Patrimonio de la Unesco: Revaloración de Tlaxcala - LJA Aguascalientes
20/09/2021


APRO/Judith Amador

 

A 500 años de la Conquista de México y en un contexto en el cual el papel de los tlaxcaltecas comienza a ser reinterpretado y hasta revalorado en la historiografía, le llega al Conjunto Conventual Franciscano y Catedralicio de Nuestra Señora de la Asunción, de Tlaxcala, el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Es “realmente un acto de justicia” luego de que por razones desconocidas este monumento quedó fuera de la inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial (LPM) hecha en 1994 con los 14 monasterios del siglo XVI asentados en las laderas del volcán Popocatépetl, en los estados de Puebla y Morelos.

Así lo consideran Luz de Lourdes Herbert y Francisco Vidargas, directora y subdirector de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), respectivamente, quienes junto con la historiadora Carolina Figueroa, elaboraron el expediente técnico presentado ante el organismo internacional con sede en París, Francia.


De hecho no es la inscripción de un nuevo sitio; México no pasa de 35 lugares, se trata de una extensión al grupo de bienes ya inscritos en aquella ocasión, aclara Vidargas al considerar que debió ser incluido desde el inicio en la propuesta elaborada por el fallecido arquitecto Salvador Díaz-Berrio, que abarcó únicamente los más cercanos al volcán.

Sin embargo, este de Tlaxcala, construido a partir de 1527, fue uno de los primeros grandes conventos mexicanos, el primero de lo que ahora se conoce como el Valle de Puebla-Tlaxcala y de la orden franciscana en la región. Podemos decir “que fue el ensayo general de la gran empresa evangelizadora de los franciscanos y también en el ámbito de fábrica constructiva de los monasterios”.

Destaca con Herbert que fue un convento escuela. Ahí los frailes formaron a los pobladores originarios en oficios como la carpintería, orfebrería, dorado, herrería, bordado y el trabajo de la piedra, que se fue transformando para un fin distinto al que se aplicaba en la época prehispánica. Los elementos estéticos resultado de este trabajo se pueden ver en los otros conventos de la región.

Y cita Vidargas al historiador francés Serge Gruzinski, quien trabajó temas sobre el arte mexicano del siglo XVI, para adaptar su frase a la amalgama que representa el monumento tlaxcalteca: “No se trata de un arte conquistado por el estilo europeo, sino de innumerables modulaciones de la respuesta indígena a nuevas formas.”

En el documento preparado por el gobierno de Tlaxcala, la Secretaría de Cultura Federal y el INAH, se lee que “sirvió de ensayo espiritual, político, arquitectónico y estético, para comenzar la expansión evangelizadora y constructiva (…) hacia el centro y sureste de México, y posteriormente hacia los territorios del norte (llegando hasta los Estados Unidos), cubriendo también los territorios desde el océano Atlántico hasta el Pacífico”.

Herbert y Vidargas puntualizan que la Comisión del Patrimonio Mundial (MPM) consideró sobre todo criterios monumentalistas y de conservación. En este caso el bien está atendido, se ha intervenido en varias ocasiones, recibe mantenimiento, fue restaurado y está en uso porque la Catedral de la Asunción de Tlaxcala se halla abierta al culto y las ceremonias litúrgicas, y el claustro del convento es el Museo Regional del INAH.

Ello influyó en el criterio de autenticidad, dice el texto arriba citado:

“…conserva un alto grado de autenticidad en diseño y en los materiales constructivos y elementos decorativos, conservados y protegidos por normativos jurídicos nacionales, estatales y municipales, además de que su templo conserva sus funciones originales.”

Reitera Vidargas que los franciscanos formaron una alta cantidad de maestros artistas que después contribuyeron en soluciones estéticas y decorativas en otros edificios:

“Todos los grandes historiadores, desde Manuel Toussaint, George Kubler, John McAndrew o los que quieran, hasta los más recientes, destacaron que este convento no pretendió ser ejemplo de todos los monasterios del país, pero el grupo de monasterios demuestra perfectamente los aportes artísticos y arquitectónicos, más reconocidos en el arte hispanoamericano, todo esto es lo que nosotros presentamos como argumentos.”

Añaden su traza moderada en dimensiones y decorados (austeros a la usanza franciscana), recomendada por el virrey Antonio de Mendoza, que además fue “el espacio creativo para que los frailes cronistas de esta primera etapa de la historiografía novohispana desarrollaran sus obras, entre ellos Toribio de Benavente ‘Motolinia’, Jerónimo de Mendieta, Juan de Torquemada y Agustín de Betancourt”.

Una de las directrices de la Unesco para la inscripción es la elaboración de un plan de administración para su preservación. Y Herbert mencionó en rueda de prensa, como una de las recomendaciones, la ampliación de la zona de amortiguamiento. El programa deberá trabajarse en conjunto con los otros 14 monasterios del Popocatépetl y contar con la participación de instancias de los gobiernos federal, estatales de Puebla, Tlaxcala y Morelos, autoridades eclesiásticas y la comunidad, para conformar una Unidad de Gestión que establezca programas y la administración de los recursos.

 

Alianza tlaxcalteca

Para situar la historia del conjunto monumental, la historiadora Carolina Figueroa recuerda vía telefónica a Proceso que la expedición de soldados españoles que llegó al México antiguo en 1519 venía no sólo con la pretensión de conquistar tierras para el rey y la corona de Castilla y Aragón, sino también para extender el cristianismo por las nuevas tierras del reino.

 



 

En ese contexto, así como los tlaxcaltecas pactaron con los españoles una alianza militar para liberarse del poderío militar y económico de México Tenochtitlán, pactaron también una alianza religiosa:

“Tlaxcala se convierte no sólo en la punta de lanza militar, sino también en la casa del evangelio que empieza a difundirse. Prueba de ello es el bautizo de los cuatro señores principales que dominaban las cuatro cabeceras, ellos reciben el ritual cristiano”. (Maxixcatzin de Ocotelul­co, considerado el principal, según la historia oficial del estado; Xicoténcatl, el viejo de Tizatlán; Tlahuexolotzin, de Tepeticpac; y Citlalpopocatzin, de Quiauixtlán”.

Se debe entender, destaca, que aceptaron el bautismo no renunciando a su propia fe, sino como una forma más dentro de su politeísmo, ese hecho convierte a la región en una zona privilegiada para la evangelización. Añade que en 1524 llegan ahí 12 frailes franciscanos que se distribuyen alrededor del Popocatépetl y fuera de la zona para fundar otros sitios: Texcoco, San Francisco de México, Cuernavaca, Huejotzingo y Tlaxcala:

“Al paso del tiempo, Tlaxcala sigue recibiendo la preeminencia por haber pactado la alianza con los españoles, y se convierte en la sede del primer obispado de América continental. Existía el de Darién en Panamá, pero realmente el nombramiento no había aplicado. El primero de facto se crea en la provincia de Tlaxcala, y ahí llega el primer obispo fray Julián de Garcés.”

No duda en afirmar la historiadora que ahí, en ese territorio, se forjó lo que hoy somos, pues hubo una serie de procesos culturales, como armar la gramática entre la lengua náhuatl y la castellana para que los convertidos al catolicismo aprendieran la nueva religión, y cultivaran las artes al estilo occidental, la arquitectura, la música, la pintura: “Falta mucho por investigar, pero en buena parte representa la semilla de lo que somos como nación multicultural.”

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