Callarse/ Bajo presión - LJA Aguascalientes
25/06/2024

A partir de las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha desatado el discurso de odio, sacerdotes que llaman a matar a las mujeres para que no estorben, fanáticos gritándoles asesinas por no compartir su fe, leguleyos asustando con una conspiración de la ideología de género, politiquillos que por interés personal se persignan en contra de la ley, conservadores arengando a la masa a partir de las mentiras e intentando abusar de la ignorancia, sembrando el miedo.

En un artículo reciente, Jesús Silva-Herzog Márquez se refiere a los puritanos y cita la carta de renuncia a su cátedra del filósofo Peter Boghossian, en ella indica que a los estudiantes de la universidad no se les está enseñando a pensar, “Se les enseña a arremedar las certezas morales de los ideólogos. Se ha instaurado de ese modo una cultura universitaria temerosa, una cultura en la que estudiantes y profesores tienen miedo de hablar con naturalidad, con soltura y valentía. Se ha impuesto una ortodoxia, si no es que una tiranía de resentimientos”, y señala que las primeras víctimas de ese puritanismo serán las universidades, los diarios, los museos, las revistas… los sitios desde donde tendrían que provenir los argumentos para eliminar los discursos de odio.

Reconocer las desigualdades, desventajas y violencias a las que sistemáticamente hemos sometido los hombres a las mujeres no es una tarea sencilla, pero es una obligación trabajar para generar la igualdad de oportunidades que merecemos como sociedad, en un ambiente puritano como el que priva en este momento, se torna cada vez más difícil generar los diálogos necesarios para reconocernos gracias a la tiranía de resentimientos. Ante la dificultad de generar esos espacios de conversación, algunos ceden al silencio, como una manera sencilla de evadir la reflexión, prefieren callarse y así conceder antes que analizar. Los que se dicen aliados usan esa estrategia depredadora para ser aceptados; pero también los conservadores abusan de esa atmósfera para que su discurso gane terreno, para cosechar el triunfo de su visión moral.

Los retrógradas son capaces de elaborar teorías simplistas de la conspiración, lo han hecho para justificar el horror nazi, las matanzas en nombre de un dios, la táctica siempre es la misma, acaparar la atención con su discurso descalificador, implantar el miedo sin el mínimo respeto a la lógica y a las personas. Los conservadores no se detienen en las descalificaciones, desde cualquier tribuna, en nombre de la vida y la religión, desacreditan e insultan, nada los detiene.

Al arremedar las certezas morales de los ideólogos, una parte de la población acepta quedarse callado porque el aborto legal es un tema de las mujeres, incluso hay quien en nombre del respeto difunde como buen aliado ignorante, que si no se tiene útero no se puede opinar, y al propagar esa idea se concede a poner en consulta los derechos, generando el efecto contrario de lo que supone se quiere lograr.

No están solas, gritan las mujeres organizadas, en los hechos, la opinión pública, la sociedad sí las está dejando a su suerte, optamos por callarnos ante el embate de los imbéciles que propagan el odio, porque no asumimos que esta es una lucha cuyos resultados nos beneficiará a todos. El silencio sumiso que se disfraza de apoyo sólo consigue que nada detenga las arengas descalificadoras, y ellos, los que odian en nombre de un dios, avanzan sin obstáculos por ese camino.

Será ley, en beneficio de todos. Será ley, sólo si aprendemos a no callarnos.

Coda. El artículo de Jesús Silva-Herzog Márquez citado finaliza así: “Conversar con quien piensa distinto, dedicar un tiempo para considerar sus argumentos es visto como una traición imperdonable”, no lo es, callarse ante el embate de los retrógradas, sí.

 


@aldan


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Edilberto Aldán
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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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