Mi forma de hacer y entender la radio/ El banquete de los pordioseros  - LJA Aguascalientes
20/09/2021


Es evidente que la tecnología ha invadido nuestra forma de vida, al extremo que incluso quienes no crecimos con esta invasión tecnológica y en nuestra infancia y juventud las cosas eran diferentes, aprendimos -porque no nacimos con esto, no es nuestra realidad-, a hacer uso de todos los medios electrónicos, y eso está bien, no podemos cuestionar esa realidad que es nuestra cotidianidad, pero me queda perfectamente claro que dentro de esta realidad marcada por el uso de los gadgets hay cosas que sin embargo, son insustituibles, entre ellas, por ejemplo, el libro, la música en vivo y la radio como el medio de comunicación más utilizado históricamente. 

Evidentemente la radio ha pasado por una serie de cambios a partir del uso de la tecnología, la radio por internet, por ejemplo, o los podcast son materia frecuente en estos días. Actualmente cualquiera que tenga un micrófono e instale en su computadora el software indicado, puede hacer radio por internet, y lo más peligroso, difícilmente se pueden regular los contenidos, esto, por supuesto, siempre será un  riesgo que muy frecuentemente termina por desvirtuar la esencia real de la radio como un medio de comunicación maravilloso, mágico y con vocación de servicio. 

Sintonizar una estación de radio en las ondas hertzianas es tan placentero como sentarte en tu sofá favorito y abrir un libro, no hablo de sentarte con tu celular o la tablet en tus manos y pasar digitalmente las páginas de un libro en línea, me refiero a sentarte físicamente con el libro en tus manos y deleitarte con el olor maravilloso de sus hojas e irlas pasando una a una en un ritual que se niega a desaparecer y que ha librado una heroica batalla en contra de la invasión de la tecnología que ha logrado someter, en lugar de liberar a los usuarios, cuando la naturaleza del libro es justamente la de darnos libertad. O bien, asistir a una sala de conciertos, a un teatro, a un auditorio o cualquier lugar que se adapte a la ejecución musical y convertirse, consecuentemente, en un recinto de lo sagrado, es decir, la magia de un concierto. Esto siempre será un ritual que bajo ninguna circunstancia podrá ser sustituido. La secuencia de sonidos grabados en un sintetizador y “disparar” loops (lupear, haciendo uso de un anglicismo y dicho coloquialmente) es un vicio, ni siquiera lo veo como una alternativa, sino un vicio, un corriente y vulgar simulacro de lo que es la ejecución virtuosa de un instrumento musical, el arte nunca se someterá a los cánones y lineamientos de la tecnología. 

Exactamente así de indispensable e insustituible es la radio convencional. Este ha sido el medio de comunicación por excelencia, es nuestra principal compañía, podemos estar haciendo cualquier cosa y tener la radio como fiel acompañante mientras manejamos, mientras comemos, nos bañamos o estamos en medio de una conversación.

Hacer radio a través de las ondas hertzianas es un verdadero privilegio, es estimular la imaginación y crear historias surgidas desde el cuadrante, justamente eso, lo de estimular la imaginación es lo que hace a la radio superior a la televisión. En efecto, hacer radio es mucho más difícil que hacer televisión, el público no va manejando ni está conversando ni se está bañando mientras ve televisión, cuando encendemos el televisor es justamente eso, sentarnos a ver la pantalla y dejar de hacer cualquier otra cosa, la imagen lo da todo y la imaginación se inhibe. La radio en cambio, como lo mencioné líneas arriba, nos sirve de fondo para desempeñar cualquier actividad, pero cuando dejamos de hacer todo, cuando detenemos toda actividad con el fin de escuchar un programa de radio, cuando centramos toda nuestra atención y concentración en lo que dice el conductor -atención, dije conductor no locutor-, es entonces cuando estamos haciendo de la radio una verdadera obra de arte y eso es verdaderamente complicado. 


Hice la especificación de conductor, no locutor, entendiendo que locutor es el que grita comerciales, presenta canciones, claro, las que le indique la casa disquera o los intereses comerciales de su empresa, agradece llamadas, dice la hora y la temperatura ambiente, nada más. El conductor, en cambio, es líder de opinión, ofrece un punto de vista, incluso arriesga un punto de vista, habla con conocimiento de causa, cuida los contenidos de su producción, tiene amplia cultura general y propone una forma de trabajar que cumpla puntualmente con los objetivos de la radio: informar, entretener, educar y, como consecuencia de  todo esto, formar opinión, y claro, evidentemente el respeto como un sólido pilar que es irrenunciable cuando tenemos en frente un micrófono. Esta es la radio cultural, o educativa, o pública, el nombre es lo de menos, esta es la radio que estimula la imaginación, es creativa y representa un verdadero reto, mantener la atención del auditorio y esto, créemelo, es mucho más difícil que hacer televisión.

Esta es mi forma de hacer y entender la radio, esta es la forma de hacer radio que aprendí, no en las aulas, sino en la cabina, bajo la mirada analítica y escrutadora de José Dávila, el gran patriarca de la radio cultural en Aguascalientes, esa es mi forma de hacer radio, es la única que conozco, que me interesa, que me apasiona, y es de la que estoy convencido, no me imagino yo haciendo radio desde la trinchera de los beneficios económicos, finalmente siempre he estado convencido de un principio que el algún momento utilicé en mis programas de radio: “cuida tu salud mental, no escuches radio comercial”.

 

He dicho.  

 

Show Full Content
Previous Bioética, rectitud política/ Opciones y decisiones 
Next El Agua y el calentamiento global/ Cátedra
Close

NEXT STORY

Close

En medio de una pandemia, el papa Francisco viaja a un Irak, un país en el que la violencia no se detiene

04/03/2021
Close