Entrevista a Fernanda Melchor, sobre Páradais Un retrato del infierno mexicano - LJA Aguascalientes
19/10/2021

A las mujeres también nos han educado en la misoginia, nos han educado para no ser solidarias con las mujeres, con nosotras, se nos ha educado para considerar, inconscientemente, que ser hombre sigue siendo lo mejor.

Páradais es un fraccionamiento cerrado, de lujo, enmarcado dentro de sus murallas, con sus jardines hermosamente cuidados por sus jóvenes jardineros, en donde las familias más prestantes del puerto pueden vivir su paraíso privado, alejados de las miradas incómodas de los menos favorecidos, del pueblo. Un microuniverso, en donde se desarrollará un terrible crimen en contra de una de las familias más hermosas del estado. Páradais es una trampa, pero también un reflejo de las obsesiones de dos jóvenes separados por una enorme brecha social, pero que comparten obsesiones por la violencia, obsesiones alimentadas por la frustración, la incertidumbre: Polo y Franco. Dos jóvenes que el destino han puesto juntos, pero que sólo comparten la necesidad de huir, la necesidad de lastimar. Dos jóvenes que sean cómplices de un crimen absurdo, lleno de resentimiento y de búsqueda de identificación Un crimen que los hermana, pero que, al mismo tiempo, marcan las terribles diferencias sociales que los separan. Porque Polo y Franco pertenecen a dos universos distintos, aunque estén hermanados por la frustración, el odio y el rechazo. El primero no vive dentro del paraíso, sólo es el jardinero, el joven que limpia las cacas de los perros, la basura que los dueños del paraíso dejan tiradas para que alguien más la recoja. Franco, por el contrario, es el niño odiado de una familia privilegiada. Obeso, obsesivo, mimado, irresponsable, Franco será el dedo que le indique a Polo como salir de ese universo asfixiante en el que vive: El asalto a la casa de una familia vecina en donde la madre lo deslumbra con su belleza perfecta.

Páradais, publicada por la editorial Literatura Random House, es la más reciente novela de la escritora mexicana Fernanda Melchor (Veracruz), autora de las novelas Falsa liebre (2012), Temporada de Huracanes (2017) y del libro de crónicas Aquí no es Miami (2013) y coguionista de la serie de Netflix, Somos (2021).

Autora con una prosa cruda, que sabe retratar como pocos, las terribles desigualdades sociales de nuestro país, y la frustrante realidad de muchos jóvenes, que viven entendiendo que su vida vale por lo que tienen, no por lo que puedan dar u ofrecer. Páradais retrata una violencia cruel pero compleja al mismo tiempo. La violencia en la que viven, sobreviven, cientos de jóvenes que no tienen nada, pero que al mismo tiempo, “conviven” con los que lo tienen todo. Pero al mismo tiempo, es una novela, en la que se nos retrata la terrible cotidianidad de la violencia contra las mujeres de nuestro país. Porque Páradais es en realidad un retrato del infierno mexicano.

Conversamos con la autora, quien estuvo nominada en el 2020 al Booker Prize, uno de los premios literarios más importante de la lengua inglesa:

Javier Moro Hernández (JMH): Me imagino que fue muy complicado iniciar una novela que fuera completamente distinta a Temporada de Huracanes.

Fernanda Melchor (FM): Temporada de Huracanes se está moviendo de una forma increíble, se está vendiendo muy bien, cañón, y al final es todo escritor quiere para sus libros. Se está traduciendo a varios idiomas; al inglés, al francés, al alemán y al sueco. Pero, por otro lado, si fue muy difícil. Pero al mismo tiempo no, porque me sentía más en control, ya me sentía preparada para hacer exactamente lo que yo quería hacer. Fue difícil encontrar la concentración para lograrlo. Porque todo alrededor; los premios, los elogios, son muy bonitos, pero pesan. Uno tiene miedo de no estar a la altura, y me preocupaba porque pensaba que los lectores podrían querer algo en ese sentido. Pero quería hacer algo distinto. Cuando descubrí que lo que yo quería escribir la historia de Páradais, que es una historia que había empezado a escribir desde antes de Temporada, también me decía a mí misma: “otra vez estoy escribiendo sobre adolescentes furiosos, otra vez estoy escribiendo sobre Veracruz, sobre violencia”. Pero me di cuenta de que eso era lo que yo quería escribir, eso es sobre lo que yo necesito escribir. Pero llegar a mi propio convencimiento de mi propia voz me tomó un rato para poder liberarse de las presiones, pero cuando me encarreré con él, fue un libro que disfruté muchísimo escribir, Temporada fue un libro que emocionalmente me costó mucho más trabajo.

