Democracias y dictaduras/ La columna J  - LJA Aguascalientes
06/12/2021

“Hablando de manipulación podemos inferir que una mentira con interés puede ser destapada por una verdad aburrida” Aldous Huxley.

 

Estimado lector de LJA.MX, nuevamente le saludo con mucho afecto, en estos últimos días tomé a bien el dar seguimiento a la obra de Nueva visita a un mundo feliz y del mismo modo comencé a ver en Netflix la miniserie de Cómo se convirtieron en tiranos. Ambos ampliamente recomendables. En muchas de las ocasiones existe una queja latente sobre el funcionamiento social, sobre la capacidad del gobierno y la interacción comunicativa que existe en los preámbulos competentes, no obstante, resulta profundamente interesante analizar a las democracias y a las dictaduras.

En Un mundo feliz se plasma la distopía en el que la eugenesia es básicamente un protocolo de producción humana, existen ciertas libertades para las personas y algunos métodos de control existencial, por expresarlo de esa manera. Por otro lado, en la obra 1984 de George Orwell, se puede observar un planteamiento de verticalidad absoluta por parte de un gobierno, que no deja nada a la libertad de pensamiento, incluso imponen el lenguaje. Ciertamente, aunque ya no existen dictaduras como tal, se puede inferir que, en el contexto democrático, muchos sistemas o núcleos de poder tienen un velo que antecede a las ínfulas dictatoriales, como lo puede ser el discurso, el sistema asistencialista, las malas prácticas económicas para posteriormente tener el control que salvaguarda a una nación.

Las poblaciones se van incrementado, las complicaciones y los modos de ejercer el poder son ponderantes y desafiantes, un líder carismático encabeza un movimiento y como bien dice la frase “el poder se toma con la izquierda y se domina con la derecha”. Evidentemente los criterios son afables y subjetivos, no obstante, el oprobio intelectual que reside en la sociedad es producto de las cadenas subversivas que se imponen desde los escaños de poder, toda democracia que carece de un enfoque humanista y que no enarbola a la libertad, en todas sus facetas, comienza a desplazarse poco a poco hacia su opuesto, la dictadura. Los modos de acceder al poder por parte de un grupo casi siempre son estructurados bajo grandes ideales y una comunicación de masas impresionante, son pocos los líderes que saben llegar a la cumbre del poder, y saben descender a tiempo, los juegos de poder son cíclicos, son temporales, todo pasa.

“La civilización es, entre otras cosas, el proceso por el que las primitivas manadas se transforman en una analogía, tosca y mecánica, de las comunidades orgánicas de los insectos sociales”, Aldous Huxley.

Las democracias modernas, salvo en los casos en donde existen mejores estándares de vida, en alusión a la educación, servicios públicos, seguridad, economía, es en donde se logra percibir una participación social que genera un equilibrio ante la clase gobernante, es decir quien ejerce el control y el ritmo es la misma gente. No obstante, quien ha dimanado un plan para apoderarse del gobierno suele controlar por medio de la fuerza y la manipulación a cualquier tipo de oposición que se puedan encontrar. Los elementos aplicados por dictadores como Hitler, Stalin, Musolini, Sadam Husein, coinciden en demasía, su modo de operar a las fuerzas armadas, la comunicación y el temor que se ejerció en las personas, insisto, son muy similares. Si bien ahora ya no estamos en esos tiempos, las democracias tienen grandes retos, el primero de ellos posiblemente sería no convertirse en una dictadura, sin tener como antesala a la demagogia.

En las últimas décadas, diversos investigadores de todas partes del mundo indagaron sobre una preocupación latente: la crisis de las instituciones democráticas, partidos políticos y el futuro de la democracia. Falta de interés en la política, decrecimiento del apoyo a la democracia como el mejor sistema de gobierno, caída de la confianza en instituciones democráticas y en políticos son algunos de los varios signos que reflejan la insatisfacción política de los ciudadanos. Ya no existen ideologías y partidarios que las defiendan.

Esta tendencia pareciera estar confirmada por estudios como el de The Economist Intelligence Unit (2018), el de Pew Research Center (2019) y el de Freedom in the World (2018) que documentan una disminución de la salud de la democracia. Las nuevas generaciones son verdaderamente lejanas a la participación política. Si bien los estudios convienen en la existencia del deterioro de la confianza en la democracia y de desilusión hacia las instituciones políticas, también registran el aumento de la participación política.

“En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable, no sabemos porque no queremos saber”, Aldous Huxley.


Estimado lector, vivimos en una democracia, que desde mi punto de vista reclama mayor compromiso social, ojalá nuestros ojos nunca tengan que ver una dictadura.

In silentio mei verba. La palabra es poder.


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