Dura lex/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
24/10/2021

En más de una ocasión he pensado que La ley es dura, pero es la ley, creo que la aplicación de las leyes es obligatoria, que todos merecemos una impartición de justicia pronta y expedita, eso sustenta mi idea de convivir en pleno Estado de Derecho; en más de una ocasión me he descubierto justificando con la frase Dura lex, sed lex la aplicación de una sanción o el establecimiento de una medida que, a primera vista, pudiera afectarme en lo personal o que a mis emociones pudiera parecer injusta con el otro; pero eso creo.

Evidentemente, pienso como una persona educada en occidente. Dura lex, sed lex podría ser la respuesta que me diera un talibán al aplicar la Sharía y vulnerar los derechos de una mujer, una respuesta que justificara los azotes, palizas y abusos verbales por no llevar burka o no ir acompañada de su mahram.

No sólo la dureza de la ley, un talibán podría parafrasear a Tomás de Aquino y explicarme que por encima de la ley humana hay una ley divina, una que comprende la ordenación del universo entero, en eso cree, eso debe acatar y esa es la razón por la que creen que las mujeres musulmanas “estarán contentas con vivir bajo la Sharía”.

La ley no es la ley necesariamente, la Sharía es diferente en cada país, la jurisprudencia islámica, Fiqh, es la metodología que transforma en legislación las normas del Corán. No hay una sola Fiqh, por eso su aplicación no es igual de severa en Egipto, Pakistán, India o China, como ha sido en Afganistán, donde los talibanes ya gobernaron interpretando la ley de la manera más ortodoxa, en contra de los derechos de las mujeres.

Me ocupo del tema porque me siento ajeno a la forma de pensar el derecho de los talibanes y frente al riesgo que corren los derechos de las mujeres, considero que se requiere pensar en formas de diálogo para llegar a un acuerdo para protegernos todos; además, si la ley se trata de la interpretación de la misma, eso centra la atención en la forma en que aquí, en México, estamos construyendo nuestro destino.

Si algo ha conseguido el gobierno de la Cuarta Transformación es poner en duda la inamovilidad de la ley, no hay día en que el presidente Andrés Manuel López Obrador no replique a sus adversarios que hay otra forma de pensar, que no se puede ser tan cuadrado; en los temas que le interesan al presidente, como la reforma al Poder Judicial, al INE o el uso de los apoyos del FMI al pago de deuda, entre otros, López Obrador argumenta que las leyes pueden ser modificadas, y tiene razón; sin embargo, la oposición a ultranza ha sido incapaz de revirar al presidente con una propuesta para pensar las leyes de otra manera.

La oposición no quiere que se modifiquen las leyes, pero suele personalizar estos cambios, antes que repensar el sistema, deliberar acerca de las posibles interpretaciones de la ley, se niega a la posibilidad de diálogo acusando al gobierno de sólo proponer para su beneficio.

Lo más grave, me parece, es que esta postura de guardianes de la ley, es la bandera de los grupos más conservadores, que confunden el disenso con la Cuarta Transformación con la defensa de un status quo machista y violento; como talibanes, lo que mandata la ley no puede ser modificado, son capaces de retorcer términos como igualdad y, en contra de las acciones afirmativas que permitirían una convivencia más justa e igualitaria, dividen entre igualdad sustantiva e igualdad formal.

Los talibanes occidentales acusan a las mujeres organizadas y promueven la idea de una conspiración mundial, sin prurito alguno las acusan de nazis, olvidando que fue el nacionalsocialismo alemán el que se inventó la conspiración judía mundial; que los retrógradas son los que luchan con todo su poderío económico en contra del supuesto lobby gay; son los mismos grupos que, en defensa de la ley, promueven discursos de odio para detener el avance del enemigo que se inventaron y agrupan como “ideología de género”.

Por el miedo a la diferencia, solemos simplificar a grados atroces, por eso es sencillo calificar de ignorante a un creyente, quienes profesan una religión son vistos como estúpidos, muchas veces, en nombre de la ciencia, desestimamos a los hombres y mujeres de fe, antes que incluirlos, antes que dialogar y llegar acuerdos, se les discrimina por lo que creen no por lo que saben y podrían aportar. El miedo al otro, a lo desconocido, los agrupa, los talibanes de occidente buscan adeptos en contra de un enemigo común, inventado.


Cuando los talibanes occidentales esgrimen la defensa de la ley, lo que en verdad están declarando rabiosamente, es la defensa del privilegio a seguir siendo los únicos que la pueden interpretar.

Coda. Vuelvo a uno de los aforismos de Elias Canetti: “El que quiera pensar debe renunciar a buscar adeptos”.

 

@aldan


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