Democracia participativa: ganando como siempre/ Sobre hombros de gigantes - LJA Aguascalientes
28/09/2022

Después de la consulta popular del 1º de agosto ¿ganó la democracia?

La primera consulta popular en México fue sobre un tema de derechos humanos y obligaciones de autoridades. Así como se lee, la historia de esta figura democrática en el país comenzó siendo inconstitucional y rompiendo uno de los principios esenciales en materia de democracia participativa: las obligaciones de las autoridades para proteger y hacer efectivos los derechos no están sujetos a consulta popular. ¿Qué pasó entonces? Que lo “bonito” del derecho es que dice lo que su intérprete quiera que diga, y por eso, si bien la justicia no se consulta, la ilusión y esperanza de la sociedad sí.

Mucho se habló de si se trataba de un montaje o un gran ejercicio de la democracia; si las leyes se aplican y no se consultan, o que si era necesario expresar la opinión porque la ley seguía sin aplicarse; si el dinero fue tirado a la basura o que eran recursos necesarios para comenzar a avanzar con la realización de estas diversas formas de participación. Es decir, como históricamente ha ocurrido, mucho se habló de cómo dividir y seguir dividiendo a la sociedad, para que venza quien quiere vencer.

Es una realidad de que esta primera consulta popular dejará huella en el entendimiento social de que las autoridades no se mandan solas y la sociedad puede influir en la toma de decisiones, pero el hecho de que la consulta sea para saber si una obligación constitucional de una autoridad deba hacerse, pareciera indicar que lo que menos interesa es la participación democrática del pueblo, sino su preparación para las siguientes jugadas electorales disfrazadas de democracia social.

Si, es cierto que durante años se ha garantizado la impunidad de diversas autoridades en perjuicio de las víctimas; pero también es cierto que el actual gobierno Federal va para tres años que no inicia procesos legales en contra de esas autoridades por “decisiones políticas” del pasado. Entonces, al no alcanzar el poder de vinculación la consulta popular ¿no se realizarán esas acciones y procesos legales que Constitucionalmente se tenía la obligación de realizar? O ¿no podían haberse realizado desde el 1 de diciembre de 2018 y se necesitaba una consulta popular?; y si a esto le agregamos el fraude de etiquetas de la pregunta de la consulta, ¿se requerirá otra consulta popular para aclarar estas dos nuevas preguntas?

La interrogante original y modificada de la pregunta de la consulta popular comenzó con “Estás de acuerdo o no…”; es decir, la pregunta no fue “Las autoridades competentes deben realizar…”, por lo que no se consultaba si debían realizarse investigaciones en contra de personas en el poder que en el pasado hubieran cometido actos ilegales, sólo si la persona que respondía coincidía o no en que se debían realizarse esas acciones. Al final, la vinculación sería en si se estaba de acuerdo o no, no en que la autoridad debería realizar ciertas actividades, ya que la redacción que estableció la Suprema Corte de Justicia se convirtió en una ambigüedad. Esos juegos de palabras no se dan por falta de conocimiento en materia de redacción, sino que se realizan con toda la intención.

Entonces, después de la consulta popular del 1º de agosto ¿ganó la democracia? En política nada se hace sin sentido o al azar. Por ejemplo, ¿por qué anunciar que se propondrá una nueva reforma constitucional en materia de energía, cuando se sabe que no se tienen las mayorías necesarias en las cámaras legislativas? Pues porque así siempre se ganará: si las mayorías opositoras no aprueban la reforma, el discurso será que no apoyan ni están a favor del pueblo; en cambio, si se hacen acuerdos y alianzas y se apoya la reforma, el argumento será que es evidencia directa de que tiene razón quien propuso la modificación. Hoy, la baja participación registrada el domingo pasado se atribuye como responsabilidad al INE, tal cual “hubiera actuado” para boicotear este ejercicio democrático (lo que no se dijo hace mas de dos años con los resultados presidenciales), y se anuncia que se propondrá una reforma constitucional para su “reestructuración” y se garantice la democracia. Ya no es buscar quién la hizo, sino encontrar quién la pague.

Creo que la mayoría coincidimos que la democracia no es solo votar en día de elecciones, como regularmente nos lo han hecho creer; la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo, lo que durante años no se ha cumplido a través de autoridades que sólo han buscado su beneficio personal. La democracia participativa busca que la ciudadanía sea escuchada sobre temas de importancia en donde estén en juego su vida social (plebiscito, consulta ciudadana, etc.); que tenga el poder de avalar o rechazar acciones de la autoridad (referéndum), e incluso pueda quitarle el poder a aquellos que no cumplen con su función de servir al pueblo que representan (revocación de mandato); también que proponga temas de importancia para legislar, que regularmente quedan en el olvido por intereses de partidos. La Democracia participativa recuerda a las autoridades que son servidores públicos, empleados del pueblo, y deben servirlo a ellos, no a sus propios fines.

Si a este origen y consecuencias discursivas de la primera consulta popular, le agregamos que, en Aguascalientes, en diciembre de 2020, el IEE validó la presentación de una iniciativa ciudadana (que después se convirtió en ley) para establecer en la Constitución Local y otras normas, la “protección” de la “vida desde la concepción”, con una clara visión discriminatoria contra la mujer, vemos que la tendencia de utilizar la democracia participativa para temas que generan división social en materia de derechos humanos, con el fin de utilizar una forma enmascarada de proselitismo electoral fuera de tiempos legales, y condicionar una gran cantera de votos, de la mano con una fuerte campaña de desprestigio a la credibilidad de las autoridades en materia electoral, verificamos que no sólo “dios” obra de formas misteriosas, sino cualquier expresión de política y clase de partidos en el poder.


Año nuevo, discursos viejos; distractores antiguos disfrazados de información nueva, de nuevas estrategias sociales frente a un espectador que sigue enganchado de lo que se le muestra: ganando como siempre. La cuestión es controlar los impulsos de hacer lo popular, cuando eso no sea lo correcto.


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