JMH: Tienes estas tres líneas que mencionaste: Veracruz, adolescentes furiosos, violencia, pero el tono es muy distinto y creo que la búsqueda estilística es distinta.

FM: En apariencia es distinto, porque si hay ciertas filiaciones estilísticas, que forman parte de un estilo, por ejemplos los párrafos largos, el lenguaje crudo coloquial, pero quería que Páradais fuera una novela que se construyera con muchísimas imágenes, que tuviera una calidad imaginativa muy fuerte y para todos los sentidos, quería que fuera como un bombardeo a los sentidos, a la imaginación del lector, que fuera muy concisa, mucho más que Temporada, en donde la historia avanza por acumulación de testimonios, es una espiral que se va cerrando, círculos concéntricos para llegar al corazón de un crimen, el de La Bruja. Aquí en Páradais quería algo mucho más directo, quería atravesar esa espiral, no quería concentrarme en todos los personajes, sino más bien crear una voz que pudiera ir de un personaje a otro y de regreso, y de un escenario a otro y de regreso. El juego era mucho más sencillo, en el sentido de que son dos escenarios, son dos personajes principales, la polarización era parte del tema, personal y social, pero también parte del juego de espejos deformes, hay un juego de ping pong entre dos realidades.

JMH: Páradais funciona a partir de un ambiente más asfixiante, justo porque estamos dentro de la mente de Polo, de sus frustraciones, de sus sueños. Además, sabemos que va a suceder algo, que supuestamente es culpa de Franco, el chico privilegiado.

FM: Eso es lo que quiere Polo creer, y eso nos dice, pero eso te permite darte cuenta de que estamos encerrados en una mente, que está desesperada por escurrir el bulto, Ese es otro tipo de violencia de la que quería hablar. Por supuesto quería hablar de la violencia directa contra las mujeres, en este caso dirigida en contra de una familia, una violencia con un componente sexual muy fuerte. Pero también quería indagar en el tema de una violencia que no tiene que ver solamente con lo físico, no es la violencia del feminicidio o del narco, que sí están presentes, sino también quería indagar una violencia más soterrada, más escondida, que tiene que ver con la violencia naturalizada a la que sobrevive Polo, con lo normal que es considerar a las mujeres como objetos, seres a los que hay que dominar, seres con los que uno está en guerra. Era algo muy sutil que me interesaba abordar, porque las otras violencias más espectaculares dominan la conversación pública porque son más impactantes, pero el discurso misógino está muy arraigado en lo cotidiano, y no lo vemos. Entonces una parte de dedicarme a seguir los pensamientos, la vida interior de un muchacho que es profundamente machista, que considera a las mujeres como objetos, que cree que su vida está arruinada porque él siente que las mujeres lo dominan. Era algo de lo que quería hablar, lo quería poner en el papel para impactar al lector, un poco para que reconociera esta violencia en él. Creo que la literatura tiene la enorme capacidad de ponernos en la mente de otras personas, y cómo lo estamos viendo en el otro, lo podemos reconocer en nosotros muy fácilmente.

JMH: Las imágenes que Polo nos da de las mujeres es el de las opresoras, por decirlo de alguna manera, su mamá y su prima. Y por el otro lado, el de las “muñecas de aparador” que son las vecinas de Paradais. Hay unas descripciones que son muy violentas, pero es que justamente es la forma en cómo “vemos” a las mujeres, los hombres.

FM: A la mejor son pensamientos que no reconoceremos, y me incluyo, porque creo que a las mujeres también nos ha educado en la misoginia, nos ha educado para no ser solidarias con las mujeres, con nosotras, se nos ha educado para considerar, inconscientemente, que ser hombre sigue siendo lo mejor. A mí me preocupa mucho, porque es algo que veo todo el tiempo, en todas partes, cómo persiste, a pesar de la educación, a pesar de que muchos medios han tomado conciencia de su lenguaje, a pesar de los grandes avances que hemos tenido en materia de igualdad, a mí me impresiona seguir viendo que muchos hombres ni siquiera consideran que las mujeres seamos seres humanos. El trato que se nos da, los pensamientos en torno a nosotras hacen vernos como seres de segunda categoría. Esto lo escuchamos en la calle, en el parque, a los políticos, está en todas partes.

