Nosotros/ Bajo presión  - LJA Aguascalientes
27/01/2023

Compro en la carnicería del mercado del barrio porque me abruma la amabilidad del dueño y me fascina que su hijo trate de manera tan gentil a todos sus clientes. Cada tanto compro una botella de whisky barato en la vinatería del rumbo, con la frecuencia suficiente como para que el encargado de la vinatería me reconozca y me salude, en ese mismo local compra Aurelio el carnicero, en más de una ocasión hemos coincidido, nos miramos sin sorpresa, con gusto, de manera afable, mal que bien nos reconocemos como comunidad.

Fui a la carnicería y mientras me atendía el hijo de Aurelio, le pregunté por su papá, así me enteré que estaba hospitalizado y le habían amputado una pierna, conversamos un largo rato, aunque ya me había despachado, antes que irme preferí escuchar las historias de su fortaleza, cómo había llegado al hospital y que no era la primera vez que la libraba, porque décadas atrás, cuando trabajaba de ferrocarrilero, le dispararon en la misma pierna que le cortaron.

Después fui a la vinatería, no fui a comprar nada, la tienda había estado cerrada más de una semana, así que cuando la vi abierta aproveché para preguntar a Juan si le había ocurrido algo, no se sorprendió por la pregunta sobre su vida privada, por el contrario, me contó que se había ido de vacaciones y que su patrón no quiere contratar a nadie más; me quedé conversando un rato más, escuchando sus historias.

Hace poco también cuestioné a mi hijo por dedicar demasiado tiempo a un canal de YouTube, le dejé claro que no cuestionaba sus gustos, porque lo primero que me dijo es que lo hacían reír mucho, le pregunté la razón por ver tantas veces los mismos videos en vez de mirar otros y me preocupó que contestara que mucha gente también los veía, que mirara cuántos suscriptores tenían; para empeorar mi ánimo, rumbo al colegio me confesó que un día quería ser youtuber y grabarse para que la gente lo viera. Peor porque creí que mi hijo ya era víctima de la aprobación que hoy se busca en redes sociales, esa adicción de la vida moderna en que se mide el éxito a partir de los likes y corazones, cuando quien sea puede presumir que gana millones porque sus videos tienen muchas vistas, sin importar el contenido.

Afortunadamente dejé de preocuparme porque cuando dejé al niño en el colegio vi la emoción con que interactuaba con sus compañeros y lo escuché decirles que quería ser youtuber para grabarse con ellos y poder ver muchas veces el video cuando no estuvieran juntos, para mirarse aunque fuera así si la pandemia empeoraba y no podían regresar a clases presenciales. Respire aliviado, me cabe la esperanza de que sea capaz de generar comunidad en la vida real antes que en la virtual.

Me ocupo de las historias de Juan, Aurelio y mi hijo porque considero que esa forma de conectar con el otro, con los otros, las estamos dejando a un lado, se cambian por la aprobación que se nos muestra en las redes sociales, porque estoy convencido de que ningún emoticón o dibujito puede superar la vitalidad de un diálogo, porque ningún soliloquio es capaz de superar al nosotros.

Coda. De Piedra de Sol, de Octavio Paz:

la vida —pan de sol para los otros,

los otros todos que nosotros somos—,


soy otro cuando soy, los actos míos

son más míos si son también de todos,

para que se pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia,

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,

 

@aldan


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Edilberto Aldán
Edilberto Aldán

Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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