociólogos, filósofos, especialistas en letras, informáticos, programadores y en general, trabajar desde la multidisciplina. Estoy segura que los jóvenes vienen con ese empuje, les debemos, los adultos, los espacios para que se desarrollen.

La verdad es que la realidad nos alcanzó y no estábamos preparados.


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