JMH: Me interesó mucho el tema que mencionaste sobre el ping pong mental entre Polo y Franco, porque justo se están alimentado. Hay una parte en donde Polo dice que nunca pensó que Franco estuviera hablando en serio. Pero pareciera que están alimentado su violencia y sus fantasías violentas entre los dos.

FM: Me llama mucho la atención la idea de que todos en nuestras cabezas hemos sido capaces de las violencias más espantosas, algo que es totalmente natural y humano, en el momento en el que sentimos frustración, enojo, coraje, queremos destruir a las personas en nuestras cabezas. A veces me da un poco de risa cuando me preguntan cómo soy capaz de meterte en la mente de estos dos muchachos. Muchas personas no pueden lidiar con estas fantasías y las bloquean. Pero los seres humanos somos capaces de una crueldad tremenda. Pero ¿cuál es el punto en el que está violencia pasa de ser imaginaria a concretarse? Es algo que siempre me ha intrigado: ¿Cómo fue capaz un muchacho de asesinar y otro muchacho no? ¿Qué hay ahí? ¿Cuáles son las cosas que desencadenan que de una fantasía se pasará a la acción? ¿Es una línea que se cruza? ¿Es una palabra, tal vez completamente desligada, que alguien dice en un momento particular? ¿Es un proceso? En el caso de Polo y Franco quería abordarlo en colectivo, pensando en cómo sucede esto cuando son dos personas las que están animando, dando coba mutuamente. Estoy segura de que solos no hubieran hecho nada. Es parte de la dinámica; uno riéndose de él, pero escuchándolo, y alimentando las fantasías, y el otro propiciando, estableciendo un plan y aprovechándose de la enorme necesidad de Polo, la enorme insatisfacción de su vida y de las condiciones tan desesperadas en las que vive. Era justamente explorar cómo podía darse esta relación. En la novela la respuesta es que es una suerte de proceso, en el que tiene que pasar muchas cosas. Y aun así me atrevo a decir que, hasta el último momento, en el fondo, por ser tan jóvenes, no se lo estaban tomando tan en serio, hasta cierto punto era como que estaban jugando.

JMH: Polo es un chico que se la pasa responsabilizando siempre a alguien más: a su mamá, a su prima o a Franco. Me parece muy interesante esta forma de eludir la responsabilidad. Aunque sí, es cierto, vive en unas condiciones muy duras, muy complejas.

FM: Creo que algunos lectores se han ido con la finta con lo que Polo les cuenta o lo que se cuenta desde Polo. Lo que yo traté de hacer es construir un discurso machista y al mismo tiempo victimista, o sea cobarde, vamos a decirlo, que rehúye toda responsabilidad, pero que al mismo tiempo que se evidencia su cobardía, sus autoengaños, sus justificaciones, bastante infantiles. Este fue uno de los retos más grandes de la novela, que es la construcción en paralelo, es decir, cómo hacer para ponernos del lado de un personaje, pero al mismo tiempo evidenciar sus defectos.

JMH: Por otro lado, Franco tiene estas fantasías, esas obsesiones, pero sus condiciones sociales de Franco, le permiten ser un irresponsable, que se sabe impune.

FM: Es muy distinto y esa es una de las cosas que más me inspiraron para construir esta novela, fueron varios casos reales. El caso de Los Porkys en Veracruz, que violan a una chica y después escapan prácticamente de la justicia. El caso de La Manada en España, el asesino de Cumbres en Monterrey también es un caso en donde habla algo muy difuso, y que ganó mucha notoriedad, porque fue un asesinato cometido por un muchacho que aparentemente lo tenía todo. Hay varios casos que involucran a hombres muy jóvenes, privilegiados, que vienen a desbancar esa relación que hacemos entre pobreza y violencia. Siento que esa relación la había manejado en Temporada de Huracanes, inconscientemente, porque no creo que haya esa relación entre pobreza y violencia, tiene que ver con otras cosas, tiene que ver con un impulso de autodestrucción, porque una persona que comete un acto tan terrible como el que comente Franco y Polo, son personas que se odian a sí mismas, hay una necesidad de autodestrucción que los impulsa. 

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