La paradoja de los estudiantes/ La Columna J - LJA Aguascalientes
02/02/2023

“La vida es un constante aprendizaje, entre esperanzas y sombras, la vida es una enseñanza”.

¿Cuál es el fin de la educación? Se podría decir que formar ciudadanos bajo los parámetros morales, que tengan la posibilidad de participar socialmente ante las necesidades derivadas del sistema político y económico, del mismo modo, se puede esgrimir que es la acción de proporcionar conocimientos y herramientas de utilidad bajo una formación en específico. En un mundo mecanizado, resulta normal que los niños acudan a un centro de educación para recibir su formación, bajo el dogma social de realización, existe un camino académico que impulsa o sugiere la adquisición de mayores grados, puesto que se aduce que, entre más títulos, mayores posibilidades de éxito, lo cual resulta una paradoja, pero es una generalidad en la sociedad, no es meramente la percepción de un servidor. 

Es menester mencionar que muchos centros educativos se han convertido en fábricas de graduados, en la reseña de Aldous Huxley “es la sistematización de personas preparadas para una economía que los necesita”. Bajo el mismo preámbulo existen instituciones que inculcan valores e incluso ideologías que marcan un sello en sus egresados, mucho depende de la temática a la que se enfoque el estudiante, sus posibilidades y los alcances que pretenda adquirir. La mayoría de los centros enseña bajo una línea teórica y bajo un esquema retrógrada de evaluación, es decir, mientras que el alumno cumpla con su parte administrativa y con su asistencia, está en posibilidades de acreditar un ascenso. A esta ecuación se le puede sumar la variable de que el docente sea una persona con ciertos criterios de enseñanza, en lo cual se abre la posibilidad a la creatividad o incluso se puede reducir a la memorización de datos para plasmarlos en un pedazo de papel y posteriormente obtener un número supuestamente representativo. 

¿Cuándo fue la última vez que utilizaste la raíz cuadrada para resolver un problema de tu vida diaria?

El autor Michael Focault expresa en su libro Vigilar y castigar que existe un esquema carcelario en los sistemas educativos, tomando como reseña la estructura lancasteriana, incluso refiere que el alumno está sometido a un horario estricto, a la uniformidad de su vestir, del mismo modo a la asignación de tareas, lo cual conlleva a una limitación del tiempo de recreación. Existe una dinámica de estímulo o castigo, que tiene como base el sistema de evaluación, lo cual pone en un entredicho al propio estudiante, lo lleva a una paradoja, puesto que en muchas de las ocasiones prefiere obtener un decoroso “diez” a la obtención de un aprendizaje significativo, el cual le represente un beneficio en su vida diaria. Aunado a eso, existe una presión social, familiar e institucional sobre el tipo de alumno que es ante su entorno.

En grados superiores, la expectativa de un título resulta mayormente necesario, puesto que los títulos avalados fungen como un sinónimo de preparación, al existir esta demanda en la sociedad, quienes operan las instituciones educativas bajo la premisa capitalista, ofertan una serie de posibilidades, en las cuales el objetivo es la obtención del documento que avale el “saber”; en pocas palabras, ciertas corrientes de la educación se están enfocando en la cantidad y no en la calidad, no es que no se puedan concatenar, por el contrario, es evidente que se puede trabajar en instruir y formar a la mayor cantidad de personas bajo estándares de calidad y eficiencia.

Es importante plasmar la principal intención del alumno, ¿Qué es lo que quiere? ¿Qué es lo que busca?, podría ser el alcanzar una meta establecida socialmente, o en su defecto alguna intención egoica, o por el contrario la opción de tener más herramientas para desarrollarse en su ámbito profesional. Considero que pueden existir muchas posibilidades, lo que no debe presentarse es la simulación, curiosamente en la mayoría de las cosas que se consumen, el demandante pide más, sin embargo, con la educación pasa lo contrario, se pide que la clase acabe antes, se pide que no haya clase, aunque se esté pagando por ella. Entonces ¿Qué pudiera ser más importante? ¿La puntualidad y la participación, o un diez de calificación? Y desde mi personal punto de vista afirmo que, el diez en la vida real no sirve de nada, si no se es además un buen ser humano, a nadie sorprende en la práctica un número, mientras que la puntualidad y ser proactivo, por ejemplo, ayuda en demasía.

La paradoja del alumno consiste en que sea consciente de ¿cuál es su objetivo en su carrera académica?, la paradoja se extiende en la posibilidad de no buscar una calificación, puesto que, en la vida real, no hay ciudadanos de diez o de cinco, hay personas de éxito (bajo el parámetro que cada uno se establezca) y personas que aun piensan que son un número, o una cantidad en el banco. La vida es un abrir y cerrar de ojos, los números son representaciones matemáticas que expresan una cantidad, lo que cada estudiante haga con su vida es una cuestión de calidad. 

La realidad subyace de la conciencia. 


In silentio mei verba, la palabra es poder.

 

Roberto Valdés Ahumada


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