Intransigencia/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
21/10/2021

 Por los pastelazos y cachetadas en que los actores políticos convirtieron el debate público, ha sido imposible hacer una evaluación serena acerca de lo que ocurrió en la reunión más reciente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), ¿fue un éxito, un fracaso, funcionó o fue inútil? No se puede saber, porque de lo que se ha tratado desde la comentocracia es analizar los discursos de los políticos que siguen pensando la realidad política en extremos de derecha e izquierda, de filias y fobias, de personajes antes que en políticas.

Cumbres como la de Celac deberían ser analizadas a partir del propósito para el que fueron convocadas y los resultados a los que se llegaron, pero lo que estuvo en el debate y oculto todo lo demás fue la invitación que el gobierno de México hizo a Miguel Díaz-Canel, dictador designado de Cuba. A partir de considerar con ese cargo al titular del Ejecutivo de la isla, yo mismo abono al ruido, lo sé, pero mi caracterización responde al hartazgo de la defensa de la causa revolucionaria con que se nos quiere convencer de la incapacidad de todos, defensores y detractores, de conocer la realidad cubana.

Sin importar si se habla de la Celac o del discurso de Díaz-Canel durante las Fiestas Patrias mexicanas, cualquier intento por hablar de Cuba, se reduce a la defensa de la Revolución, antes que cualquier consideración se obliga a centrar la atención en lo que ese movimiento revolucionario implicó para el mundo, la enseñanza que dejó, es imposible escapar de ese centro, porque la rebeldía furibunda de Castro debe ser considerada el fundamento de todo lo que pase en la isla, sin importar que la victoria de los castristas haya sido en 1959.

Se defiende un ideal juvenil y su victoria, para defender la dictadura cubana, la restricción de los derechos a los habitantes de la isla o las condiciones en que siguen escapando de la isla sus habitantes, todos los que no coincidimos nos vemos obligados a defender el ideal revolucionario, se nos tacha de conservadores por no considerar que Castro colapsó la dictadura batistiana en nombre de la Revolución.

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, dijo Salvador Allende en 1972, está bien creer eso y ser intransigentes con lo que no nos gusta de nuestra realidad, convocar a una revolución es el primer paso para participar de la vida pública y política, querer cambiar el estado de las cosas, una vez iniciada la revuelta se consolida en revolución y, cuando triunfa, se debe aterrizar en el propósito del bien, individual y colectivo, con lo de contradicción biológica Salvador Allende se refería al impulso que requiere poner en marcha esa lucha, una que solo la madurez sabe que debe poner un punto final, reconocer su victoria y, a partir de ahí, construir.

La revolución sin propósito es un movimiento sin fin que en el imaginario produce héroes y gestas increíbles, una revolución sin el ánimo de establecer un nuevo orden, se queda en eso, en intransigencia, en caos.

Coda. De nuevo Alain Finkielkraut: “¿Hay que llegar a la conclusión de que nos hemos convertido en responsables o de que hemos sido, empleando otra de las grandes palabras de los tiempos contestatarios, recuperados? ¿Hemos seguido al incorporarnos a la vida activa, la vía lamentable de la normalización? ¿se han dejado domesticar aquellos jóvenes furibundos que éramos o se han vuelto más razonables? ¿Hemos crecido o hemos pactado? ¿Lo que hemos perdido, por decirlo en pocas palabras, han sido nuestras ilusiones angelicales o nuestra hermosa intransigencia?

@aldan


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Edilberto Aldán
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