Socialismo fracasado/ Visiones a la distancia   - LJA Aguascalientes
28/05/2022

Tuve la oportunidad de conocer la Unión Soviética en 1988, justo después de la reunión cumbre entre los líderes de los Estados Unidos y la URSS, Ronald Reagan y Mijail Gorbachov para formar el tratado de eliminación de fuerzas nucleares intermedias. Fui testigo del fracaso del socialismo y los gobiernos autoritarios, por eso no creo en esos sueños guajiros de izquierda que se dicen progresistas.

Gorbachov era un reformador obligado por las circunstancias de haber tomado el poder de una súper potencia en quiebra. La “perestroika” era su política de reformas económicas, se comenzó a permitir la propiedad privada y el capital extranjero. En Leningrado (ahora San Petersburgo) ya se comenzaba a ver mucha inversión de finlandeses por su cercanía a través del golfo de Finlandia que era cruzado por ferries en los que cruzaban los autos de lujo hacia esa ciudad. El Estado sovietico reconocía que no podía seguir costeando mediante subsidios la vida de sus ciudadanos, que no se podía sostener un gobierno que era al mismo tiempo empresario, científico, militar, político y hasta deportista.

La “glásnost” acompañaba la estrategia de Gorbachov de apertura económica desde el ámbito político, se trataba de permitir la libertad de expresión en medios de comunicación, se liberó a presos políticos y se permitió conocer verdades que terminaron despertando a la sociedad e impulsando el desmembramiento de la URSS, la independencia de varias de sus repúblicas y por último, el fin de la era comunista en Polonia y la caída del muro de Berlín en 1989, con lo que se consumó la derrota en el mundo occidental, de la teoría marxista como modelo económico y político viable para alcanzar el bienestar del pueblo, aunque en el mundo quedaban aún países con ideología socialista como China en donde se llevaron a cabo revueltas ese mismo año entre el 15 de abril y el 4 de junio cuando ocurrió la masacre de la Plaza de Tiananmen que no llegaron a derrocar al sistema, pero si provocaron que comenzara a abrirse a los mercados internacionales, a la inversión y la propiedad privada posteriormente, aunque no a la apertura política al mantener la hegemonía del partido comunista como órgano único de acceso de los ciudadanos al poder político.

El común denominador del fin de la era socialista en Europa fue que el pueblo tomó el poder por los abusos de la clase política que en su nombre había gobernado con el argumento de brindarles igualdad, seguridad y bienestar, pero nada de eso se alcanzó.

En Latinoamérica la idea romántica de un socialismo inspirado en un Quijote como el Che Guevara y un aparente Robin Hood como Fidel Castro, han sostenido la esperanza de los pueblos pobres e ignorantes de cómo funciona la política y la economía, con lo que se han sostenido dictadores como los Castro y ahora Miguel Díaz-Canel del Partido Comunista de Cuba, Daniel Ortega del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua, Hugo Chávez y Nicolás Maduro del Partido Socialista Unido de Venezuela y Evo Morales del Movimiento al Socialismo en Bolivia quien fue destituido por el pueblo, aunque en 2020 Luis Alberto Arce fue electo por el mismo partido. Todos estos dirigentes y sus partidos son miembros del Foro de São Paulo, al igual que morena, el partido de López Obrador; que el Alberto Fernández presidente de Argentina, electo por el Frente de Todos, una coalición de partido encabezados por el Partido Comunista; Laurentino Cortizo del Partido Revolucionario Democrático de Panamá y Luis Abinader del Partido Revolucionario Moderno, a quienes muy posiblemente se les unirá José Pedro Castillo Terrones del Partido Político Nacional Perú Libre de ideología marxista leninista.

Por eso López Obrador le da la espalda al pueblo de Cuba y apoya al gobierno comunista cubano, por la misma razón que ha brindado su apoyo a Nicolás Maduro y a Evo Morales cuando intentó sostenerse en el poder más allá de su periodo constitucional y lo trajo a México en un avión de la fuerza aérea mexicana cuando el pueblo lo quería arrestar, porque nuestro presidente es fiel al Foro de São Paulo, el grupo de partidos de izquierda latinoamericano fundado por Lula Da Silva, para imponer el socialismo en el continente.

Por ese motivo el presidente de México le ofrece a Cuba alimentos, vacunas contra el Covid-19 y medicamentos, porque le interesa el apoyo que el Foro de São Paulo le va a brindar cuando haga fraude electoral o pisotee los derechos humanos en México. Es más redituable para sus objetivos vacunar a los cubanos que a los mexicanos, por eso donó 450 mil vacunas a Guatemala, Honduras y El Salvador el pasado 24 de junio, que se sumaron a las 400 mil dosis que ya se habían enviado a Belice, Bolivia y Paraguay y a las 800 mil dosis enviadas a Argentina, mientras que en nuestro país se han desfasado muchísimas personas de 40 años que obtuvieron su primera dosis y la segunda aún no les ha sido suministrada dentro de los 21 días requeridos, con lo que esa parte de la población está en riesgo de no obtener la eficacia adecuada y el desperdicio por una pésima planeación que no contempló cuestiones logísticas con el laboratorio Pfizer.

Las protestas en Cuba no son por el bloqueo comercial, ni siquiera por comida, llevan años muriendo de hambre. Las vacunas son la gota que está derramando el vaso del hartazgo. Lo que necesitan los cubanos es libertad, no el fin del bloqueo, necesitan democracia, necesitan internet, ese que les han quitado para que no se organicen para protestar, mientras que en México lo que necesitamos es un presidente, no un líder social que ande apoyando dictaduras.



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