Lecciones de esta pandemia (II)/ El peso de las razones  - LJA Aguascalientes
24/10/2021

Antes de esta pandemia debimos estar preparados, antes de la siguiente debemos estarlo. La semana pasada indicaba hacia el final de la columna que la inversión constante en ciencia es clave: para Salvador Macip, de hecho, una de las razones por las cuales no pudimos hacer frente de manera más rápida a esta crisis se debió a la cancelación del financiamiento a la investigación en coronavirus que se inició con el primer brote de SARS. Los tiempos de la investigación científica escapan a los tiempos de la lógica electoral.

De manera adicional, antes de una pandemia debemos cerrar la brecha entre la comunidad científica y la ciudadanía: debemos, en otras palabras, integrar mejor la ciencia en la sociedad. Este es un tema al que la filosofía de la ciencia le ha dado importancia en las últimas décadas: debemos refinar y ampliar la capacidad de respuesta mutua entre legos y expertos. Para ello, se requiere mejorar la educación y formación científica de las personas, explicar de manera clara y puntual lo que realmente se sabe y lo que no, así como incentivar la divulgación científica tanto en las escuelas como en los medios de comunicación. Estas medidas deben pensarse y diseñarse para mediano y largo plazo, pues no hay una solución inmediata. De mi parte, quisiera añadir que muchas instituciones nacionales y regionales de ciencia y tecnología no brindan los incentivos adecuados para que quienes investigan divulguen y democraticen el conocimiento; y los medios de comunicación caen en una trampa que ya ha sido estudiada con detenimiento: en aras de una mitológica neutralidad, brindan los mismos tiempos y espacios a quienes disponen del conocimiento científico relevante que a quienes fabrican, por ejemplo, teorías conspiranoicas y sirven a los intereses negacionistas de algunas empresas o estados.

También es importante involucrar a la ciudadanía en la gestión de la crisis. Para Macip: “Las decisiones las deben tomar los políticos en representación del pueblo, pero deben hacerlo debidamente informados. Es necesario que cada gobierno disponga de un comité de expertos independientes, integrado por un grupo amplio de científicos de todos los ámbitos y sensibilidades que proporcionen las respuestas necesarias con rapidez. Los políticos deben dejarse asesorar por los que saben del tema en cuestión, y los que saben del tema tienen que estar bien identificados y permanentemente de guardia: deberíamos instaurar el concepto de un consejo asesor dispuesto a activarse cuando sea necesario” (pp. 29-30). Aquí surgen dos problemas. Por un lado, el gobierno debe ser capaz de identificar a los expertos, lo cual no siempre es sencillo y no pocas veces dicha identificación se politiza. Por otro lado, debemos estar atentos a que la asesoría científica que reciben los gobiernos no se personalice: los comités de expertos deben ser amplios y lo más plurales o heterogéneos posibles, por la sencilla razón de que esta pluralidad puede minimizar los errores, los sesgos y los prejuicios: lo que es necesario es consensuar opiniones de un grupo lo bastante numeroso de personas, para minimizar el riesgo de seguir la estrategia equivocada. Deben ser independientes y que puedan tomar decisiones de manera ponderada, sin dejarse influir por las presiones políticas. Deben ser visibles y saber ganarse la confianza del público” (p. 31).

Por último, una de las mejores maneras de prepararse ante una eventualidad como la que hoy vivimos tiene que ver con la puesta a punto de todos los servicios de salud, que para Macip deben ser resilientes. La falta de preparación que muestran la mayoría de los sistemas de salud nacionales durante esta pandemia se muestra en la falta de camas, de equipamiento y de personal. Así, una preparación adecuada de nuestros sistemas de salud no sólo debe fortalecer la capacidad de asistencia primaria para que los hospitales asuman incrementos inesperados de pacientes, para aumentar el número de camas disponibles en los hospitales y para fabricar equipamiento necesario. También se deben fortalecer los recursos humanos: “Tenemos que pensar también en los profesionales que mantienen el sistema en funcionamiento. Hay que reconocer el esfuerzo sobrehumano que hace el personal sanitario en momentos de crisis. Es importante que sean suficientes, que estén bien valorados y, sobre todo, bien remunerados” (pp. 32-33).

La manera de fortalecer los recursos humanos, piensa Macip, tiene varias aristas: (1) dado que las pandemias se presentan en oleadas, no se debería agotar la energía de los profesionales en la primera oleada; (2) se necesita suficiente personal de repuesto; (3) se debe instituir una reserva para los trabajos que requieren menor especialización; y (4) dado que el personal de salud corre mucho mayores riesgos de enfermarse, se debe prever esto y se deben tener medidas listas para evitarlo.

También se debe poner atención en la producción y distribución de fármacos, en especial las vacunas, pues suelen estar en manos del sector privado. Por ello, resulta necesaria, primero que nada, una capacidad de producción base. Además: “En la preparación para posibles pandemias se debería incluir una distribución más racional de las fábricas de las farmacéuticas, a fin de evitar la concentración en algunos territorios. La geografía es importante: suele ocurrir que las primeras dosis que se fabrican en un país se distribuyen allí mismo. Esto quiere decir que los que no tienen capacidad de producción tienen que esperar su turno. Sería más conveniente que estos recursos estuvieran bien repartidos, y eso incluye tanto una buena previsión de los gobiernos antes de cualquier crisis como incentivos adecuados a las multinacionales para que establezcan centros productores en zonas nuevas” (pp. 34-35).

Todavía estamos lejos de superar la crisis actual. Pero de lo que podemos estar seguros es que habrá otras, quizá mucho más delicadas, para las que debemos estar preparados. La lógica de la previsión sanitaria no es paralela a la lucha electoral por el poder. Lo primero que debemos hacer, y hacerlo de inmediato, es despolitizar la emergencia actual. Agregaría que se necesita de manera urgente un consenso global (o, al menos, regional) que nos permita afrontar las crisis venideras. El conocimiento lo tenemos, lo que hace falta es que las políticas públicas y las decisiones se tomen con base en dicho conocimiento.

La siguiente semana termino con la última entrega de esta serie, en la que mucho tiene que decirse aún sobre lo que debemos hacer durante la crisis (que todavía está en marcha) y después de la crisis (que deseamos que no se extienda mucho más).

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