Mariano Márquez escribe libro - LJA Aguascalientes
30/09/2022

La Puerta de Oro de los Altos jaliscienses, Lagos de Moreno, en la zona centro de la patria mexicana es mancha geográfica en la que se entroncaron elementos, situaciones, condiciones y circunstancias que generaron una sociedad que parte de su desarrollo la encontró especialmente con el ganado y sobre el dorso de los caballos.

En una casa vetusta, amplia y señorial del centro de su cabecera municipal trabajó un hombre en el legendario oficio de la talabartería. Baquetas, carnazas, cáñamos fuertes, maderas macizas y fieltros eran convertidos en bien hechas sillas de montar al puro estilo mexicano. Monturas que tienen acusada personalidad, muchas andan todavía por ahí en campos, breñales, potreros, ranchos y lienzos charros. Don Antonio Márquez y sus fieles oficiales fueron los autores de semejantes piezas dentro de las que se cuentan, igualmente, chaparreras, manillas de lazar, cinturones y demás arreos propios para el uso de charros y gente campirana.

Por su taller desfilaron vaqueros, caporales, charros, rancheros y un catálogo inacabable de hombres burilados por la tierra agreste y el sol implacable.

Mientras Don Toño trabajaba baquetas y gamuzas para dar vida a diversos arreos, de su boca salían de modo más que ameno, episodios amplios y a detalle, ya de historia nacional, ya de historia universal. Amplia fue su cultura y la expandió sin ambages.

De Don Antonio es vástago Mariano Márquez, personaje que heredó la pasión de su progenitor por la charrería y todo lo que en torno a ella gira como satélite indispensable.

La ruta era muy clara; el ambiente familiar le indicó sin titubeos su destino, y “simplemente”, se convirtió en un charro.

Mariano comenzó a pisar arenas de los lienzos a temprana edad matriculado en el equipo de “Charros de Cuarenta”, Jalisco. Nutridas fueron sus experiencias en dos vertientes, principalmente, la competitiva y la social.

Con el deslizar de los años, Mariano fue acumulando oficio, y como consecuencia, gallardetes que adornan ahora las vitrinas de su galería personal. Sobresalió sobre todo en las faenas de reata, aditamento legendario y extensión espectacular del charro. Sus habilidades en piales en el lienzo y lazo cabecero le granjearon trofeos en rangos tan altos como es el del estado de Jalisco.

Hoy la inquietud de Mariano lo tiene preparando un libro de charrería. Su labor sigue siendo tremenda y la continúa sumergiéndose en hemerotecas, bibliotecas y documentos sueltos, además de recurrir a sus propias experiencias; no es profano, él mismo anduvo entre hombres de sombrero ancho de los que aprendió de la charrería y de la propia vida.


Vertido y diluido su ser entre hombres de sombrero ancho y gente eslabonada con el ambiente, conoció y departió con personajes sumamente destacados; entes que no solo dejaron su sello en los arenosos escenarios, sino fuera de él; humanos que hicieron, en más de un sentido, labores para el desarrollo y evolución de la sociedad en que vivimos.

Parte del objetivo de tal obra en preparación es la de, justamente, recordar y dar a conocer a esos hombres. Que las generaciones jóvenes conozcan el pasado humano de la charrería y su horizonte de apreciación se amplíe.

Suerte a Mariano y vaya desde esta cuartilla la mejor vibra para que siga en labor tan rara como hermosa.


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