Las siete hijas de Eva, el lugar de la mujer en el mundo. Parte 1 La teoría/ Origami  Las siete hijas de Eva, el lugar de la mujer en el mundo. Parte 1 La teoría - LJA Aguascalientes
21/05/2022

 

De cómo las madres heredan la vida, literalmente, a través del ADN mitocondrial

 

Érase una vez en la tierra, en los océanos del eón Arcaico, hace dos mil 500 millones de años, había una célula primitiva y sencilla llamada arquea, incapaz de evolucionar en una atmósfera cambiante, provista cada vez con más oxígeno, carecía de la maquinaria necesaria para procesar ese gas. Ésta célula, se “tragó” a una bacteria, que también era primitiva y sencilla, que a diferencia de la primera, sí era capaz de procesar el oxígeno pues tenía en su interior una tipo de ADN diseñado para esa función. Pero aunque aquella célula “se tragó” a la bacteria, nunca llegó a digerirla y esta bacteria siguió viviendo en su interior, dando origen a una relación simbiótica entre la célula hospedera y la bacteria en la que se volvieron mutuamente necesarias para sobrevivir.

Aquella célula primitiva tenía su propio material genético contenido en un núcleo, su ADN nuclear, era capaz de producir poca energía, suficiente para sobrevivir, pero no para evolucionar. La bacteria que fue ingerida por la célula primitiva, se convirtió en la mitocondria de la célula, provista de su ADN, que una vez dentro de la célula constituye el ADN mitocondrial, y le dio a la célula la capacidad de “respirar”. La respiración aeróbica es el proceso por el cual la célula utiliza el oxígeno para transformar los azúcares en grandes cantidades de moléculas de energía. Ésta célula nueva llamada “eucariota” tuvo la capacidad y la energía para multiplicarse y diferenciarse, y así dar origen a los organismos multicelulares, a todos los demás reinos, y entonces, comenzó la vida “compleja” en la tierra.

Nuestras células, están provistas de un ADN nuclear, que nos da las características de cada especie, y de un ADN proveniente de aquella bacteria, el ADN mitocondrial, responsable de la respiración celular.

 

La importancia del ADN mitocondrial

El espermatozoide ha fecundado el óvulo, pero para poder entrar ha tenido que desprenderse de su cola y del resto de la célula, incluyendo sus mitocondrias. El óvulo sólo permite que en su interior penetre el núcleo del espermatozoide, que lleva la información genética del padre contenida en su ADN nuclear, mientras, el óvulo se conserva intacto como célula. Por ese motivo, en el nuevo ser intervienen los núcleos de ambos padres, pero solamente existen las mitocondrias de su madre, presentes en el óvulo. De esta manera, todos los individuos heredamos nuestro ADN nuclear del padre y de la madre, pero nuestro ADN mitocondrial proviene solamente de la madre.


Así entonces, por medio del ADN mitocondrial intactamente heredado, por línea materna, se puede seguir el hilo ascendente de nuestra madre ancestral.

Dado que el ADN mitocondrial está sometido a mutaciones, como el resto del material genético, cuantas más diferencias existan entre el ADN mitocondrial de dos individuos, más lejos se encontrará su antepasado femenino común. Se ha encontrado que este ADN muta en la humanidad aproximadamente cada 10 mil años.

De este modo, analizando el ADN mitocondrial de los actuales habitantes del planeta se puede establecer un árbol femenino de relaciones genéticas. El análisis del ADN mitocondrial nos ha permitido seguir nuestro linaje hasta el pasado remoto, mucho más allá del alcance de los registros escritos o las inscripciones en piedra.

En el mundo existen alrededor de 36 clanes femeninos. Según el Dr Bryan Sykes, profesor de Genética de la Universidad de Oxford, en el caso europeo, hay siete clanes femeninos principales cuyas fundadoras vivieron desde hace unos 45 mil años hasta hace unos ocho mil 500 años. El Dr Sykes llama a estos siete ancestros, las siete hijas de Eva, ellas son:

1) Úrsula, vivió hace 45 mil años en el norte de Grecia. El 11 por ciento de la población europea pertenece a su clan que se diseminó por Europa cazando con armas de piedra. Al acercarse al período glacial sus descendientes emigraron al sur, siendo abundantes en el oeste de Gran Bretaña y Escandinavia.

2) Xenia, habitó hace 25 mil años en el Cáucaso, zona montañosa cercana al mar Negro. Ante la glaciación, se dispersaron por Europa y emigró a América. El seis por ciento de los europeos descienden de ella, desde Europa Oriental a Gran Bretaña.

3) Helena, sus descendientes son los más numerosos en Europa. Se estableció hace 20 mil años. Proveniente de los cazadores que vivieron cerca de los Pirineos, en el límite entre Francia y España. Descienden de ella el 47 por ciento de los europeos.

4) Velda, vivió hace 17 mil años en Cantabria. Al término del período glacial, sus descendientes emigraron al norte y alcanzaron la parte más septentrional de Escandinavia. Después se mezclaron con nómadas de Rusia, Finlandia y Noruega. El cinco por ciento de los europeos son sus descendientes.

5) Tara, vivió en la Toscana italiana hace 17 mil años. Al templarse el clima, su descendencia cruzó Europa y el Canal de la Mancha, y pobló Irlanda. El nueve por ciento de los europeos pertenecen a su clan, especialmente en el Mediterráneo occidental, oeste de Gran Bretaña e Irlanda.

6) Katrine, habitó en las cercanías de Venecia hace 15 mil años. Su dieta estaba basada en el pescado. Sus descendientes eran cazadores. Son los actuales pobladores de Los Alpes. El seis por ciento de los europeos son sus descendientes.

7) Jasmine, nació hace ocho mil 500 años en Siria después del período glacial. Ante la abundancia de caza menor, su clan fue el primero en dedicarse a la agricultura y tener hábitos sedentarios. El 17 por ciento de los europeos descienden de ella, especialmente en la península ibérica, Gales y oeste de Escocia.

Estas siete mujeres debieron realizar algo sorprendente en su vida para haber variado los genes con los que nacieron y transmitirlos a sus descendientes. Casi todas vivieron durante la Gran Era Glacial, donde el frío era extremo. Entonces el hielo cubría Europa de tal manera que se podía caminar desde las Islas Británicas hasta Escandinavia y Europa continental.

El profesor Sykes también postula que si el ADN mitocondrial muta aproximadamente cada 10 mil años, y el último cambio se dio hace ese tiempo, ¿estamos ante las puertas de un nuevo cambio en los genes? ¿Puede haber hoy mismo una mujer excepcional que está mutando sus genes? ¿Puede haber comenzado ya una mutación en cadena para toda la humanidad?

Dice el profesor Sykes en su libro Las siete hijas de Eva que: “Después de todo, no sin un halo de misterio, no se trata de una simple sustancia química, sino del más precioso de los regalos”.

El origen de nuestra vida, entendida a través de la fusión de una célula primitiva y una bacteria, y la supervivencia de ésa célula a través de la respiración mitocondrial, heredada de nuestra madre, parece una mágica historia de romance, pero… sí lo es, es la historia del amor entre la madre naturaleza y sus hijos, de la herencia de la “respiración de la vida” que cada hembra regala a su descendencia.

A título personal, consideramos que, para quien quiera que sea el responsable en el universo de tomar las decisiones de la vida, las hembras somos seres especialmente supremos, pues nos ha encomendado la sublime labor de ser el mensajero-portador del código binario de la vida, en una pequeña cajita llamada mitocondria, y el mensaje se llama ADN mitocondrial.

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